Estamos en plena feria, llega el momento de dejar de lado tantas preocupaciones ciudadanas y tratar de pasar unos días de diversión, de encuentros y reencuentros, con buena cara y buenos deseos, haciendo que de alguna manera todo ello repercuta en la economía y en el ánimo para continuar. Aunque continuar ¿qué? Es verdad, antes sabías que la actividad continuaría, había casi un antes y un después, la Feria significaba una despedida de un verano casi inactivo, se vivía en un oasis lúdico en el que se quemaban los últimos cartuchos porque la buena casualidad hace que nuestra feria termine con agosto y septiembre empiece limpio. Ahora nuestros ánimos no son los mismos, pero nunca es lo mismo en nada, pero así se avanza.

Yo me acuerdo que me iba muy temprano el día 28 a comprar el periódico, había hasta que encargarlo de lo que se leía,  porque solía traer la felicitación, o saluda, ciudadana del alcalde junto a una especie de memoria de lo pasado y proyectos para el futuro. Y te enterabas de lo que se había hecho y de lo que quedaba por hacer. Ahora sucede que las palabras escritas lo aguantan todo pero que ni escarbando encuentras algo concreto que al menos ilusione, casi como predicar en el desierto y como dice una frase que he aprendido este verano:”De qué te sirve ser lo más maravilloso del mundo, tener una resistencia y un empuje digno de encomio, si estás en un desierto”. Sugiero que la adoptéis porque sirve para todo y en todo. Pero también me gustaba ver a cada persona que de alguna manera ejercía alguna actividad, cultural, deportiva, política, social… y hacía su balance, y los escritores creábamos nuestro “cuento de feria” y se veía la variedad de nuestra sociedad, una sociedad plural y versátil, que luego se encontraba por el Paseo de Linarejos y se saludaba, se reconocía y se deseaba suerte, porque ya sabíamos lo que se pensaba. Otro año escribí sobre el minero “roto”, sus dos lados. Fue de antología, tal vez un día os lo reproduzca aquí. Ahora le toca al león.

Yo me acuerdo de haber escrito un artículo llamado “la otra feria” en el que me fijaba también en esas horas tempranas, ya en medio del silencio y el riego, en los feriantes, hacinados en sus furgonetas o camiones, esperando un nuevo día de trabajo. Me fijaba en las personas que iban a la rebusca de algún céntimo o peseta que se hubiera caído. Me acordaba de la cantidad de famosos que venían, de los toros que era un espectáculo, de los tenderetes… Me gustaba pasear temprano algún día para observar todo eso. Ahora de lo que más me acuerdo es del Paseo, que ya no luce claramente como antes. Era cálido. Ahora no es que esté mal el recinto ferial pero siempre me ha parecido un guetto, como en todas las ciudades, en el que agrupar a los que tienen ganas de feria, dejando al margen a los demás que no tuvieran ganas de la misma. Hay que ir ex profeso, no te la encuentras de otro modo. Siempre me ha parecido que es algo ficticio, que no mola o que no se disfruta igual, como decir: “Ea, los que quieran divertirse para allá, los demás para el otro lado”. Como cuando te escondes para fumar. No me gusta fumar ni tomar una caña a solas, porque perece que es que tienes que hacerlo y eso te hace más consciente de las adicciones. Pero ese es otro tema.

En fin, el caso es que seguimos, no tenemos por qué ir a peor. Por ahí va el saluda del alcalde este año, no hay más, qué le vamos a hacer. Y es una pena pero… “caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Andemos, pues. Lo deseo. Y divertíos, nos van a dar lo mismo.