Hace unos días, tratando de sintonizar como de costumbre en casa, el programa Saber y ganar , tuve la sensación  de haber regresado más de medio siglo en el túnel del tiempo. Pues sí, en 2.014 se nos ofrecía un reportaje con el general Franco recogiendo un pez de más de sesenta kilos que su personal de compañía había acercado a su afortunado anzuelo.  La imagen,  la voz y la sensación, las mismas de aquel lejano  pasado de escucha obligatoria cuando quería acudir al cine. En el mejor de los casos  una locución neutra y sin más explicación histórica relacionaba un reportaje con el siguiente al sonar la repetida  musiquilla que acompañaba a escudo, bandera y demás imágenes de la dictadura.

No, no habían nombrado al Sr. Mayor Oreja responsable de radio televisión española para que nos recreara con lo que este pio ex ministro entiende como la placidez del franquismo. Algún comentario quiso relacionarme el asunto con los recortes  que han llevado a dimitir al señor Echenique, responsable pepero de RTVE. Arrugé el ceño y mi interlocutor demudó el color de su rostro y sin más aceptó que aquello era algo más complejo.

Sí, empezamos a hablar de lo que debe ser un servicio público y de las obligaciones de una sociedad democrática para ofrecer desde los medios oficiales una información veraz y una cultura no tendenciosa. A ese respecto salieron a colación disposiciones constitucionales y la Declaración Universal de los Derechos del Hombre que en su artículo 19 dice: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, lo que implica el de no ser inquietado por sus opiniones y el de buscar, recibir, y difundir, sin consideración de fronteras, las informaciones y las ideas por cualquier medio de expresión.”

Después de llegamos a  un cierto consenso en que una cosa es la utopía de la tal Declaración, de la Constitución, e incluso del preámbulo de las demás leyes, y otra los reglamentos y la aplicación que de ellos hace cada gobierno. Si insistir más de la cuenta en el plumero neo franquista que delata la cuestión que nos ocupa, entramos en un somero repaso en los cambios propiciados por el gobierno Rajoy. Acepté los miles de errores de Zapatero (ignorar la crisis, reformar en verano por acuerdo con  PP el 135 de la Constitución para priorizar el pago de la deuda,.. y hasta la muerte de Manolete si quería), pero defendí, como logro destacable del timorato socialista, su influencia benéfica en el “ente” de RTVE.

Mi amigo no tuvo reparos en reconocer la lamentable pérdida de calidad y de audiencia de los informativos en la tele y en Radio Nacional, que se habían aproximado a los oyentes de la SER. De la misma manera, tuvo que aceptar el aumento de programas frívolos (Cultura de bar) o de caridad (Todo tiene arreglo), así como la desaparición de profesionales y programas de mayor éxito que ya estaban amenazados por parecer incómodos al PP. Insistí, ante su silencio, en la decisión destructiva del gobierno actual para los laboriosos consensos anteriores. Les importó poco destruir  el prestigio logrado equiparable a la BBC británica o a la tele francesa, modelos mucho tiempo  añorados en España. Por encima de todo, había interesado imponer profesionales y orientación partidarias  que ya habían demostrado su sectarismo y fracaso en Tele Madrid.

Admití la cuestión del ahorro de costes y la posibilidad de aprovechar los archivos documentales, siempre que se hiciera con un mínimo de dignidad y sentido democrático. Sin embargo, rememorar el franquismo como se viene haciendo , dista mucho de acercarnos a la Europa de aquellos  sufridos tiempos. Lamentablemente, en la dirección de los medios de comunicación, como en la economía también llegamos tarde a la equiparación con la Unión Europea. En vez de entrar en la Europa del estado del bienestar , nos encontramos con la de la señora Merkel con la defensa acérrima de los bancos alemanes, o con una cierta erosión de los medios de información públicos en varios países, aunque ni de lejos con la nostalgia dictatorial de estos lares.