El viernes 30 de mayo, se cerró el segundo mes del FIMAE’14 con un estupendo concierto de canto y piano a cargo de Rosa Mateu (soprano) y Anna Ferrer (piano), dedicado íntegramente a la música española.

Anna Ferrer nació en Girona. Actúa habitualmente en recitales formando parte de grupos de cámara. Ha actuado en toda Europa y en Asia, participando en los más prestigiosos festivales. Paralelamente ha realizado una destacada actividad pedagógica en el Conservatorio de Girona, donde durante 12 años dirigió el Departamento de Piano y de Música de Cámara.

Rosa Mateu Sacristán nació en Vilassar de Mar (Barcelona). Sus actuaciones en Europa, Rusia, Estados Unidos y Sudamérica han sido aplaudidas tanto por el público como por la crítica.

En el concierto titulado “Canción española y Zarzuela” interpretaron completos dos grandes ciclos para voz y piano. Para comenzar la primera parte, las Cinco canciones negras del catalán Xavier Montsalvatge. Cinco canciones negras es una de las obras más conocidas de este autor. Compuestas en 1945 para voz y piano y orquestadas en 1949, desprenden gusto antillano en la música como también en los textos, de poetas como Rafael Alberti o Nicolás Guillén. Como comienzo de la segunda parte, las celebérrimas Siete canciones populares españolas del genial gaditano Manuel de Falla; además de una selección de canciones para canto y piano de Enrique Granados; y tres de las cinco piezas que componen el ciclo de Poemas en forma de canciones del sevillano Joaquín Turina.

Finalizaron el concierto con dos piezas de zarzuela española: La Canción de la Paloma de F.A.Barbieri y De España vengo de Pablo Luna.

Las Canciones Negras fueron estrenadas por Mercé Plantada en 1.946 en el Ateneo Barcelonés, y dedicadas, entre otros, a Conchita Badía y a Lola Rodríguez de Aragón, la que sería años después maestra de Teresa Berganza. La acogida de la crítica fue muy favorable, y el consiguiente ascenso meteórico de esta serie de canciones, impresionante. Significaron la consagración de Xabier Montsalvatge como compositor.

La lectura que de estas piezas hizo Rosa Mateu fue de una gran sensibilidad y rigor técnico. La pianista Anna Ferrer propició con un acompañamiento esmerado la comodidad de la cantante.

A continuación, la selección de piezas de Enrique Granados comenzó con tres piezas (Callejero, el Tra la ra y El Punteado, y el Majo Discreto) extraídas de Colección de tonadillas escritas en estilo antiguo sobre textos de F. Periquet; y continuó con Canto Gitano, y No lloréis esos ojuelos, perteneciente al ciclo de Canciones Amatorias. En estas obras Rosa Mateu hizo gala de una interpretación enérgica, llena de notas altas, sin estridencias y con cierta predilección por el registro medio, especialmente en las notas susurradas.

Concluyó la primera parte con tres de las cinco piezas que componen el Poema en forma de canciones de Joaquín Turina(Cantares, Los dos miedos y Las locas por amor). Poema en forma de canciones, Op. 19, fue ideado en su concepción original para canto y piano en 1917. Bajo esta forma se estrenó en el Teatro del Casino de San Sebastián el 15 de septiembre de ese mismo año, por la soprano polaca Aga Lahowska. Se trata del ciclo vocal más popular de Turina, algo a lo que no resulta ajena la sinceridad de sus compases amables y la agradecida línea vocal. Sobre la aparente falta de relación entre cada una de sus cinco páginas subyace una clara unidad de sentimientos. De hecho, como explicaba un texto incluido en el programa de mano del estreno, “cada pieza describe un estado del alma, desde un pesimismo casi desesperado al optimismo desenfrenado y casi inconsciente”. Fueron interpretadas con gran claridad expresiva y riqueza tímbrica por parte de la soprano, y excelentemente acompañadas por la pianista.

En la segunda parte, con las Siete piezas populares españolas, que son otro de los grandes ciclos creados para canto y piano, cerraron el apartado de la canción española para pasar a las dos piezas de zarzuela, que fueron las conocidas La Canción de la Paloma de Barbieri y De España vengo, de Pablo Luna. Estas piezas encantaron al público, que exigió dos bis:  Zapateado de la Tempranica y Azulão (canción popular portuguesa).