Ya eres una mujer adulta, has madurado como ser humano, aunque siempre fuiste madura.
Desde tu más tierna infancia, has sido una hija ejemplar y hoy quiero proclamar a los cuatro vientos cuánto te quiero, porque eres una mujer con la sensibilidad suficiente para hacer vibrar a quien te conozca.
Tienes 32 años y recuerdo cuando en el momento de tu Primera Comunión, decidiste ponerte un vestido de normal de calle. Recuerdo también cómo una niña de tan sólo 10 años, convencida de que no querías dar religión en el colegio, tuviste que soportar el rechazo de tus compañeros, el cura y algunos maestros, al ser la única que optó por ello, pues pensabas que tu hogar, era el lugar idóneo para hablar de Dios y esas cosas, porque sabías de las creencias de esta casa. También recuerdo, cuando te sacaban sangre y no llorabas ante el analista, y cómo después, a solas con nosotros, echabas una lágrima diciendo: “que sepáis que me han hecho daño”.
De la educación que te hemos dado, yo saco algunas conclusiones.
Una, tu fuerza ante la adversidad y tú has tenido muchas y muy fuertes adversidades, digo yo que será de herencia.
Otra, la solidaridad para con las personas, el cariño a tus hermanos y a tus padres, la voluntad y el espíritu de sacrificio, para llevar dos carreras a la vez y tu generosidad para con todos.
Tienes una fuerte personalidad, qué duda cabe; pero tu ternura fluye en ti en los momentos más inesperados y nos derrites a todos. Y gracias a tu postura tenaz frente a la vida, vas subiendo escalones, poco a poco, sin prisa, sin pausa, haciéndote más mujer, mejor ser humano.
Sabes sobradamente, que a nosotros, tus padres, siempre que en la mesa (el mejor sitio para hablar una familia, ¿verdad?), han salido los temas de honestidad personal, de respeto al otro, de la adquisición de una escala de valores, de ser consecuentes con lo que se piensa, hemos inclinado la balanza hacia este lado, frente a los triunfos y reconocimientos sociales, al estar bien vistos, a la pura ceremonia del agrado y del lisonjeo, a la banalidad, escondido todo ello tras posibles falsas actitudes.
Te hemos educado en la no ira, la no violencia, la no venalidad y hemos tenido la suerte de que nos has respondido más que bien.
Días atrás tuvimos una conversación que ya habías tenido antes con mamá en la que me decías lo feliz que te sentías por ver cómo nos queríamos mamá y yo tras 36 años de matrimonio.
Te dije que todos los matrimonios, todas las parejas, tienen sus momentos álgidos y sus momentos bajos, a veces muy duros. Que tu madre y yo habíamos sufrido mucho en lo personal y en lo social, a veces rechazados por todos, y cuando digo todos, quiero decir todos.
Que muchas veces, como matrimonio, hemos tenido desencuentros, muy fuertes, pero la cimentación de nuestro amor estaba bien echada y por tanto hemos sabido aguantar todas las tempestades que se nos han venido encima, que no han sido pocas.
Recuerdo cuando celebramos las bodas de plata en la misma Parroquia, el mismo sacerdote, pero ya con nuestros hijos como padrinos de boda, y cómo tú a instancias del sacerdote, te situaste en el centro del altar para hablar de tus sentimientos hacia nosotros y cómo las lágrimas y la emoción te impidieron seguir hablando.
Hija, eso es querer, síguenos queriendo así, quiere así a la gente, pues es lo que a la postre te vas a llevar de esta vida, las manos llenas de amor a los que quieres y de respeto y apertura de tu corazón, a quienes te hayan hecho daño.
Sigue buscando la Verdad, entra en la “Tienda de la Verdad” y pide que te la den, entonces serás el ser más feliz del mundo, porque, quien entra con espíritu de búsqueda en esa “Tienda”, sale cambiado para siempre, ya que la Verdad, es una gran carga y vas a tener que hacer limpieza en tu “Casa” (tu corazón), hasta debajo de las esteras. Ello te abrirá el ser hacia mundos insospechados de ternura, de aceptación de los otros, de tolerancia, de solidaridad, en definitiva de Paz.
Yo entro con frecuencia a esta Tienda, y pido al Dueño a ver si ha llegado algo nuevo, porque siempre hay que reponer cosas caducadas en la “alacena del corazón”. Y yo que quieres que te diga…. Sólo, cuanto te quiero.















¡Y olé!
Raquel: Tu padre es tu padre, tu familia lo es y puede escribir esto y más, e incluso se vería como amor de padres. Pero es que refiriéndose a tí se siente como verdad para los demás, yo lo siento igual y me ha embargado también del amor que te tengo y que siento, porque todo lo que dice es verdad. Y te lo digo desde lo profundo que compartimos.
La vida no se queda con nada, tú has aprendido desde siempre y te auguro una marcha de los días en plenitud. Las cosas pasan para aprender y tienes la tenacidad de quien cree que eso es así, una inteligencia emocional impresionante, un permanecer en las raíces que ayudas a ahondar. Y yo te lo agradezco por lo que me llega.
Te tocará ser protagonista de tu propia vida y yo espero verlo. Y sabes que me alegraré y terminaré confirmando que la vida hace justicia, no nos podemos perder los días de la satisfacción y la felicidad de tu felicidad. Sigue subiendo, te costará pero llegan las mesetas para descansar y seguir. Persiste. Tienes mi abrazo y sé que lo valoras. Te quiero.
Es bello que un padre hable así públicamente de su hija. Me enorgullece formar parte de mi familia, del clan Parrilla Sánchez. Tengo la suerte de poder llorar, patalear, reír y llorar de nuevo en CASA. Papá sabes cuanto te amo, no por cuantas veces lo diga, sino por cuantas veces lo sientes. Y es que en ésta casa no sólo se dice, sino se siente y habla con el alma.
Mercedes, amiga. Tu sensibilidad hace capturar la esencia de los que te rodean. Eres sensible, empatizas. Te digo Gracias. Por ser parte de nuestro círculo.
Es bonito decir te quiero. No cuesta dinero, aún no nos cobran tasa por ello. Aprovechemos antes de que lo hagan. El día que no podamos decirlo, lo añoraremos.
«Si supiera que hoy es el último día que te veo, te daría un beso y un abrazo, y te llamaría de nuevo para darte más» (Gabriel. Garcia Márquez)
Llama la atención que a una carta de amor paternal y a la respuesta de su hija se le de un voto negativo…. es…..cómo diría….. cuanto menos enfermizo. Desde luego, me ha salido una carcajada cargada de pena. Gente deshumanizada que odian el amor y el hecho de proclamarlo.
En serio. A más de uno lee recomiendo que se busque un arcoiris de colores o se compre un unicornio. La vida es más bella si se llena de colores, siempre de colores 😉
Hay dos cosas que un piojo de la cabeza no puede hacer. Celebrar un cumpleaños o llamar la atención de un cisne. Mis mejores deseos a tan distinguida señora.
Un gran honor y mucha alegría que un padre escriba y publique esas cosas de una hija…Pero debe obedecer a algo que desconocemos, porque eso que se expresa en público es muy corriente en todos los padres hacia sus hijas en privado. Le ocurre algo a esta preciosa muchacha para que su padre le escriba así? Si es así, ojalá se arregle. Un abrazo «virtual» para los dos, padre e hija.
Hoy cuando he leído esta carta he sentido varias cosas que puedo resumir en el agradecimiento y la calidez que me produce formar parte de la vida de sus protagonistas. Sin embargo, esta noche cuando he leído los comentarios y he visto los votos, lo que realmente me gustaría es poder entender los votos negativos, porque no me imagino que sea algo negativo el que un padre orgulloso quiera mostrar su amor y que su hija le corresponda.
Ojalá esta muestra de cariño y de respeto fuese más habitual en esta época de tristeza, desencanto y crisis, porque las pequeñas sonrisas son muy valiosas y esta mañana leyendo, yo sonreía mientras me limpiaba una lágrima … de alegría.
Tengo un truco para que pueda entender los votos negativos: aceptar la libertad de expresión y opinión de las demás personas. Eso, o pedir que se elimine la oportunidad de votación y obligar al pensamiento único.