Con frecuencia salta en nuestra boca o en la ajena la palabra demagogia. Hay veces que suena como una pedrada rompiendo una frágil y valiosa obra, otras como una merecida, aunque en apariencia inútil crítica, ante actitudes petulantes. Por lo que tiene de subjetivo el uso de la palabra, así como su posible relación de la misma con la búsqueda de la utopía o con el simple denuesto de un discurso que nos supera y o disgusta, merece una reflexión considerando la mayoría de matices.
Empecemos por el principio, su definición. El diccionario la explica como: forma de hablar , dirigida a convencer a los demás de algo como necesario y útil para obtener beneficio quien así se expresa. Si reparamos, podemos ver tres clases de aspectos: subjetivos de quien habla, subjetivos de quien enjuicia al escuchar, la veracidad o falsedad del discurso, y quien se beneficiaría del mismo. Aunque todos ellos se entrelazan, tratemos de verlos paso a paso.
La subjetividad de quien habla, más que un inconveniente-entiendo yo-, es una garantía de la conversación, ya que se está expresando la propia opinión. Claro que si es el propia sentir o no, eso sólo lo sabe la propia persona hablante. Quien escucha puede ir atando cabos a partir de lo que conoce y percibe de la persona y del discurso ofrecido. Aun así, la prudencia aconsejaría contrastar la información recibida para superar malentendidos, inexactitudes y hasta posibles calumnias, que de todo se puede dar con o sin buena o mala fe.
Sobre la verdad o falsía no deja de estar presente la subjetividad, pues como diría el poeta ni tu verdad ni la mía, vayamos juntos a buscarla. Pese a ello en todo discurso podemos encontrar verdades innegables, hechos posibles o probables y bastantes otros verosímiles, a los que en principio no objetar su realización. Por contra, también podemos detectar falsedades demostrables y hechos difícilmente posibles o bastante inverosímiles.
Además pueden surgir, en el campo de las propuestas, sobre todo en aspectos más novedosos por creativos, dudas en torno a la credibilidad por razones subjetivas. Hay situaciones en las que juega la mayor o menor información y/o la actitud ideológica abierta o menos a los avances científicos y sociales. En este capítulo es decisivo un mínimo conocimiento de lo que las utopías y la imaginación humana han influído el progreso social. J. A, Melgarejo, aquel desaparecido e insigne loco entendía la utopía como el primer paso concebido por una persona en el camino hacia un bien de la humanidad. Da pena recordar ahora el ejemplo que el admirador de León Felipe citaba ( ocho horas para trabajar, ocho horas para descansar y ocho horas para vivir con dignidad) reinvindicación tildada por patronos y gobiernos de utopía y demagogia cuando se formuló en el siglo XIX. Qué decían del doctor Barnard cuando empezó a pensar en el trasplante del corazón humano. Lamentablemente la sociedad utiliza en exceso con ánimo denigrante los calificativos de utópico y demagógico contra quienes exploran nuevas vías para el bien y el conocimiento colectivos.
Ha de tenerse bastante presente, a la hora de acreditar un discurso o una crítica, que los hechos de la persona que se pronuncia tengan cierto parecido entre sí. Es decir, que haya cierta coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Ello no hay que llevarlo a extremos que pretendan un comportamiento perfectamente inhumano de quien se escucha o lee, o a una autocensura esterlizante en quien piensa, propone, dialoga o critica.
Resumiendo, que en todo debate, y eso es el escribir/hablar y el leer/escuchar, se debería propiciar, por ambas partes, la búsqueda de la bondad de las ideas. Ello supone-creo yo- abordar todas y por orden las cuestiones planteadas, sin orillar las que nos sean incómodas para explayarnos en las que nos podamos lucir o sentir con más seguridad. También, y no menos importante, es que, una vez disertado sobre lo anterior, si fuera preciso hacer alguna alusión personal que se haga con rigor y con el talante que quisiéramos para cuando se refieran nuestras miserias, que de ellas más o menos alguna tendrá cada cual.











Antonio, lo que ocurre es que en este foro hay personajillos que tienen poca educación y arremeten contra personas que como Uds. me consta, su trayectoria de compromiso, inquietud y búsqueda constante de lo mejor para la Clase Obrera y la Sociedad en general. Y que conste que no siempre coincido con sus opiniones. Un año menos para conquistar la República. Saludos fraternales y revolucionarios.
Aprovecho, compañero, para desearte un feliz y contestatario año nuevo…….Un año menos para la república y la revolución social…….Un fuerte abrazo…..
Saludos revolucionarios…….