En sus viajes al exterior, el Sr. Rajoy trata de ofrecer al capital internacional las ventajas de invertir en España. Además de destacar su posición estratégica y relación privilegiada con la UE, Iberoamérica y el norte de África, ofrece una gran competitividad en el mercado laboral. Para que me entiendan también quienes no frecuentan mi trato, lo digo más clarito : que aquí hay mucha gente dispuesta a trabajar en condiciones de esclavitud parecidas a las de esos segundo o tercer mundos.

            Supongo, ya no estoy seguro de casi nada, que esta sociedad globalizada y mercantilista tiene algunos inconvenientes. A mí al menos me lo parece el hecho de que los capitales puedan viajar de unos a otros países sacando el máximo rendimiento en la producción y/o especulación, para luego refugiarse en la impunidad de paraísos fiscales. Sí, y que luego  los impuestos los paguen el personal que ha tenido la suerte de que le paguen su trabajo en nómina, y cada quién en los recibos de la luz, del agua y de la cesta de la compra.

            Volviendo a lo de la economía global, casi hay acuerdo que en las tiendas de todo a cien compramos con cierto regomello. A veces pensamos que el menor precio huele a esclavitud y a competencia desleal con una producción más regulada y respetuosa. Sólo en los repetidos episodios de Bangladés, con los cientos de muertes en los barracones incendiados donde  se fabrican las prendas que nos venden El Corte Inglés o Amancio Ortega, nos paramos a pensar. A mí al menos me ocurre. Cuando veo la ingenuidad de mis nietas no se me escapa que ellas puedieran entrar en barracones implantados aquí. ¡Hay que ver que soy cenizo! !En vez de hablar de fútbol o de alguna cofradía, aquí dando la tabarra con el futuro de las criaturas y despotricando del consumo!

            Tal vez yo esté equivocado, pero no dejo de pensar de que todas esas cosas tienen bastante que ver con lo que les pasa a personas de nuestro entorno. A alguien que lo echan de la casa porque no puede pagar la hipoteca. Al familiar que se ha quedado parado. A la familia donde nadie tiene empleo. O aquella otra en la que se les ha reducido el salario a la mitad. Porque nos pueden distraer con las cifras del desempleo, de la juventud que emigra o de quienes se desaniman hasta de sellar la cartilla del paro. También nos pueden colocar el rollo de la competitividad o de los emprendedores.

Parece mentira que nadie quiera reconocer que con los progresos tecnológicos se necesita menos mano de obra. No nos queremos dar cuenta de que para la minoría que dirige este capitalismo voraz la gente de abajo somos chusma, seres desechables. El trabajo es un bien escaso que habrá que repartir, al tiempo que las riquezas. Estamos en otro ciclo que no tiene salida poniendo la zancadilla al vecino. ¿De verdad podríamos seguir produciendo y produciendo de manera indefinida para los casi siete mil millones de personas del planeta? Habría que otear nuevas soluciones.

            Hace casi medio siglo, en su libro “Del paro al ocio” F. Racionero, quien acabaría dirigiendo la Biblioteca Nacional con el gobierno Aznar, propuso ideas que después se han recogido en propuestas más elaboradas. Tal puede ser la llamada renta básica o similares. Sugería solucionar el problema del paro ,creo que con acierto, separando algo trabajo y supervivencia colectivos. Entendía Racionero que, de manera consensuada o por imposición dictatorial, habría de llegarse a la  asignación de un mínimo de subsistencia a cada persona. Por otro lado, se propiciaría que los trabajos se adjudicaran a quienes tuvieran más cualidades en cada caso. En cuanto a las labores colectivas desagradables, habría que repartirlas de manera rigurosa e inteligente  para que cada persona  apta  aporte a la comunidad lo justo.

            Para ello conviene aplicar inteligencia y garantizar la dignidad de toda el persona en una sociedad democrática. Al tiempo, y tal vez más importante, convendrá  revisar ciertas ideas, que por obvias se dan por inmutables, y a lo mejor se han convertido en prejuicios. No preguntamos : ¿Es verdad que todo el mundo trabaja sólo por dinero?¿Qué decir de la satisfacción por la obra bien hecha? ¿Cuanto trabajo se esconde en el voluntariado, en aficiones, en relaciones personales? ¿Se puede seguir pensando que la gente si pudiera se escaquearía de trabajar? ¿Se puede aplicar de la misma manera que antes esa máxima de el que no trabaja que no coma?….

            Siguiendo con estas preguntas y otras, nos damos cuenta de que el trabajo y la vida han cambiado mucho. El reto para cada cual será el definirse por la simple supervivencia o más bien por una vida con dignidad. Ésto es,con el respeto que nos debemos a cada cual , al prójimo y al planeta finito.    Antonio Martínez Lara.