Yo creo que es el momento de rogar a Dios, pero ya sabemos cómo continúa el refrán y aunque también creo que ambas cosas están en desuso, ya es el momento de volver a ellas, ya es el momento de dejarnos de críticas cómodas y recuperar la esencia como personas, no me importa qué creencias tenga cada cual pero sí creer en algo y estar dispuestos a luchar por ello. No me importa qué creas pero sé solidario, bondadoso y comprometido, al final no es ni más ni menos que eso. Porque la cosa está muy mal, ya no sé si no creemos y por eso no luchamos o no luchamos porque no creemos. O que nos da igual. Lo más posible es que el egoísmo nos haya invadido y pensemos que vamos a durar siempre, sin hacer nada o haciendo cosas que nos apartan de la verdadera esencia humana.

No, no me he levantado dotada con un don adoctrinador cristiano, aunque ya me gustaría, lo que pasa es que me he encontrado en un programa de TV con Sor Lucía Caram, una monja dominica contemplativa, que siendo argentina convive con nosotros en Manresa y que a través de la cocina, o “entre pucheros”, como decía Santa Teresa, propone un vehículo para manifestar el amor a los demás, sosteniendo con su congregación un banco de alimentos para más de mil personas, porque si algo hay cierto en este tiempo es que se pasa hambre, empecemos a llamar a las cosas por su nombre. Pobreza y hambre, hasta ahí nos han llevado los poderes económicos y quienes pudiendo paliar esta necesidad, no lo hacen. Y así lo dice y lo decimos todos, pero es importante que se diga desde dentro de una Iglesia tan anquilosada y alejada de la gente, de tanta jerarquía prepotente, porque hay que luchar desde dentro.

Esta mujer podría haber pasado desapercibida a pesar de llevar un programa televisado de cocina y hacer su labor evangélica, si no hubiera escrito un libro que se llama “A Dios rogando”, si a la vez que rogar no diera con el mazo contra todo lo que se mueve y contra el que no sigue el espíritu del Evangelio que es amar. En ese libro pretende acercarse a los orígenes del Evangelio y dice cosas como que hay que acercarse más a los desfavorecidos que al poder, que está a favor de un nuevo sistema, que ante le pedía a Dios y ahora tiene que `pedirle “a todo dios”, que pasa “olímpicamente” de las instituciones sean cuales sean, que no es buen sistema dejar la política sólo en manos de los políticos y algo que me ha gustado: ”que querría reventar el sistema actual por las costuras porque por arriba no se puede”.

Aunque es una enamorada de Jesús, de su ejemplo, de cómo denunció y se compadeció de los más pobres, de cómo expulsó a los mercaderes del templo, no le preocupa qué fe o creencias o prácticas se tengan, mientras haya bondad. Sabe que el Papa Francisco la apoya y que la conferencia episcopal no, pero lo tiene muy claro: la gente no se ha alejado de la Iglesia, es la Iglesia la que se ha alejado de la gente, es la Iglesia la que ha olvidado la alegría del compartir, es la Iglesia la que ha hecho una moral a su medida, no a la de su Inspirador y Maestro. Y hay que volver a los orígenes.

Se puede hablar más alto pero no más claro, es un soplo de aire fresco el que existan personas así desde el mismo origen cristiano hoy tan denostado. La Iglesia jerárquica merece este varapalo de Sor Lucía, porque hay que cambiar, hay que hacer de la propia vida las causas que nos mueven, no tener nada que perder porque se comparta todo, ser la levadura que levanta la masa. Ella sabe de cocina y por algo lo dice. No lo digo yo, aunque me gustaría.