A tal fin, hoy por la noche, casi de madrugada, e imbuido de silencio, me he puesto música, de Robert de Visée, cuyos efluvios melódicos y armónicos, han dado rienda suelta a mis pensamientos, para escribir este artículo. Porque cuando la mente baraja sentimientos y experiencias en tropel, las teclas del ordenador actúan solas.

Con que una sola persona me entienda, me doy por satisfecho. Es fácil escribir de los demás, pero muy difícil, hacerlo para los demás y hacerlo, acertadamente en un espíritu constructivo. Es el canto del pájaro, que canta, no porque tenga una afirmación que hacer, sino porque tiene un canto, algo que expresar…dice Tony de Mello en su libro titulado  “El canto del pájaro”

La vida, es una continua satisfacción que nos da la búsqueda, pero lleva aparejada paralelamente, un continuo riesgo. Porque quien busca, corre el peligro de encontrarse con algo no deseado, que incluso puede hacerle daño. Pero esto es como en la mili, que el valor se supone. Y quien se expresa públicamente, corre el riesgo de ser incomprendido, criticado, anatemizado.

Este es un artículo acerca del conocimiento y de la búsqueda. Yo, como la incomprensión, la crítica y el anatema, los tengo asumidos….  no me preocupa en absoluto, aún cuando alguien lo haga con cajas destempladas.

Dice el poeta: “Al cabo, nada os debo/ Me debéis cuanto escribo/ A mi trabajo acudo/Con mi dinero pago”. Pues eso…  si hay cosas mejores que leer, no pierda nadie, su tiempo en esto.

Vivimos en una sociedad sin esperanza y sin espíritu de búsqueda, con miedo al conocimiento interior y exterior, miedo a la utopía, que está para caminar hacia ella… porque la utopía no está en otra dimensión, sino en un espacio absolutamente humano.  Quizá porque esa búsqueda lleve a encontrarnos en primer lugar con nosotros mismos.

Y conocernos a nosotros mismos, a veces es decepcionante,  pero imprescindible para el primer escalón, de una sinergia que no todos estamos acostumbrados a valorar ni a vivir, en el momento que entra en escena el ”otro”. Aunque bien es cierto, que muchos que se introducen en el camino del conocimiento, ya se hayan encontrado con sí mismos, se hayan conocido a sí mismos.  Porque cuando ésta búsqueda, se impregna de esperanza, este tándem, hace que nos sintamos vivos.

“Cuando cada tarde, se sentaba el gurú para las prácticas del culto, siempre pasaba por allí el gato del Ashram distrayendo a los fieles. De manera que el gurú ordenó atar al gato para que no distrajera a los fieles durante el culto. Después de morir el gurú, seguían atando al gato durante las oraciones. Y cuando el gato murió, llevaron a otro gato para seguir atándolo durante el culto.

Años más tarde, los discípulos del gurú, escribieron doctos tratados,  sobre la importancia del papel que desempeñaba el gato, en la realización de un culto como es debido”

Somos maestros en distraer lo esencial y quedarnos en la superficie, porque nos dan miedo nuestras propias profundidades. Somos maestros en colocar patrones, etiquetas, rígidas medidas para encasillar, catalogar, clasificar y cosificar a los demás. Pero eso sí, … ¿quién es nadie para encasillarme a mí? ¡Hasta ahí podíamos llegar!

Importa sobre todo, la galería, la apariencia de lo que no somos, porque tenemos miedo a los demás, a mostrarnos tal como somos, con nuestras grandezas y nuestras miserias y ese miedo nos impide realizarnos con la plenitud de auténticos seres humanos.

Hay  gentes, que no conocen más mundo que en el que viven (Mito de la Caverna) y consideran que no tienen nada que aprender de las personas con las que hablan. Lástima por ellas.

“Nasruddin llegó a ser el primer ministro del rey. Por primera vez en su vida, vio un halcón real. Jamás había visto semejante clase de “paloma”, así que tomando unas tijeras, cortó con ellas las alas, las garras y el pico del halcón diciendo: Ahora pareces un pájaro como es debido, porque se ve que tu cuidador, te ha tenido muy descuidado”

Tenemos un sentido moldeador, modelador, de la otra persona, sin dejarle ser ella misma. Si aún a pesar del afecto hacia esa persona, no logramos adaptarlo a nuestros propios clichés, entonces esa persona no nos vale y la borramos de nuestra nómica de amigos. Lástima.