¡Qué le vamos a hacer! Yo soy de otro tiempo, de cuando en este día se veía teatro, en una televisión en blanco y negro, y concretamente Don Juan Tenorio. No es que sea tan mayor y en todo caso sería según y con quien se comparase, pero en pocos años hemos cambiado mucho, tanto que ya ni se sabe quién es Don Juan, ni su mito, ni doña Inés, ni que es una ficción de Zorrilla, ni nada, ahora se sabe que los zombis en Halloween, vísperas de todos los santos, pululan por las calles, nos asustan y encima lo pasamos bomba y eso sí es cultura, eso ennoblece, hace pensar, mitifica a las calabazas, aunque bueno, algo tiene que ver con la tradición celta en la que se creía que esa noche los muertos venían a visitar a los vivos o en otro caso, tomando el significado de una forma más relajada, como el fin del verano, que eso sí es verdad.

Pero bueno, la verdadera razón de la fecha es acordarse de que se muere y se permanece mientras alguien ponga flores en nuestra tumba y de ahí la costumbre de engalanar los cementerios aunque se confunda con todos los santos porque in illo tempore hubo tantos mártires cristianos que no había fechas en el calendario para poner los nombres y celebrar sus onomásticas. En fin, pero lo que importa es que la muerte asusta, que nadie sabe lo que es, que nadie ha vuelto para decírnoslo y que ni nos damos cuenta ni nos lo creemos. Lo siento pero es así, menos mal que de ella sólo hablamos los vivos y no quiero elucubrar más porque nos complicamos la vida.

Hablando de muertes, tampoco hay igualdad ni en ellas, las naturales son aceptadas aunque sea resignadamente, las perpetradas con maldad, cerrilismo y fanatismo son ya para vomitar. Y me refiero a Reihané  Yabarí, que Alá confunda a los iraníes, una mujer joven, de 26 años, ahorcada el pasado día 25 por haber matado en defensa propia a su violador. No han servido de nada las protestas y denuncias mundiales contra los derechos humanos ni contra la razón de lo evidente, de cualquier forma, esta joven y guapa mujer tenía que morir, total una mujer más o menos. Si aceptaba la violación hubiera sido lapidada; resistiéndose, defendiéndose y matando a su agresor, hubiera sido ahorcada. Y eso ha pasado, por eso esas dos muertes no son iguales, sobre el agresor muerto, escupo; sobre la agredida muerta, me duelo. No me valen las manipulaciones en un juicio pantomima y a todas luces injusto, no me vale nada, son casi 200 muertes en este año con este fanatismo islámico. ¿Y pasa algo? Nada.

No hay remedio, nada tiene remedio en el mundo, si estamos en lo pretendidamente civilizado, la corrupción nos ahoga y la cara dura y la mentira nos indigna, y si estamos en el llamado tercer mundo, las enfermedades, los contagios, el hambre, los asesinatos, la falta de libertad… nos introduce en un dolor de difícil bálsamo. Entramos en un paisaje esperando a Caronte con el cual el pobre, el que no tenía un óbolo para pasar el Aqueronte, quedaba vagando cien años. El rico sí iba al Hades, que no sé qué sería mejor… pero el pobre como siempre, no se cambia. Ante esto, por razonamiento aparte de por creencia, me quedo, me gusta más, me tranquiliza, la fe cristiana en la que la muerte mantiene su energía cerca de los que quedamos aquí, que ayuda, que acompaña, que contempla, que resucita… Para mí es más tranquilizador y la mejor forma de aceptar que puede existir algo mejor que lo que tenemos y que por algo hay que luchar o mejorar. ¿Qué luego no es así? — dirán algunos — pues bueno, no voy a discutirlo, pero yo me siento mejor mientras sienta, que es lo que me importa.

Reihané  Yabarí escribió una carta de despedida a su madre, en la que le decía que “no quería una tumba en la que llorarla sino que dejara que el viento la llevara, porque la muerte no es el final de la vida”. Ella lo decía cuando estaba a punto de morir, yo habría dicho lo mismo porque tienes que creerlo para soportarlo. De todas formas quiero terminar con “mi” Don Juan, que aunque como hombre prepotente y machista no me gusta, sí me gustan sus palabras, o mejor las de Zorrilla…

Doña Inés, sombra querida.

Alma de mi corazón.

No me quites la razón,

si me has de dejar la vida.