Hablábamos hace unas semanas de la posibilidad de informarnos con cierto rigor. Hoy hay quienes piensan que entre las tropelías de los grandes grupos mediáticos y las nuevas tecnologías los periodistas son menos necesarios. Conviene una reflexión sobre el tema, para no perdernos más por ese bosque de medias verdades,silencios clamorosos o mentiras completas.
Entre el vídeo del aficionado que recoge una tormenta o un accidente o la foto que envían al hombre o la mujer del tiempo parece que los periodistas son menos necesarios Con una cámara o con el teléfono portátil parece que podemos prescindir de los periodistas: craso error. Puede que tengamos muchos mensajes pero mala información. Recordemos aquello de la censura por exceso (demasiadas noticias con un desorden tendencioso) que nos lleva a una información sin rigor o sensacionalista de“hombre muerde a perro”.
La necesidad de buenos profesionales también en la información es hoy más urgente si cabe . Veamos un ejemplo. Hace unos días en la cadena 24 Horas de TVE, que pagamos todos, el supuesto periodista, director del programa y de la emisora, contravino su función . Por un lado, seleccionó para una supuesta tertulia política a personas de ideología parecida. Tanto lo eran, que les pidió moderación para que la tal tertulia no pareciera una encerrona. El participante señor Rojo, varias veces condenado por sus excesos verbales, evidenció el talante del grupo con :al enemigo (Pablo Iglesias) ni agua. Ya en la entrevista, el indigno profesional presentó al citado político con preguntas-ofensa como ¿Estará contento de que hayan excarcelado a unos terroristas de ETA?
Es difícil desprestigiar más en menos tiempo a la honrosa labor que bastantes personas realizan para que podamos disfrutar de información rigurosa. Dejando de lado a periodistas como Couso o Anguita Parrado, que dejan su vida en Oriente medio, o a los más anónimos de decenas de informadores asesinados en Honduras en los últimos años, veamos otra cara del periodismo.
La crisis-estafa ha golpeado con mayor dureza si cabe a los relatores de la misma. La mercantilización de la noticia lleva a aumentar las presiones sobre los periodistas. Según la Asociación de la Prensa de Madrid sólo el 20% de periodistas no han sufridos presiones nunca. También la precarización y reducción salarial ha afectado el 76,3% del colectivo.
Pese a todo, esta profesión es la de mediación necesaria entre la realidad social, poderes varios incluidos, y la ciudadanía a la que tratan de informar. Informar es contar lo que ocurre con veracidad y rigor. Ello exige separar muy claramente los hechos de la opinión. Obliga también, al escribir una noticia o al hacer una entrevista, a que queden respondidas las principales preguntas que el destinatario se hace: ¿Qué ocurre? ¿Dónde y cuándo?¿Quién y a quien? ¿Por qué? ¿Qué precedentes y consecuencias? ¿Qué noticias guardan relación?,.. No puede ser cómplice de discursos tendenciosos e incompletos. La profesión supone además: dar la relevancia que cada hecho requiere para el conjunto de su audiencia, contrastar las fuentes para no dar como noticia lo que es un simple bulo, dejar ocasión a que se expresen versiones contradictorias. Todo ello es cada día más difícil, por lo señalado en relación a las presiones o la precariedad y escasez de personal, para tratar la información con una mínima especialización y solvencia. Ello llevó a Soledad Gallego Díaz, eminente periodista cofundadora de El País, a decir a una nueva promoción de periodistas: “Si os van a matar, no os suicidéis”
Está claro que tal consejo ni lo escuchó el tendencioso y falaz periodista que se ha encontrado con la inmerecida labor de dirigir y presentar un programa en una emisora de noticias y pública. Pero claro, aquí ya no hablamos de profesionales, sino de poderes que se blindan con personas a quienes los derechos de la ciudadanía a disponer de información rigurosa para formar la propia opinión les importa un pito.
Lo peor de todo es que, personajes de esa calaña, desprestigian una labor necesaria como la información y la convierten en un espectáculo truculento. Para ello cuentan con esa plantilla de supuestos tertulianos con pluma a sueldo, que apenas han redactado una noticia en su vida. Su función es la de esparcir los argumentos de quienes les pagan. Al mismo tiempo convierten sus supuestos debates en el peor ejemplo para la audiencia infantil o poco formada. La información y el diálogo respetuoso son algo muy distinto a esa cháchara huera y destructiva.












¡¡Vaya!!……Y yo que creía que la información manipulada, sólo existía e Cuba y Venezuela…….. ¡¡No me lo puedo creer!!….