El barrio de Santa Bárbara daba la bienvenida, en la tarde de ayer, a la Hermandad del Descendimiento y Penas, una cofradía que se vio sorprendida el año pasado por la lluvia a mitad de recorrido, pero que este Viernes Santo pudo procesionar, con total plenitud, por las calles de la ciudad. A las 17:15 horas comenzaba la estación de penitencia de esta hermandad, la cual presentó diversas novedades para esta edición.

Tras la cruz de guía, continuaba la Banda de Cabecera de la hermandad, un colectivo musical que, este año, cumple su 35 aniversario y cuyas bellas marchas anunciaban la llegada del cortejo procesional del Descendimiento. La mencionada banda destaca por los diferentes actos celebrados durante la Cuaresma, entre los que se encuentra el concierto de hermanamiento organizado, de forma conjunta, con la Banda de Cabecera de la Quinta Angustia, perteneciente a la cofradía del Santo Entierro.

Asimismo, otro aspecto reseñable de la Banda de Cabecera del Descendimiento durante la estación de penitencia fue el acompañamiento musical que ofreció a la Virgen de las Penas en el último tramo del recorrido, a partir de la Cuesta de San Pedro, en dirección a la parroquia de Santa Bárbara.

El carácter solemne de esta cofradía se dejó notar en todos los puntos de su itinerario. Con paso firme, el magnífico conjunto escultórico del Descendimiento, obra del imaginero cántabro Víctor de los Ríos, avanzaba por las calles linarenses bajo los sones musicales de la Banda de Cornetas y Tambores María Santísima de las Penas, de Úbeda. Dos de las imágenes del paso de misterio, las de Nicodemo y José de Arimatea, lucían ropajes nuevos este año.

El paso por Carrera Oficial fue uno de los momentos más destacados de la estación de penitencia, pues fue allí donde el paso de misterio procesionó con marchas compuestas por el músico linarense Alberto Escámez, siendo esto una forma de homenajear al precursor del estilo de cornetas y tambores. Asimismo, otra novedad de la cofradía este año fue la introducción de la figura del capataz general, encargado de coordinar las cuadrillas de costaleros de los dos pasos, unificando así el estilo a la hora de procesionar por las calles. En lo que respecta a María Santísima de las Penas, lució esplendorosa en su calvario, el cual fue llevado por 24 hermanas costaleras, aunque sin acompañamiento musical este año. Pese a ello, la Dolorosa volvió a reinar, con suma belleza, en la tarde noche del Viernes Santo linarense.

Texto: J.J. García Solano
Fotos: Ivan Flores Casasempere
Vídeo: Jordi Casasempere