El avance que ha supuesto históricamente el cristianismo en estos últimos años, en cuanto a la defensa de la libertad de conciencia, la autonomía personal y de la defensa de los valores humanos, no se ha dado porque sí.  El testimonio de Monseñor Romero y de Ignacio Ellacuría y sus compañeros no es el único.

Y este avance se ha logrado gracias a la lucha de tantas personas que por fidelidad a sus creencias, en el valor liberador y emancipador de la buena noticia de Jesús de Nazaret, han sido anatematizadas, apartadas y perseguidas por las jerarquías durante siglos.

Y aún ahora, hay muchísimas personas que han cuestionado y criticado, con el Evangelio en mano, las actitudes de tantos hombres `sagrados´ que han sometido a la religión con el flagelo de la intolerancia.  Un cristianismo que oprime y niega la libertad de conciencia, se convierte en secta, pero no en comunidad que libera para la vida. “He venido para que tengan vida”, dijo Jesús. Y no hemos sacado todas las consecuencias de este mensaje.

Esta crítica que desde dentro del cristianismo se ha hecho y se hace hacia los fariseísmos intransigentes,  no la han hecho todavía los creyentes del Islam en su propio seno; ellos tienen ahora  la pelota en su tejado. No quiero hacer comparaciones odiosas entre dos formas de entender las religiones. Pero con la lectura literal del Corán y otros escritos coránicos, a base de teocracia, algunos –o muchos- líderes del Islam, tienen a los creyentes en Alá, que es Dios, sojuzgados todavía, bajo amenazas a su propia vida. Ya lo pudimos ver en el programa “En tierra hostil”.

En tal estado de cosas, con la pobreza económica y cultural de muchos de los países musulmanes actuales y, por qué no decirlo, con el maltrato que el occidente cristiano dio a esos países, es fácil el adoctrinamiento con las promesas de un Cielo lleno de vírgenes, por el que corren ríos de leche y miel y cuyo más directo acceso para el creyente radical, es la yihad terrorista.

A  todo esto, si añadimos el interés de algunos países árabes, que controlan la economía y propician con dinero (para que a ellos los dejen tranquilos) la actitud homicida y suicida de muchos creyentes islámicos, el caos lo tenemos servido.

Los seis siglos de diferencia entre el nacimiento del Cristianismo y el Islamismo, son suficientes para explicar que los musulmanes, vivan en dictaduras teocráticas, de terror, que eran propias de nuestra  Edad Media en occidente.

Pero en  el Al- Ándalus de las tres culturas, tuvimos varios siglos de armonía entre fe y razón, teología y ciencia, tolerancia, convivencia y respeto, que paulatinamente fueron sepultados por la Cristiandad.

Nunca un estado culto, que mire por el bien de sus ciudadanos, para que vivan en responsabilidad y libertad, podrá ser caldo de cultivo de ningún integrismo religioso.

Si alguien viene a mi casa, ha de adaptarse y tiene que respetar mis tradiciones y costumbres. Europa ha der ser una sociedad de acogida al extranjero, pero dejando muy claro que las normas de convivencia las ponemos nosotros y en esto fallan los gobiernos europeos…acaso por un puñado sustancioso de votos. Luego vienen las consecuencias sabidas por todos.

La historia nos dice, que las mayores atrocidades se han cometido y se siguen cometiendo en nombre la religión, sea del signo que sea, que junto con los nacionalismos, por naturaleza excluyentes, son los dos grandes males de esta sociedad.  El peligro fundamental de muchas creencias, es la instrumentación que de las mismas se hace de manera interesada, partidista para controlar a las personas.

Qué difícil es desde el punto de vista personal, vivir sin complejos la propia fe, sin la necesidad patológica y obsesiva,  de influir sobre los demás.

Todos queremos que lo que creemos o pensamos, sea entendido y seguido por los que nos rodean y en esa dicotomía tan difícil de eliminar, es donde entramos en contradicciones entre lo que creemos, pensamos y vivimos.

Hay que seguir dando pasos, para que  ni religiones, ni nacionalismos, ni libertades mal entendidas, sean muros para la convivencia, pero de momento, es la gran utopía por la que seguir luchando.   En nombre de la libertad, no se puede menospreciar, ridiculizar, ni insultar a nadie ni a nada.

Ahora bien, prefiero vivir en esta sociedad, donde oigo muchas cosas que me ofenden, o molestan, pero que me da el derecho a discrepar. Fue el Humanismo quien aportó los grandes valores de la libertad de expresión y religiosa, con la oposición de las iglesias.

Este año, es el 500 aniversario del nacimiento de Sebastián Castellio, un humanista protestante, que luchó contra la tiranía que ejercían las diferentes confesiones cristianas. Cuando los calvinistas condenaron a la hoguera  al español Miguel Servet (que descubrió la circulación sanguínea, pero que fue achicharrado por sus ideas teológicas) Castelio escribió esta sencilla frase: “Matar a un hombre por defender una doctrina, no es defender una doctrina, solamente es matar a un hombre”.