Donde hay fe hay amor, donde hay amor hay paz, donde hay paz está Dios y donde está Dios, no falta nada (Blanca Cotta).
-Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
-Amarás al prójimo como a ti mismo ( Mt 22, 34-40)
«La vida cristiana es vertical y horizontal», haciendo referencia a los mandamientos de Amor a Dios y al hombre: una dicotomía, una separación, una división… hoy insostenible.
Jesús los enseña como un solo mandamiento fundamental y solidario, que abraza lo humano y lo divino. Parece más próximo, más adecuado al Evangelio, unificarlos en un solo trazo oblicuo, compendio de ambos nos dice el teólogo Vicente Martínez. Pero… ¿qué es un mandamiento oblicuo? Amarse a sí mismo entra también en esta oblicuidad. Oscar Wilde dice de él que es el principio de una historia de amor eterna.
De Francisco de Asís se cuenta, que entre otras expresiones usuales en la conversación, al oír la expresión”Amor de Dios” se impresionaba, se inflamaba, como si la voz que sonaba tocara como un plectro la cuerda íntima del corazón. Para el de Asís, como para Pablo y Santiago, no se puede observar de verdad la Ley si falta el Amor (Rom 13, 9; Gál 5, 14; Sant 2, 8).
El jesuita hindú,Tony de Mello, nos lo cuenta: Donde hay amor sobran las normas y las tradiciones. El Maestro le dijo a su discípulo: «Debes comprender que, al igual que la música, la vida está hecha de sentimiento y de instinto, más que de normas».
La mística de arriba y la de abajo –la del mandamiento oblicuo- las ha mantenido siempre en su vida.
Esther de Vaal, experta en espiritualidad benedictina, concibe su libro “ Invitación al Asombro” (Sígueme 2007) como una propuesta para lograr una mirada más atenta y captar mejor la presencia de Dios y el sentido de la trascendencia en el corazón de las cosas. En la película “Alta sociedad”, se dice a uno de los personajes, con condiciones maravillosas por otra parte: «pero te falta lo esencial: un corazón para sentir». Y para eso, simplemente, sólo hay que ser humano.
Paulo Coelho, nos dice : «en toda historia de amor siempre hay algo que nos acerca a la eternidad y a la esencia de la vida, porque las historias de amor, encierran en sí todos los secretos del mundo».
Y utilizando una hipérbole, Dios tiene tantos corazones, como criaturas hay en la existencia.
Pues como no hay luz sin materia en la que reflejarse, y yo lo digo que soy pintor, tampoco hay Dios sin seres que la reflejen. Curioso que el color blanco despida las radiaciones de la luz solar y el negro las absorba por completo. Prueben en pleno verano a tocar una pared encalada en blanco y otra en un color oscuro cuando las flamea el sol… se asombrarán de la diferencia de temperatura, entre ambos colores. Quien recibe la luz, no puede quedarse con ella, ha de irradiarla.
Estas memorables historias de amor, escritas en todas las geografías y lenguas por propios y extraños, han sido cantadas y lloradas por todos los corazones del planeta.
León Felipe lo hizo de esta manera en “Oraciones de caminante”:
Señor, yo te amo
porque juegas limpio;
sin trampas, sin milagros;
porque dejas que salga,
paso a paso,
sin trucos, sin utopías,
carta a carta,
sin cambios,
tu formidable
solitario.
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Allá, en lo alto
y haciendo su nido en las estrellas
vi el amor eterno y purísimo…
Me sentí muy bueno y lloré…
¡Por qué no seré siempre así!
Nos dice Vicente Martínez : “El Amor Humano, es el billete necesario para el Amor Divino. Y hay que llevarlo siempre en la cartera. Cuando llegue el momento de embarcar y partir hacia la orilla de lo eterno, yo al menos no me quiero quedar en tierra”
Al final, donde hay fe hay amor, donde hay amor hay paz, donde hay paz está Dios y donde está Dios no falta nada… Porque en una interpretación muy actualizada de S. Pablo, al final, nosotros mismos, nos auto examinaremos de cuánto hemos amado a nuestros hermanos.
Esta tarde, hermosa tarde de finales de Octubre, mi esposa y compañera, mi amiga, ya de regreso del Sáhara, junto con doce bellas almas más, de su misión sanitaria, he llorado…. De ver lo que son capaces de amar estas trece personas de la provincia de Jaén y otras tantas de las demás provincias andaluzas, que no han tenido miedo al ébola ni a nada… Ni miedo al tren de aterrizaje del avión argelino, que no funcionaba… pero Dios Padre, Dios Madre, ha estado con ellas y ellos.
Dios jugaba su formidable solitario allá, en lo alto haciendo su nido en las estrellas
que se pueden tocar desde el desierto del Sáhara…
Estas almas han hecho realidad el Mandamiento del Amor Oblicuo… no sé si me entienden.










