En estos días se viene celebrando, con actividades y exposición de libros en sus stands, la Feria del Libro. Me toca escribiros en el día que se dedica a los escritores y escritoras de nuestra ciudad bajo el título de “Linares escribe”, allí estaremos los que hemos publicado en este año anterior como muestra de que es verdad, porque es verdad que Linares escribe. También podría decir que Linares lee, y de forma pública,  sobre todo las mujeres de los grupos de lectura de la Biblioteca, sí, en general mujeres, la honrosa presencia de hombres es testimonial, para las mujeres la cultura de leer es una asignatura que cumplen a la perfección. Se puede decir que leer no tiene sexo ni género ni casi condición, y lo puedo reconocer en lo tocante a la intimidad, pero en lo público y reconocido, lo hacen ellas, nosotras. Pero bueno, de todas formas leer es una fuente de enriquecimiento personal y social, una captura de momentos relajados, también es un trabajo, una ocupación, un recurso, un deber, diría yo, un objetivo, una intromisión en la cultura con mayúsculas. De todos y para todos. Y si Linares lee y escribe es una ciudad culta. Aunque esté por ver.

El oficio de quien escribe es ese inicialmente: leer. Después observar, crear, recrear y comunicar. En esa manifestación pública es en la que nos hermanamos todos los seres humanos porque hay perspectivas para todos, opiniones para todos, gustos para todos e igualdad y complementariedad para todos. Y todas.

Como digo siempre que la casualidad no existe, ha coincidido la muerte de un grande de las Letras hispanas y mundiales, como era y será Gabriel García Márquez, con el descubrimiento de otra grande de la Letras hispanas y mundiales, que es y será Elena Poniatowska. Gabo obtuvo el Premio Nobel pero no el Cervantes, Elena ha obtenido el Cervantes, aunque no el Nobel… de momento. Ambos tienen en su haber más de 50 obras constatables, ambos tienen multitud de Premios Literarios y Humanísticos, ambos eran periodistas y escritores, ambos latinoamericanos, ambos de habla hispana, ambos un orgullo para el mundo y en concreto para los hispanohablantes y leyentes.

Supongo que me sigue traicionando mi visión de mujer, algunos dirían que mi manía, yo diría que mi lucha por la equidad hasta que se consiga también en la Literatura. Porque es verdad que sabemos poco o nada de Elena Poniatowska,  la cuarta mujer en conseguir el Premio Cervantes junto a Ana Mª Matute, María Zambrano y Dulce Mª Loynaz, dos españolas y dos latinoamericanas en medio de 33 hombres desde que en 1.976 se instituyera este premio. No me extraña demasiado por la historia de olvido que llevamos pero también por la participación como jurado de la RAE en esta decisión, que actualmente sólo tiene 7 mujeres entre más de 40 hombres y sólo una mujer, Carmen Conde, la primera, estuvo entre los que ya no están que eran más de 50. Los datos y las fechas cantan, sólo hay que informarse y algunas mujeres indignarse. O trabajar por ello, no “dar la lata” porque hay algunas “latas”… que vaya.

Pero bueno, venga, las mujeres han leído y leen, las mujeres han escrito y escriben. Esa fue su manera de permanecer para que ahora podamos emerger preparadas, no hemos surgido como un geyser, aunque podría ser, porque también sabemos cuántas mujeres utilizaban seudónimos varoniles para realizarse como personas en igualdad, o cuántas eran utilizadas por nombres varoniles ya famosos literariamente. Sus obras están ahí, ya van saliendo. Nunca es tarde, ahora es ahora.

Siento, sí lo siento, tener que seguir informando de la cara oculta de la cultura con nombre de mujer, qué más me gustaría a mí que no hacerlo, pero estoy convencida de que la visibilidad es necesaria para que se haga justicia, ineludible diría yo. En fin, se van arreglando las cosas, en 2013 el Nobel de Literatura fue para Alice Munro y el Cervantes para Elena Poniatowska. Ni lo pondero ni nada, simplemente lo dejo ahí.

Que las lean y las disfruten. Yo eso estoy haciendo, yo también las desconocía.