Me refiero a las mujeres y a los hombres que de verdad hayan estado preocupados en todo o en parte del contencioso de la Ley del aborto propiciado por el Ministro Gallardón. No voy a entrar de momento en disertar sobre esta Ley porque lo he hecho sobradamente, de la anterior solamente no estaba de acuerdo en que las adolescentes no tuvieran necesidad del consentimiento de sus padres o progenitores, eso me parecía también algo innecesario por razones obvias e incluso justas porque si los progenitores estamos para todo hasta muy entrada la madurez de los hijos e hijas, es impensable que no lo estuviéramos en esto tan importante. Pero por lo demás, repito, tenían que dejarse las cosas como estaban, no era necesario abrir un nuevo debate y además estaba en juego la libertad y el derecho de las mujeres a decidir sobre ellas mismas. Me gustaría decir de mujeres y hombres, pero todavía, en general, los hombres no sienten esa corresponsabilidad y de jóvenes menos, además de que los padres miran para otro lado.

Pero esto está claro, se ha retirado la Ley y sólo me queda congratularme con las mujeres, felicitar a todas y recordar emotivamente aquel Tren de la Libertad que nos llevó de toda España a sentirnos un solo cuerpo que no estábamos dispuestas a que fuera olvidado ni marginado de los derechos humanos. Y aunque no creo que se deba a nosotras, algo hemos hecho y aprendido. No creo tampoco que sea “una victoria de la sociedad civil”. Ha sido una cacicada más del Presidente y su gobierno, porque ha demostrado que no le importa ni esta ni ninguna sociedad.

Bien, Gallardón ha dimitido y con alegrarme mucho porque ha sido nefasto para la Justicia con las tasas, los recortes, la lentitud e incluso con la involución de la judicatura, la defensa del pueblo que no aparecía por ninguna parte, la fiscalía del Estado que no se mueve en los casos de corrupción, en que haya existido como nunca una desigualdad de la justicia según para quienes, en fin, que con alegrarme mucho y considerar una etapa negativa su paso por este ministerio, hay algo que no me cuadra independientemente de quien gobierne. O este ministro prepotente, engañoso, extremo en ideas conservadoras ha lanzado un órdago y ha perdido, o el Presidente no lo ha hecho bien, porque no se puede al margen de él paralizar esta ley sin decir por qué motivos. Todos nos vamos a lo más fácil: los votos, pero no van a recuperar nada, que sepa que en las próximas elecciones no va a repetir mayoría absoluta y no tiene nada que hacer porque no se trata con nadie, ya ha demostrado que no es dialogante ni consensuador. Y si los votos han tenido algo que ver ¿por qué con esta ley? ¿Por qué no lo ha hecho con los recortes que tienen sumido al país en la pobreza? ¿O con la ley Wert que ha denigrado y amordazado la educación? ¿Por qué no con la sanidad que ya no nos sentimos seguros? ¿Por qué no con su falta de explicaciones y su hermetismo? Yo me temo que el Presidente ha decidido hacerlo con la Ley del aborto porque nos atañe a las mujeres, pero que en vez de reconocer nuestro derecho, lo ha decidido porque le importamos un pimiento, no le importamos nada y que no me venga con perdonavidas. Por eso no he demostrado demasiado mi alegría ni me lo creo. Que no me creo a ninguno, vaya y que algo me huele mal.

Gallardón en su dimisión, aduce que: “no ha sido capaz de cumplir un encargo”. Y yo digo: ¿Un encargo de quien? ¿Quién le encargó que se metiera en camisa de once varas? Esto no es de ahora pero aquello de “protección de la vida del concebido sí”, pero de los derechos de las mujeres, para nada, porque nosotras somos responsables y él no nos va a decir cómo debemos decidir. El caso es que se ha ido del todo y de todas las prebendas, supongo que volverá a la abogacía. Creo que ha jugado mal sus cartas, pero a veces no basta con ser inteligente, hay que ser además buena persona, con nobleza y razonamiento sobre todo para ser  ministro de todos y todas. Ha sido una dimisión que no me ha convencido porque que el Presidente a estas horas diga que retirar la ley “es lo más sensato porque no había consenso” para ponerla en práctica me suena a música celestial y es tan demencial como su forma de gobernar, como los bueyes con las anteojeras.