Complicado cuando se está inmerso en una vorágine, de tantas que se nos presentan en la vida.

En el verano de 2013, distintos medios británicos, pedían filólogos en inglés, y psicólogos con experiencia en psicología conductista y clínica, a algunos países, entre ellos España, para terapias de gente dedicada al mundo de las finanzas, porque no eran capaces de pensar en algo que no fuesen números. Su mundo se reducía a manejar indefectiblemente cuentas de resultados, para sus instituciones financieras. La capacidad de relajarse, leyendo un libro, un periódico, o disfrutar de un paseo diario o de un fin de semana, se les había reducido a la mínima expresión. Las entidades para las que trabajaban se habían dado cuenta de que sus ejecutivos financieros, habían entrado en un shock que les hacía incapaces de un análisis ajustado en su trabajo, pues las veinticuatro horas del día, su mente estaba ocupada por números y más números. Parece surrealista, pero es la pura realidad. Necesitaban una terapia que despejase sus cabezas de todo lo relacionado con su profesión, porque habían hecho de ella su dios.

Nos hacemos en la vida las mismas preguntas. ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Para qué?  Y la verdad es que no llegamos a encontrar una respuesta.

En este mundo, todos recorremos un camino, pero unos aciertan con este camino sin saber a dónde conduce y otros no eligen el que se supone adecuado, aunque algunos lleguen a la meta propuesta, Y este final, esta meta, es el descubrimiento de uno mismo, bajando a las profundas simas de nuestro interior para encontrarnos con la decencia, la felicidad y la honestidad personal que llevamos dentro. Muchos  seres humanos no tienen sentido global de su existencia, así como muchos que se llaman religiosos no tienen un sentido de la enorme amplitud de su religión. Decía el gran teólogo sudamericano Leonardo Boff:  “Quien no vive para servir, tampoco sirve para vivir” Porque ser feliz no es necesariamente complicado. Y es que vivir, es tener una proyección de futuro, pero ante todo saborear todos los segundos de nuestro presente. El pasado sí que importa, vaya que sí, siempre que nos ayude a construir nuestra vida, nuestra esperanza.

Una tarde, no hace mucho, escuchaba en la radio una canción de Carol King titulada “You’ve got a friend” con la que de joven tuve momentos de gran felicidad, a la vez que estaba enfrascado ayudando a nuestro hijo Buley con unas dudas del colegio, cuando pensaba que nuestro hijo valía un potosí como ser humano y entonces experimenté una indescriptible plenitud.

Aunque los momentos de felicidad, es importante buscarlos, los mejores, son los que te llegan sin avisar y entonces hemos de ser lo suficientemente lúcidos para saberlos aprovechar, siendo absolutamente conscientes de ello.

Es que el hecho del final del camino, nos hace replantearnos tantas cosas…  Y al final la pregunta será, cuánto hemos amado.

Nos pasamos la vida en una continua apariencia de lo que “no somos” y olvidamos la asignatura fundamental que esta vida nos ha encomendado, que simplemente es mirar a nuestro interior sin dejarnos atrapar por falsas imágenes y falsos ídolos, que lo único que consiguen es apartarnos radicalmente de una existencia contemplativa, reflexiva, afectiva y absolutamente humana, para convertirnos en monos consumistas, envidiosos, con ansias de poder y llenos de avaricia.

Muchos países que Occidente considera subdesarrollados e incultos, tienen un sentido de lo que es el compartir que para nosotros lo quisiéramos. Y la verdad es que continuamente se nos olvida que venimos del mismo sitio y que iremos a parar también al mismo hoyo.

Dice el escritor Gabriel García Márquez entre otras cosas:  “¡Cuántas veces he deseado coger tu mano y decir cuánto te quiero y no lo he hecho!”

Y éstas entre otras cosas, forman parte de la felicidad de la vida, que nos asegurarán un feliz final del camino.

Estoy convencido de que Dios-Madre y Padre, por Amor, dio a Luz al Universo en ese momento de la explosión cósmica, en ese Bosson de Higs, que cobró vida. Dios por tanto en el acto de la Creación se vació de algo que era suyo…se vació por Amor.

Si todos los días cuando amanece nos preguntáramos por el por qué de nuestra existencia, acaso seamos conscientes y nos encontremos “ligeros de equipaje, casi desnudos, como los hijos de la mar” Porque tendremos aquí un final, no nos quepa la menor duda.