Estamos viviendo momentos históricos y voy a seguir hablando de ello. ¿De qué sino? Y aunque sé que por el tema es echar más leña al fuego, no lo hago porque sea masoca, sino porque me apetece decir mi opinión como derecho y porque para bien o para mal, escribir es mojarse y yo me mojo con mi firma, que afronto, defiendo y proclamo. No se extrañe nadie de mi actitud, que es muy personal, yo tampoco suelo extrañarme de otras. No es cuestión de extrañezas, es cuestión de libertad y respeto.

Cuando esto escribo, escucho lo que va sucediendo en la sesión parlamentaria en el  Congreso de los Diputados con respecto a la abdicación del rey. Tengo una cosa clara y es que, como casi siempre,  mezclamos churras con merinas. Debatimos cosas siempre en caliente y tendemos a no ir por orden, el orden de que un día sucede a otro. Pues bien, hoy es el primer día histórico que está en el borde de la página que empezamos a pasar.  Hoy es el primero de quizá unos cuantos que nos quedan que protagonizar. Hoy se tiene que aceptar, o no, ese deseo de nuestro Jefe del Estado sobre pasar el relevo. Hoy no se debate en el Parlamento, en la calle sé que no nos atenemos a esto, si queremos monarquía o república, hoy es si aceptamos esta abdicación. Y hay que decir sí o no, de momento nada más que eso, dentro de unos días será la proclamación como Rey de Felipe VI y también habrá que decir sí o no. Nada más que eso según la Constitución. Todo lo demás, para poder debatirlo, habrá de pasar por unas reformas a todos los niveles a las que también, en su momento, tendremos que decir sí o no.

Se abre una etapa apasionante que, se derive por donde se derive, irá por donde la mayoría decida, esa es la grandeza de tener una Constitución que regule la convivencia democrática. Somos soberanos, tenemos la decisión expresada en las urnas y no podemos olvidar que esta está en el Parlamento. De ahí la importancia del voto, de ejercer nuestro derecho a través de él. Así  tendremos lo que decidamos y todo por orden, una renovación debatida. Y cada caso en su momento. Hoy se le dará la aceptación al Rey en lo que ha decidido. Otro día será otra cosa. Pero por orden.

Pues bien, con eso quiero decir que empezamos una nueva andadura y que el nuevo rey como reinante, no gobernante, el nuevo Jefe de Estado, puede ser el garante de una estabilidad en la que se puedan acometer todas las reformas necesarias, unas reformas que tienen que pasar por todos. El rey no es el problema, como yo lo veo, los problemas son todos los demás. Y tenemos muchos. Tal vez, y si así lo desean los partidos, en los programas electorales deba de ir la reforma de la Constitución para poder optar por una república. Yo, como demócrata, lo aceptaría y lo estudiaría. Y estudiaría qué clase de república se preconiza por parte de cada uno, qué modelo elegiríamos, si las repúblicas europeas, norteamericanas, latinoamericanas, asiáticas, o incluso africanas. O por lo que se está diciendo hoy, que se preconizan dos: la vasca y la catalana. ¿Cuál elegiríamos? Hay infinidad de repúblicas y me gustaría saber las preferencias de cada cual porque la bolivariana de Chávez también suena por ahí. Un lío, de momento, y creo que hoy no estamos para eso, no está esto en primera línea de preocupación de la generalidad de los españoles, está el paro, la corrupción, y etc.

Los parlamentarios siguen hablando, cada cual arrima el ascua a su sardina, yo lo escucho con respeto o con aguante cuando se cuela una demagogia que otra. Insisto que el caso es que hoy sólo habrá que votar una cosa, pero bueno se ha podido hablar de nacionalismos, desahucios, paro, incluso hablan quienes no creen ni valoran al rey anterior pero quieren dar consejos al  venidero en vez de desearle suerte y mostrarle apoyo. Proponen muchas preguntas, auguran muchas autorrespuestas, se limitan al localismo, generalizan lo particular, dan lecciones de democracia, ofenden para defender, algunos hablan de lo que no saben porque no estaban, tergiversan la historia, tienen un discurso agresivo y proclive  a los terroristas, como proclama ahora mismo Amaiur, que no cree en nosotros y encima nos habla… Otros sólo desean cosas para ellos, no piensan en un país general, sólo en “su” país…   ¡Qué discursos, algunos, por no decir otra cosa, más anticuados…!

Bien, tengamos paciencia, que no tolerancia general, hay cosas no tolerables. Pero bueno, yo creo que muchos tendremos paciencia, reflexión, responsabilidad y calidad democrática. Los que podamos. Los que sabemos. Los que queramos. A partir de ahora también tendremos lo que nos posibilitemos. Empecemos a trabajar para ir cambiando cosas, que hay que hacerlo, pero todas y una detrás de otra. Vale. Pero hay que hacerlo  a través de los votos en los que estaremos todos. Y todas. De momento y con lo que tenemos democráticamente un 87% ha dicho si. Sigamos.