El día 29 de noviembre de 2012, Palestina fue aceptada como “Estado observador no miembro” de la ONU, con 138 votos a favor, 9 en contra y 41 abstenciones.

Está muy lejos de quedar reparada con ello, la  injusticia histórica de la que fue víctima desde hace 67 años, cuando, en 1947, creó el Estado judío y le asignó más de la mitad de las tierras palestinas, sin contar en absoluto con sus habitantes.                                                                                              í

Quisieron reparar la injusticia de la que los judíos habían sido víctimas en la II Guerra mundial. Un mal parche para ojos que no veían.

Desde entonces, Palestina es extranjera en su tierra y expulsada de parte de ella. Desde entonces, la sangre y las lágrimas de sus hijos, no han cesado de correr por esa árida tierra. El gobierno israelí, está generando mártires de los que se alimenta el integrismo yihadista.

El pueblo hebreo no puede ni debe identificarse con la arrogancia y el oprobio de sus dirigentes.  Benjamín Netanyahu y todo tu gobierno: ¿A dónde estáis conduciendo a vuestro pueblo, tan admirable por tantas cosas?

Israel, ha sido el Abel de la historia, y vosotros lo estáis convirtiendo en Caín para con sus hermanos palestinos. Habéis sido errantes y apátridas durante miles de años, sí, pero ahora estáis condenando a millones de palestinos a ser errantes y apátridas como fuisteis vosotros. ¿No dice vuestra Torah: “No oprimáis al extranjero, pues vosotros fuisteis extranjeros”? (Ex 23,9).

Tras la votación de la ONU, en el mismo lugar en que el mundo os reconoció el derecho a poseer una tierra donde vivir en paz, hemos oído de vuestros labios declaraciones de soberbia: “No nos importa cuántos dedos se levanten en la ONU a favor de Palestina o contra nosotros. No cambiará nada”. Y acto seguido  anunciasteis la construcción de 3.000 nuevas viviendas en tierras, robadas a vuestros hermanos palestinos ¿Era acaso un alarde de seguridad y de poder?

No, era una exhibición del miedo y de la impotencia que no queréis reconocer. No viviréis en paz mientras no reconozcáis lo que todo el mundo ve, incluso vuestros mejores aliados, que ya empiezan a dudar.

¿A dónde vas, Israel? Yaser Arafat, con sus luces y sus sombras, reconoció la legitimidad de vuestro estado, exponiéndose a la incomprensión y la hostilidad de los suyos. Pero lo hizo.

Reconoced también vosotros, el derecho de los palestinos a vivir en esa tierra, que es la suya, tanto o más que la vuestra. En esa tierra vivían sus antepasados, cuando la conquistaron los vuestros hace 3.000 años. En vuestra Tanak, nuestro Antiguo Testamento, la Biblia, se narra cómo vuestros antepasados, liderados por Josué, se fueron apoderando de esa tierra y de sus ciudades-estado. Se nos narra cómo, por orden de “Dios” y con su ayuda, conquistaron la antigua Jericó, y leemos: “Consagraron al exterminio todo lo que había en ella, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, bueyes, ovejas y asnos, pasándolos a cuchillo” (Jos 6,21).

¿En esa historia de violencia y exterminio queréis fundar vuestro derecho a vivir en esa tierra? Y vosotros, los que os decís practicantes religiosos, adoráis a ese “dios de la venganza” como Dios de la Justicia y de la Vida.

Es vuestra tierra, pero tanto o más lo es también de los palestinos. En ella vivían sus abuelos y sus padres y ellos mismos, cuando la ONU os la dio a vosotros hace 67 años. Vosotros veníais de una gran catástrofe: el Holocausto nazi, la Shoah. Reconoced que vuestra llegada fue también una catástrofe para ellos, los palestinos.

No obstante, y por difícil que sea, alguna solución debe existir para todos. De alguna manera debéis vivir en una tierra compartida o repartida, y es lo que acordaron vuestros representantes y los representantes palestinos en Oslo en 1993: dos estados con las fronteras anteriores a las ocupaciones que vuestro ejército llevó a cabo en el año 67. Pero vosotros, con Ariel Sharon al frente, con una estrategia suicida tan opuesta y tan afín a la vez, a la estrategia suicida de los palestinos más violentos, habéis dinamitado sistemáticamente aquellos acuerdos de Oslo, con el asentimiento y el apoyo incondicional de los EEUU, que entre 1972 y 2011 han ejercido en más de 30 ocasiones su vergonzoso derecho de veto, contra resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a favor de Palestina. No teníais la fuerza del derecho, sino exclusivamente la fuerza de las armas y del dinero. ¿A dónde vas así, Israel?

¿A dónde queréis conducir a vuestro pueblo matando a los niños junto con sus madres, matando 100 palestinos por cada judío, robando sus tierras y sus aguas, arrancando sus árboles, destruyendo sus cosechas? ¿A dónde queréis conducir a vuestro pueblo con esos insolentes y perversos asentamientos y ese muro de la infamia que hacen imposible la existencia de Palestina y la vida diaria de los palestinos, que  deja incomunicadas a sus familias y casas, sus ciudades y aldeas y todas sus tierras?

La  resolución no vinculante emitida en 2004 por la Corte Internacional de Justicia que declaraba ilegalidad del muro e instaba a su total desmantelamiento.

¿A dónde conducís a vuestro admirable pueblo? Estáis deshonrando vuestra historia, llena de terribles sufrimientos y de fantásticos méritos.

Estáis ofendiendo la memoria de vuestros antepasados perseguidos a lo largo de la historia, a los millones de hermanos vuestros torturados hasta la muerte en campos de concentración, asfixiados en cámaras de gas. Estáis arruinando la admirable aportación de vuestro pueblo a la cultura universal, a incontables pensadores, científicos, poetas y artistas de vuestra etnia y tradición. Estáis dilapidando las formidables razones históricas de vuestro pueblo. Vosotros, dirigentes israelitas, sois el peor enemigo de vuestro pueblo, su mayor amenaza.

“Tenemos derecho a vivir seguros en nuestra tierra”, decís. Sí, tenéis derecho a vivir seguros, y nadie lo debe negar.

Pero ¿no veis que vuestra política arrogante y de muerte, es la mayor fuente de vuestra inseguridad?Nunca tendréis seguridad mientras no desmanteléis vuestros asentamientos, derribéis el muro y os retiréis a las fronteras reconocidas por la ONU en 1947.

Innumerables mujeres y hombres, intelectuales, escritores y artistas de vuestro pueblo lo saben y os lo recuerdan. Escuchadlos.

Escuchad a Yael Dayan, hija del temido general Moshe Dayan, vencedor de la guerra de 1967, cuando tras la votación de la ONU, declaró: “Es una lástima que Israel no sea lo bastante sagaz para hacer de esta situación una gran oportunidad. Creo que Israel debería ser el primer país en votar a favor de la resolución”.

Volved a leer en vuestra Torah la historia de vuestro padre Abraham: fue un arameo errante, vino de Irak a Palestina.

Volved a leer en el profeta Isaías: “No alzará la espada pueblo contra pueblo, ni se adiestrarán para la guerra” (Is 2,4). Volved a cantar en vuestros Salmos: “Desead la paz a Jerusalén. Vivan seguros los que te aman. Por mis hermanos y compañeros voy a decir: La paz contigo” (Sal 122).

¿A dónde irás, Israel? ¿A dónde te llevarán tus dirigentes, si de una vez no se dan cuenta de que vuestra seguridad y bienestar son inseparables de la seguridad y bienestar de vuestros hermanos palestinos? Porque con vuestra actitud, estáis favoreciendo la yihad integrista de gran parte del mundo islámico

Fuentes:

-Atrio. Tendencias de la religiones. Tendencias 21. José Arregui. Teólogo y profesor de la Universidad de Deusto.

-Cuadernos de Cristianism i Justicia. Fundación Lluis Espinal