Cuando se institucionaliza cualquier idea, religión, ideología, ya, sin darnos cuenta, hemos empezado por cargárnosla, por vaciarla de contenido.

Sigo pensando que deberíamos centrar esta Semana Santa, en el Jueves Santo, día por excelencia del Amor Fraterno y no en la rememoración de ese destrozo que hicieron con Jesús. Esa Cena es la base del cristianismo, que es el compartir. Jesús partió el pan y lo compartió.

La Semana Santa, no deja de ser un Auto Sacramental con sus fuertes orígenes en el Siglo de Oro (Lope, Calderón, Tirso…) en el que aparecen los Sayones, caricaturizando nuestra fealdad de alma y acompañando, como actores secundarios, al actor principal. Es interesante conocer las clases de Autos Sacramentales

Según Ignacio Arellano:

No voy a entrar yo, ni es propósito de este artículo, defender o atacar la S. Santa, porque no sería ecuánime. Pero sí que quiero resaltar la intolerancia de personas frente a pensamientos de otras, que no ven para nada esta S. Santa.

Si quienes atacan a las personas que desean una laicidad real en España y que hacen públicas sus opiniones, leyesen e interiorizasen más el Evangelio, no darían respuestas tan enervadas, porque…  ¿de quién es la pasión?

Yo aprendiz de cristiano, convivo en mi tiempo con mis propias contradicciones. Deseo que esta exaltación popular de la Semana Santa, siga creciendo en Linares con mayor vigor cada año. No consigo reconocer al autor de este Auto Sacramental tan maravillosamente escrito; quizá sea todo un pueblo.

Paralelamente a esto, se agolpan en mi mente, pasando como un relámpago, multitud de sentimientos, procesados desde la razón, no desde la emoción, que producen en mí, un “agón”, un conflicto, que todavía no he sido capaz de resolver.

Estos sentimientos hechos desde una lectura reposada del Evangelio, hacia Aquel que hoy entronizamos, entran en pugna con las vivencias diarias que recogen mis sentidos. Y vienen inmediatamente las preguntas desde mi interior, desde ese “agón” que experimento:

¿Qué nos diría hoy al verle pasar?

¿Cuál sería el mensaje personal que daría a cada uno de nosotros?

¿Qué sentiría quien fue un testimonio vivo de Amor cuando negamos compartir lo esencial con los que tenemos junto a nosotros, ignorando su sufrimiento como hermanos?

Cuando el “joven rico” pregunta a Jesús :  ¿Maestro, que debo hacer para entrar en tu Reino? Jesús responde: Guarda los Mandamientos. El joven contestó: Maestro, siempre los he guardado. Y Jesús replicó: entonces si quieres ser perfecto, vende lo que tienes, da todo a los pobres y sígueme.

Cuenta el Evangelio que el joven agachó la cabeza, dio la vuelta y se fue.

Añadiría dos ideas que estos días repienso:

1) Jesús no muere, a Jesús lo matan. Y en eso está lo revolucionario de nuestra fe: seguimos a un perseguido por la justicia humana que, por defender a las víctimas de un sistema injusto, lo mataron entre todos..

2) Una procesión de Semana Santa debería ser un gesto antisistema, si es que nos consideramos seguidores de un inconformista, revolucionario del Amor. Y por eso era Dios, por ser tan humano.

Es hermosa la plasticidad en la calle. Provoca bellos y nobles sentimientos  en cada uno de nosotros, pero mucho me temo que nos duran el tiempo justo de ver pasar al Hombre, al Cristo en una talla que lo representa, cuando el verdadero Cristo lo tenemos en ese hermano que sufre, que está a nuestro lado y que ignoramos.

Verdaderamente, es una tradición de más de 500 años en su haber, que ayuda a bastantes familias en los exornos, en las vestimentas y enseres, en una economía suficientemente maltrecha, pero de ahí a la ostentación hay un abismo. Y lamentablemente, las cofradías han optado por esa ostentación, sobre todo en Andalucía. Esto, habría que repensarlo también. Acaso ese desmedido lujo, pudiera emplearse en compartir con los que nada tienen.

A pesar de todo me gusta mi Semana Santa, pero con más austeridad en su manifestación pública, aunque nada tenga que ver con el Evangelio.

Sigo viviendo mi propia contradicción. Digo yo que tendrá que ser así.