Pues sí, algo se mueve, y por mucho que sepamos y digamos que es porque están próximas las elecciones, que es un hecho,  la verdad es que cualquier movimiento en forma de innovación del paisaje urbano nos saca de la desmotivación más aburrida y penosa de los últimos tiempos. Yo recuerdo, casi in illo tempore, que me encantaban las obras, me alegraba cada vez que se empezaba a construir un nuevo edificio, no tirando los de nuestro patrimonio histórico que eso sí que me cabreaba mucho, me congratulaba cada vez  que se abría un nuevo negocio, me interesaba imaginar en cada valla que ocultaba un derribo algo nuevo, en fin, todo eso que hacía tener la sensación de que estábamos vivos. Pero últimamente no, últimamente las vallas se eternizan, ya no esperamos que se sanee el solar que ocultan, ya sólo nos queda distraernos con las pintadas que hacen las delicias de los grafiteros, que por eso hemos empezado a valorar a nuestro genial Belin, sí, a mí ya me llaman la atención esas paredes y esas vallas, decoradas o pintadas porque ha pasado a  ser un arte urbano, de tal manera que casi estoy decidida a proponer un tour city por todas ellas, un folleto con la ubicación de las más interesantes y comentar lo que dicen y lo que no dicen como una forma de llenar el vacío humano que se ha instalado en las ciudades.

Pero yo iba a las dos próximas innovaciones que se han producido o se van a producir: la Plaza de Abastos y el arroyo Periquito Melchor cuyo cauce va a ser convertido en una carretera que vertebre un poco más una zona aislada o periférica conforme a nuestra historia, o como yo suelo decir, unir los brazos de la estrella que apuntan hacia su centro aunque manteniendo su punta poco visitada o tal vez como un extremo para  hacernos la ilusión de un extrarradio muy lejano como correspondería a una gran ciudad. Se pretende comunicar el parque de Cantarranas, que para muchos parece que no es nuestro y estoy segura de que pocos lo conocen, con el Recinto Ferial a través del puente. Hay que ver  la ilusión que me hace tener un puente e imaginar un río que no tenemos.  Pero sí es verdad que se hace necesaria esta unión, tendremos una carretera de salida que nos evitará semáforos y la utilizaremos, se me ocurre, como otro lugar por el que pasear o hacer andando esos kilómetros que para una población ya  bastante longeva, y por esta zona, va haciendo falta. Me gusta imaginar esto, así que espero que se haga en buena hora, y que se urbanice o humanice con sus bancos y sus árboles, con sus amplios horizontes que nos hagan levantar un poco la vista por si vemos algo diferente. Me gustaría que estas obras dieran trabajo a nuestra gente, eso sería un incentivo para esperar no dos, sino más meses. Y si se inaugura para las elecciones, pues me parece bien, más vale tarde que nunca.

La otra alegría es la nueva Plaza de Abastos en su lugar, que ya tiene más de cien años y es un edificio precioso, de estilo modernista  neomudéjar y muy nuestro. Recuerdo que uno igual tienen en la Unión, posterior, y que han convertido en teatro para sus festivales del cante de las minas y sus lámparas mineras. Su defecto para mí es que lo han pintado de blanco y eso ya no me dice mucho, me gusta nuestro ladrillo rojo, objetivamente es más paradigmático. No quiero dejar de felicitar a los comerciantes y deseo que lo conserven como el lugar de encuentro agradable en el que disfrutar. Yo suelo fijarme también en las plazas de abastos, nos son nada prosaicas, y me gusta que sean cómodas y acogedoras. Existen y las envidiaba. Ya no.

La plaza de abastos ya tiene la dignidad que nos merecemos, pero queda un extremo importante: la demolición de la antigua. Me temo que como no la tiren pronto y construyan allí un lugar de recreo, una plaza coqueta, un entorno humanizado, manteniendo sí el aparcamiento tan necesario, se va a convertir en un estercolero  que desluciría el lugar y nos desencantaría totalmente. Esto me queda por ver.

Por el momento me conformo con la culminación de estas dos obras, las dos, inexcusablemente para mí, van en el mismo paquete. Lo estaré esperando, como vigilaba las de antaño, y por si las elecciones de verdad influyen en algo, ahí va este aviso para navegantes, sin río quizá, pero quien sabe. Ya hablaremos.