Vivimos en Linares, de acuerdo. Pero ¿sabe alguien que en Baeza, ciudad a pocos kilómetros, se entregan todos los años los Premios Baeza Diversa para visibilizar al colectivo LGTB? De todas formas no me preocuparía demasiado porque la generalidad de Baeza tampoco creo que lo sepa. Y me consta. Algunas veces pienso que somos pequeñas islas, o isletas, sólo preocupados por algunas cosas o algunos ideales. Y lo digo por todo, todos deberíamos participar en todo, en todas las visibilizaciones, no sólo formar parte de algunas como si lo demás nos trajera al fresco. Sinceramente, yo me uniría a la plataforma por preservar a las ballenas, por ejemplo, si los de las ballenas se unieran a mis prioridades. Estaríamos todos en todo, al menos haríamos una lista con las preocupaciones que nos conmueven en este mundo. En fin, que hay que dejar pasar algunas cosas, que nos importan, claro, pero que priorizamos. Con todo y con esto, prefiero que la gente no se movilice, a que rechace. Yo, al menos, no rechazo ninguna reivindicación, la respeto, pero entonces suelo ver las prioridades de cada cual. Me parece legítimo, tan legítimo como cuando yo me manifiesto por lo que creo, por lo que soy, o por lo que siento más cerca. Ese es el peligro que tiene irnos encuadrando en colectivos, que no se ve ni se consideran los derechos individuales. Si fuéramos mayoría, que lo somos, en todo y todos los aspectos, se nos consideraría individualmente. Aquí lo único individual es el dinero y el poder, y si es patriarcal, mejor. No sé si me he explicado, si actuamos como colectivos, se nos tratará globalmente no individualmente, pero a ver qué otra manera tenemos para reivindicar más que la visibilización de las diferencias, por si nos igualamos. Pero, yo digo, igualarnos a qué? Fácil: Al canon, a la norma, todo propuesto por los poderes fácticos. No debería haber diferencias, una diferencia existe en tanto en cuanto hay un canon. Ya lo inventaron los griegos y no recuerdo ninguna estatua no conforme a él. Creo que ya se me entiende algo mejor.
Pues bien, en Baeza, todos los septiembres, y ya van seis, se entregan premios a personas o colectivos LGTB, para quien no lo sepa: Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales, que puedan ser representantes de estas opciones, darles visibilidad, dignidad, reconocimiento y ánimo en su proceso de integración en esta sociedad, que además de patriarcal, como yo sostengo, es heterosexual. Ser heterosexual es la norma, ser todo lo demás no obedece a ella, cuando la opción sexual, elegir a quien se ama o se quiere amar, pertenece al mundo privado, no se lleva tatuado en la frente. Me molesta tener que reivindicar esto, tener que repetir la “normalidad”, tener que visibilizar una igualdad real como personas, pero también reivindico la igualdad y se sigue marginando, y matando u olvidando,  a las mujeres y a los diferentes. No queda otro remedio, menos mal que ya se puede, ya no es políticamente correcto ir en contra aunque hayamos pasado a cierta indiferencia, no a la acogida. Yo decía el otro día que la educación modifica y que hay que empezar por ella, luego vendrá la asunción. Y educar es repetir, visibilizar, implantar, integrarse, quedarse. Creérselo vendrá por añadidura, por la contundencia del tiempo y de la visibilización, de que se existe, de que se trabaja, de que se construye, de que se vive y se convive, de que se compra, se vende, se come, se duerme, se sueña… De que se ama… ¿A quién? ¿Eso tendría que  importar? O mejor… ¿A quién le importa?
No nos engañemos, tampoco importa a quien se ame, importa, a esta sociedad machista, que sea hacia el mismo sexo. No se puede soportar, al poder y a la concepción masculina de la vida, y a  los poderes fácticos repito,  sí le molesta, le indigna, le cabrea y le preocupa que no se sea de su opción, de los que ellos han puesto por norma. Les inquieta que se pueda preferir algo que ellos no tienen, por si es mejor. Y en muchos casos, más de los que imaginamos,  lo es, no os quepa duda.