Los políticos que han exigido sacrificios, no han tenido la decencia de renunciar a sus privilegios y a pesar de ello, la gente ha comenzado a creer, desbancando algo tan peligrosamente  instalado en la sociedad durante años, como ha sido la generalización de la indiferencia o del miedo a cualquier cambio.

Días atrás, alguien me decía eufórico, que había comenzado de nuevo a creer, a tener esperanza, que había vuelto a nacer, después de los resultados electorales, porque había subido  IU plural, UPyD  y también habían emergido EQUO, PODEMOS, PACMA, etc.,   y que extrapolado esto a unas nacionales, si esta gente sabe mover ficha, sí que sería el Armagedón definitivo para el bipartidismo de la social democracia y la derecha.

 Maimónides, hablaba ya en el 1200 d.C,  de la fe y la razón, de lo que creemos que es verdadero y lo que podemos demostrar que lo es. Este filósofo, médico y rabino judío,  de Al-Ándalus, escribió la “Guía de los perplejos” quizá lo mejor de su pensamiento.  Y algo parecido, es lo que han hecho  los partidos minoritarios, compañeros de campaña. No se sabe cómo lo han hecho, pero muchos hemos sabido reconocerlo cuando estaba  ante nuestros ojos;  de ahí, el éxito de centenares de miles de personas,  millones de personas, que viéndolo claro, han dado un salto, no al vacío, como algunos dicen y quisieran, sino un salto a la Esperanza, porque hemos cambiado nuestro voto hacia este fenómeno social y político… porque hemos decidido creer de nuevo. Ahora falta que esta gente que suponemos honesta, no nos la juegue.

La fe, es creer en algo, para que este algo, contribuya a complementar y dar sentido a nuestra esperanza, a nuestra vida, porque muchos, estamos realmente hartos.

Quien es mísero para dar, también lo es para recibir, incapaz de apreciar el regalo, grande o pequeño, hecho desde el corazón.

No es el caso de estos partidos minoritarios, que son grandes al mismo tiempo, porque en ellos se respira honradez, porque no se han acomodado.

Hoy, estos pequeños partidos, que  han recibido el regalo de la confianza en las urnas, han sido agradecidos y quienes han recibido un regalo  inferior a lo que esperaban, han sido lo contrario.  Y es que la vida es así de puñetera. Quien está acostumbrado a recibir, si alguna vez no recibe en la medida que espera, condena a quien regala.

Hay  demasiada  miseria, hambre física y espiritual,  en un mundo, en que la balanza se vuelca cada vez más, a favor de los más canallas… y eso me impide a veces conciliar el sueño.

Creo en el ser humano, a pesar de lo jodido que está el patio. Creo en los valores humanos. Creo en la decencia y honestidad de la gente, porque estoy en la permanente búsqueda.     Creo en la sonrisa franca. Y creo que más pronto que tarde, nuestra Humanidad, será por fin, realmente Humana.

El mundo camina indefectiblemente hacia esa ética mística, hacia esa moralidad y espiritualidad solidaria, concretada con el que sufre.

¡Cuánto nos perdemos al ignorar la sencillez de las cosas!  Creo en todo lo sencillo, es más, tengo necesidad de ello. Y es que muchas veces nos perdemos en los avatares de la vida, dejando pasar, acaso inconscientemente, lo realmente importante.

Tenemos una necesidad  imperiosa  de creer en el otro, porque hay mucha gente honesta en esta vida, y  porque merece la pena vivirla así, confiando, esperando, siendo fieles en primer lugar, a nosotros mismos, porque nuestra vida, no es sino el comienzo aquí y ahora de una Vida plena. Que no es un antes y un después, sino un lógica continuación de lo que es hoy… así,  hasta el infinito. Pero es aquí y ahora cuando debemos de llenarnos de ese infinito.

Tenemos la necesidad de creer en nuestro propio país, en nuestro propio pueblo, en nuestra propia España, porque el pueblo español, tiene muchos valores y uno de ellos es la tolerancia. Somos un pueblo tolerante, somos un pueblo paciente, pero no idiota.

Ha de darse un proceso constituyente, que el pueblo hable y con ello, una nueva Constitución, en la que todos expresemos nuestro modelo de Jefatura de Estado entre otras cosas. Porque la actual Constitución, fue aprobada velis nolis, sí o sí, con miedo a una regresión,  ya que no había otra alternativa… como las lentejas.

Hay cosas mucho más serias y urgentes a las que atender, como es el sufrimiento, la desesperación y la pobreza de tantos españoles. Los males sólo se arreglan poniéndonos todos en la tarea de construir la solidaridad entre las gentes y los pueblos, dejándonos de pisar alfombras, dejándonos de sentar nuestras desvergüenzas en ampulosos sillones aterciopelados, dejándonos de falsedades. Es difícil, pero hay que arrancar de una vez por todas. Lo creo firmemente.