Tras el Domingo de Resurrección.

Por fin, se aclaró dónde estaba la mentira y quién transitaba en la búsqueda del encuentro con la Verdad. Por fin, la cultura de la muerte fue vencida por la cultura de la Vida, por la cultura del Amor…

Por fin, podemos enfrentarnos a la muerte y a todos cuantos la fomentan en todas sus formas.

Hay que cuidarse de quien no canta a la Vida, porque algo esconde… dice en una canción Facundo Cabral.

Domingo de Resurrección, es el día de la Liberación, de todos aquellos que, como Jesús, siguen siendo maltratados y crucificados por la injusticia, por el hambre, por la falta de trabajo, por la incultura, por la enfermedad, la violencia, el terrorismo, la discriminación sexual… maltratados por aquella gente poderosa de comunión diaria, que generan un infierno a los demás y sus familias.

Guardaos de los sabios a quienes les gusta andar con vestiduras largas y recibir saludos en las plazas, y los primeros asientos en las sinagogas y los primeros sitios en los banquetes; que devoran los bienes de las viudas fingiendo rezar mucho: ésos recibirán mayor condena.

¡Ay de vosotros escribas y fariseos, hipócritas, que devoráis las casas de las viudas y hacéis por aparentar largas oraciones!

A pesar de todo Jesús ha resucitado, y es posible la Esperanza. El gran regalo de la Pascua es la Esperanza; la Esperanza que nos hace tener esa Confianza, en ese Ser Cósmico de infinito Amor.

Pero la Esperanza no la podemos convertir en algo intimista y estático, sino que ha de ser dinámica, estar impregnada de acción.

Porque la Pascua, significa liberación de la esclavitud, fiesta, buenas noticias para todos los hombres y, de una manera especial, para todos cuantos sufren y/o  intentan seguir el pedregoso camino que anduvo el Maestro, a quien destrozaron hasta lo indecible.

Esta sociedad camina lenta, minoritaria, pero indefectiblemente y con Esperanza, hacia la Espiritualidad, en el amplio sentido de la palabra, en el amplio sentido, de la aceptación y el respeto, de cualquier pensamiento y sentimiento, creyentes o no, porque muchos, a pesar de lo tortuoso del camino, somos conscientes, que sólo desde esa Espiritualidad, desde esa Confianza-Esperanza, podremos hacer realidad un mundo nuevo, libre de adherencias esclavizantes. “Vosotros sois la sal de la Tierra y si la sal se desvirtúa, con qué se salará” (Mt 5, 13)

Todos recorremos un camino, y en su final, en ese final, tendremos que preguntarnos sobre nuestra decencia y  honestidad, y si hemos deseado y propiciado el encuentro, si nos hemos vaciado de nuestro yo, para con los demás.

Muchos  seres humanos, no tienen un sentido global de su existencia, y lo comprobaba este pasado Domingo, hablando con una persona, buena persona por cierto, que su vida la circunscribía exclusivamente a su familia, porque “lo demás estaba podrido” Y no se puede pedir nada a quien sufre… Hay que estar a su lado.

Hay  mucha gente, que vive hibernada, esperando que algo o alguien, la saque de su hibernación, de ese letargo, de ese mal sueño…

Somos nosotros mismos quienes hemos de levantar el vuelo y propiciar el encuentro con el otro y ayudar a los demás también a que levanten ese vuelo.

Hemos de conseguir ver, que nuestra clave existencial, está en la relación  con el servicio a los demás. Porque somos viajeros en un mismo navío, que es el mundo.

Nos pasamos la vida, en una continua apariencia de lo que no somos y olvidamos la asignatura fundamental que esta vida nos ha encomendado, que simplemente, es mirar a nuestro interior, para proyectarlo hacia fuera, a los demás, sin dejarnos atrapar por falsas imágenes y falsos ídolos, que lo único que consiguen es apartarnos radicalmente de una existencia absolutamente humana.

Muchos países, que Occidente considera subdesarrollados e incultos, tienen un sentido de lo que es el compartir que para nosotros lo quisiéramos.

Eso lo hemos vivido nuestra familia en el Sáhara, durante bastantes años, porque allí, en la miseria más absoluta, miseria que muchos hemos vivido y compartido in situ con ellos, no tienen ni comida, ni medicinas, pero tienen todo el tiempo del mundo y toda la generosidad del mundo.  Y la verdad es que continuamente se nos olvida que venimos del mismo sitio y que iremos a parar también al mismo agujero. Curiosamente, cuanto más poseemos, más egoístas somos.

Dice el Gran Gabo, el genial escritor colombiano Gabriel García Márquez, entre otras cosas…. “…porque la felicidad no está en llegar a la cima, sino en subir la escarpada…”  “¡Cuántas veces he deseado coger tu mano y decir que te quiero y no lo he hecho”! ¡”Cuántas veces quise decir, lo siento y no lo hice”! ¡Cuántas veces te vi que me buscabas y no supe estar contigo!

Éstas, entre otras cosas, forman parte de la felicidad de la vida, del encuentro con la vida

Y entonces, en absoluta plenitud, podremos ver cuánto hemos Amado.