Encargóse D. Francisco, de dejar todo atado y bien atado en nuestro suelo patrio.     Trabajo está costando deshacer esas ataduras, pues los avances de esta sociedad se manifiestan algo tenues a veces. En el aspecto político, nos encontrábamos antaño, con la natural inexperiencia para gobernar, ya  que tras casi cuarenta años de dictadura, nadie tenía experiencia en ello, haciéndolo acaso por ensayo y error. Luego, quienes entraron con ilusión y ganas de gobernar democráticamente, se fueron prostituyendo personal y políticamente, convirtiendo la política en eso, en una meretriz con la que se acostaron, creando hijos bastardos hasta nuestros días y hasta llegar a lo que nos dejaron. Una España hecha unos zorros, donde a quienes quedan en ella, aún con ética, nos cuesta reconocer. Socialistas, que no saben lo que es el Socialismo y fachas que añoran a su “Chache” e intentan emularlo con Leyes Fundamentales con traje de lagarterana. Hoy, tras casi otros cuarenta años, poco se ha avanzado en la asignatura del necesario buen gobierno. Yo sólo pido al Gobierno, que me libre del Gobierno.

Resulta curioso que paralelamente, la Iglesia Católica, en virtud de lo bien atado, siga manteniendo, cuando no aumentando, su peso en una sociedad, que es  mayoritariamente laica; o a la sumo, sociológicamente católica en gran parte, por educación y formación obligatoria. Cosa, eso del catolicismo sociológico, que en nada compromete a nadie, ejerciendo ésta Iglesia Católica su ministerio, aún con poder, pompa y circunstancia.

Es el caso de Monseñor Cañizares, con una capa púrpura de seis metros de cola, que hará las envidias de alguna que otra realeza europea y me refiero a las princesas. Hace un tiempo, este cardenal, hoy, Arzobispo de Valencia, hacía unas declaraciones absolutamente desafortunadas, en las que comparaba el aborto, con la pederastia en la Iglesia. Respecto al aborto, contamos con los supuestos contemplados en la Ley, cuando son generados por una inviabilidad en el feto, el peligro de muerte para la madre o una violación y ya con la Ley que pretendía Gallardón, ni eso. Pobre jurista del Estado, pobre hombre de conciencia hipotecada en virtud de la promesa del redentor Cielo.

Pero aparte de esto, considerar un crimen abortar, metiendo en el mismo saco todos los casos y no darle importancia a la pederastia de algunos eclesiásticos, es un despropósito por parte de este Cardenal, en la  línea de bastantes Obispos de la CE, que representan el sector más conservador, duro y recalcitrante de la Iglesia Católica Española y si no que se lo digan al portavoz de la CE, Mons. Camino.

Resulta deprimente que se le hable a África de castidad y de la virginidad María, cuando allí muere la gente de hambre, sida y  ébola entre otras enfermedades. Cuando se condena el preservativo diciendo además, que éste es el culpable de tanto sida en estos pueblos, cuando en esos países que se mueren de hambre, montan escenarios suntuosos para una misa. Esto no es evangelizar, sino provocar un auténtico escándalo moral contrario al Evangelio. Evangelizar es lo que hicieron y hacen Vicente Ferrer, Teresa de Calcuta, el Padre Pajares, el Padre Ángel y toda la comunidad de misioneros/as tanto en África como en Latinoamérica… Y es que me desvío, porque soy un cristiano rojeras y eso…pues que la cabra tira al monte.

Y mientras, Rouco cabreadísimo con el Vaticano por haberlo jubilado de esa forma tan cruel y para dar por donde amargan los pepinos, quedándose a vivir en la parte más noble del palacio episcopal, para joder a Osoro, su sucesor, emulando a Tarsicio Bertone, viviendo en el Vaticano en un humilde pisito de 700 metros y un balconcete de más de cien, mientras el Papa Francisco, se va a una residencia religiosa con sólo un triste dormitorio. Porque siempre hubo clases y quien no pueda que se joda ¡cono!

Esta es la iglesia de Jesús, del Nazareno. Hay que ver cómo prosperó la carpintería de José.  La Iglesia Oficial, debería callar, mucha gente se está yendo de ella, porque  es mucho lo que tiene que limpiar en su casa, no la gente, sino la Iglesia y dejar de condenar a la sociedad y los gobiernos que no están en su cuerda. Muchos de estos jerarcas, que precisamente no son “primus inter pares” porque para eso hay que ser decentes y honestos, siguen anclados en la Edad Media al más puro estilo del inquisidor Torquemada. Todo quedó atado y bien atado.

¡Dios! cuanto me acuerdo de Juan Pablo I, que no II.