España necesita un urgente Pacto por la Educación, en que los actores, sean todos los partidos políticos y todas las fuerzas sociales,  incluidos reputados expertos en pedagogía,  que tengan algo que aportar a ese pacto.

En este país, se les ha dado demasiadas bofetadas a los docentes.

Las sucesivas y antagónicas Reformas Educativas, que se introdujeron  y se siguen introduciendo  en nuestra  Democracia, están hundiendo los valores de los que tendría que impregnarse nuestra juventud, con la que se está jugando de forma tremendamente peligrosa de cara a su futuro. Pero claro, paralelamente a la Educación de nuestros/as jóvenes en materia de Enseñanza, debe estar la formación de padres y madres para coadyuvar en esa educación integral de estos jóvenes.

 Muy pocos han oído hablar de esfuerzo, responsabilidad, compromiso para con ellos mismos y para con la sociedad y un sinfín de valores humanos imprescindibles para construir en un futuro “su sociedad” porque será la suya, ya que nosotros pasaremos a una segunda fila en la toma de decisiones cuando ellos sean adultos.

 Muy pocas veces nuestra juventud ha podido mirarse en el espejo de una sociedad adulta, porque en demasiadas ocasiones,  nosotros carecemos de esa adultez tan necesaria para ser ese espejo en el que ellos se miren. Pocas veces se les habla a los chavales del peligro de la competitividad, si no se ejerce sanamente, de lo peligroso de subir escalones humanos, de compañerismo, de amistad, de la satisfacción que da el esfuerzo, del valor de subir la escarpada para llegar arriba. De que una vez arriba, en la cima, nos quedará más que nada, la satisfacción del compromiso personal, del gusto por lo bien hecho, de la autenticidad, de la transparencia… y de mil cosas más.

Muchos docentes, aún con el dolor de esa bofetada en el alma, han  intentado olvidar el dolor y centrarlos, no en teorías, sino en la esencia de la vida. Han visto siempre en la gente menuda sentada en los pupitres, a sus propios hijos, a los que a veces, en momentos determinados, nos ha importado más, transmitir la esencialidad de la vida, que la materia concreta en el aula, porque hacen de padres y madres, ante lamentables situaciones, muchas, en que los chavales andaban totalmente perdidos.

Nos hemos sentido queridos por la inmensa mayoría de los alumnos y alumnas. En las clases, a veces y en casos concretos, ha importado menos la asignatura, que el dialogar con ellos de sus problemas, de sus inquietudes, de sus aspiraciones, de sus curiosidades. Muchas veces han convertido las clases, en coloquios sobre sus intereses, y no les ha importado. Han logrado, sacar del instituto, seres adultos a los que además se les ha dado la asignatura con contenidos sobrados para  el momento que se fuesen a estudiar una carrera y tampoco han decepcionado al profesorado. Unidos químicamente a ellos, había que enseñarles a pensar, a razonar, a deducir, a plantearse si se habían ganado ese día el plato de habichuelas que sus madres ponían en la mesa. Porque los bienes no caían del cielo como el Maná, sino que eran el producto del esfuerzo de sus padres y ellos tenían que contribuir a esa riqueza en el hogar con sus responsabilidades en el estudio, porque éste, el  estudio, era la hucha en la que tenían que introducir sus conocimientos y sus valores humanos para ser abierta el día de mañana, cuando les hiciese falta.

Muchos docentes, sin apoyo alguno de la Administración, se ganan la Autoridad en el aula a base de esfuerzo y cercanía con el alumnado, haciéndoles ver que esa cercanía y cariño hacia ellos, tenía que tener una idéntica respuesta… y los chavales lo entendían. Muchos han puesto toda la carne en el asador a pesar de las bofetadas recibidas, tanto de la Administración Educativa, como de la propia sociedad…pero son gente vocacional de su trabajo…. Mucha gente, más de lo que se piensa.

 La mejor y mayor recompensa que un docente puede tener, es sentirse todavía reconocido en el trabajo por su alumnado, aún a pesar del paso de los años.

Con los desatinos dogmáticos de la Administración Educativa, muchos se han puesto esos desvaríos por montera, centrándose en su trabajo, en su compromiso con los chavales, porque era lo que importaba. Y eso ha salvado en parte los resultados de ellos, como estudiantes y personas.

Han  sido recompensados por su cariño y reconocidos, y a pesar de cómo está el patio, al final lo que cuenta es lo que cuenta, que es el cariño y la satisfacción de haberse entregado absolutamente.

Y me pregunto: ¿Todos estos que imponen las Leyes Educativas, sin admitir otras opiniones… habrán disfrutado de este trabajo? Quizá sean gentes frustradas o ególatras, narcisistas que construyen su pirámide para ser recordados. Mejor dicho, mal recordados por su ceguera egocéntrica.