Mi mente vuela a una velocidad que soy incapaz de alcanzar. Muchas cosas se me escapan y entonces, tomo conciencia de lo que me falta para ser realmente humano. Porque ser humano, para mí, es admitir mis carencias, mi egoísmo, mi no saber, mi ignorancia, en un mundo que cambia, en un mundo en que todo lo que era sólido, se ha vuelto líquido, efímero, volátil, que cambia como el día y la noche, y sobre todo, porque no sé si mañana despertaré. Porque muchas veces estamos imbuidos equivocadamente en nuestras propias certezas, que resultan siempre relativas.

Soy persona que permanentemente se cuestiona a sí misma, porque nunca me he creído estar en la posesión de la verdad. Una Verdad a la que aspiro, que veo incompleta, acaso inalcanzable. Busco y estoy convencido de que la Verdad en este mundo, está dentro de mí, en mi interior, en el interior de cada uno de nosotros paseando por nuestra conciencia, una conciencia que nunca engaña, aunque algunos la adormezcan. También es el hermano que me necesita, y el que no, convencido de que esa única Verdad, es ponerme a su lado y caminar con él, compartir con él… pero me falta mucho.

Tengo la gran suerte de tener una gran familia, que no circunscribo exclusivamente a los miembros de mi hogar. Hablo desde un corazón que se resiste, al ver a tanta gente que no tiene nada que llevarse a la boca…  Hace poco, me decía una mujer, que junto a sus hijos y su marido, han pasado lo indecible por la falta de trabajo: Sólo pido a Dios que me toque la lotería para poder montar un comedor social. Y es que ella en su desespero, con la situación económica algo mejor, pues su marido ya ha encontrado un trabajo, no quería que nadie en Linares, pasara por lo que ellos han pasado. Hermoso… ella pedía a Dios dinero para ayudar a los demás. Y mientras Dios, “jugando magníficos solitarios”, como decía el gran poeta León Felipe, porque no lo hemos invitado a jugar ninguna partida, cerrando a cal y canto la alacena de nuestro corazón.

¡Ay esas Bienaventuranzas lo mal traducidas que están! ”Dichosos los pobres, dichosos los mansos, dichosos los que lloran, dichosos los que pasan hambre y sed de justicia ….

Y es que eso, de tantas dichas, expresadas así, tiene su miga. Cuando la correcta lectura tendría que ser: Dichosos los que toman la opción de estar con los pobres, aquellos que no odian, también dichosos, aquellos social y políticamente incorrectos por sus denuncias ante la injusticia, dichosos los que no hipotecan su vida, por cuatro migajas que caen de la mesa de los poderosos…

Porque todas esas verdades inventadas, oscurecen la figura de la Verdad, la apartan de su esencialidad.

Nunca cargué con esas verdades impuestas por otros, porque llegué a la madurez muy joven, de la mano de otras personas, que caminaban decenas de años por delante de la sociedad que les tocó vivir, experimentando auténticas situaciones de Vida y tuve una gran suerte, porque esas personas, estaban en la continua búsqueda y a mí me enseñaron a buscar.

Pero todavía hoy, hay por desgracia muchas personas atadas a esos pesados fardos, que le impiden ver lo esencial en su amplia dimensión, que no es otra cosa que saborear la vida siendo fiel a la conciencia de uno mismo, con lo que ella demanda.  Porque no se puede al mismo tiempo servir a dos señores, a la generosidad  y al dinero, al altruismo y al egoísmo, a la humildad y a la soberbia. Entonces ese, si  es indolente ante la globalización de la injusticia, su humanidad queda vacía, porque no hace falta hacer el mal a la gente, ya que su displicencia, su indiferencia ante esa injusticia, lo llena de culpabilidad.

Cuando alguien se llena de mandatos, los asume, dándole prioridad a estos, frente al único que cobra perspectiva, que es el del amor y la solidaridad, entonces su vida carece de sentido.

Sí. Hay muchos que tienen sus alforjas llenas de lo material, como los faraones egipcios, para esta vida y la eternidad. Habrá que esperar al gran viaje en la barca de Caronte, a ver cuánto les cobra por cruzarlos de orilla, porque acaso todos sus bienes materiales, no le sean suficientes.

Parece que en una sociedad  como la nuestra, las personas con valores como la ética y la solidaridad, son de otro planeta.

Sólo desde una ética global, se podrá luchar por la justicia global, porque son las dos caras de una misma moneda que no se pueden separar.

Y mientras, Dios aburrido, marcándose sus maravillosos solitarios. Lo que nos perdemos de no jugar con Él.