EPÍSTOLA A SARAMAGO

A ti, amigo José Saramago, tierno, profundo, cuestionador, honrado, inflexible con la maldad, la injusticia y la vacuidad, te escribo esta carta, estés donde estés, en la seguridad de que más pronto que tarde nos veremos. Allá, habrás notado, que la muerte no me da miedo, porque es sólo un tránsito hacia algo que deseo profundamente por su plenitud. Como decía Andrés Segovia (creo): “Señor, déjame aquí un poco más, porque aunque en el cielo se esté muy a gusto, como en la casa de uno…”

Te conocí a finales de los años 90, cuando publicaste “El Evangelio según Jesucristo” tildado por el integrismo católico de hereje. Hoy, pasándome por la gónadas, las afirmaciones de algunos adoctrinados y seguidores de la indecencia y el desamor, miren que me apetece reproducir algo de este hombre, en la eterna búsqueda, porque yo soy un buscador, como él, con las diferencias consabidas, no en la eterna búsqueda, sino en su calidad humana y literaria que tuvo en esta vida.

Cuando uno se desnuda sin pudor en el Amor y lo hace públicamente, las jocosidades de algunas almas perdidas, le resbalan como las gotas de agua en un cristal tras una intensa tarde de lluvia. Sólo le producen una hilaridad lúgubre. Acaso esas almas perdidas, de seres lúgubres, que también tienen alma, pero no lo saben, porque no han tenido la suerte de descubrirla, puedan llegar un día a descubrirla y desterrar esa pobreza moral, espiritual, esa pobreza de aquellos seres oscuros que viven en las tinieblas de las carencias del Amor, del desafecto, de la inmensidad y eternidad de su yo. Es el viejo problema de los afectos: ¡Cuántas veces quise decirte Te Quiero y no lo hice! Expresa el Gran Gabo. Y Saramago habla así, a modo se Zaratrusta, sentenciando, pero ofreciendo…. Y es que tenemos miedo de ser nosotros mismos, para nosotros y los demás, prisioneros de no sé cuantos miedos interiores, que como en los cuentos, nos auto fabricamos.

“ ¿Que cuántos años tengo?

¡Qué importa eso ! ¡Tengo la edad que quiero y siento! La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido…Pues tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos. ¡Qué importa cuántos años tengo! ¡No quiero pensar en ello! Pues unos dicen que ya soy viejo, y otros que estoy en el apogeo.

Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino  lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte. Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos. Ahora no tienen por qué decir: ¡Estás muy joven, no lo lograrás!… ¡Estás muy viejo/a, ya no podrás!…

Tengo la edad en que las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo.
Tengo los años en que los sueños, se empiezan a acariciar con los dedos, las ilusiones se convierten en esperanza.

Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada.

Y otras… es un remanso de paz, como el atardecer en la playa.
¿Qué cuántos años tengo? No necesito marcarlos con un número, pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, las lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones truncadas… ¡Valen mucho más que eso!
¡Qué importa si cumplo cincuenta, sesenta o más! Pues lo que importa: ¡es la edad que siento!
Tengo los años que necesito para vivir libre y sin  miedos. Para  seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos.

¿Qué cuántos años tengo?. Eso… ¿A quién le importa?
Tengo los años necesarios para perder ya el miedo y hacer lo que quiero y siento.
Qué importa cuántos años tengo, o cuántos espero, si con los años que tengo, aprendí a querer lo necesario y a tomar, sólo lo bueno”.

Yo, cada día que me levanto, doy gracias a Dios por un nuevo amanecer y le pido una muerte pronta hacia tanto vacío existencial, que a veces experimento en esa búsqueda. Una búsqueda que cuesta, vaya si cuesta. Pero ese esfuerzo y esas espinas en la busca, no me van a doblegar.

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