Rosa Montero, periodista y escritora, en una de sus frases dice:

“Hay una historia que no está en la historia y que sólo se puede rescatar

aguzando el oído y escuchando el susurro de las mujeres”.

Es la frase que me ha guiado para escribir mi libro: “Susurros” y lo traigo hoy a referencia porque se presentará el próximo viernes día 21 en la Capilla del Hospital Marqueses. A las 6 y media de la tarde. Dentro de una semana. Os espero.

Pues eso, el libro va de mujeres y de susurros. De mujeres de Linares y mis conversaciones con ellas buscando sus susurros. En él están: Imilce, Carlota Remfry, Antonia López Arista, Salud Ruiz,  Natalia Castro, la Niña de Linares y Mercedes Pereira. Pero hay más, están: Carmen Cuadros (La Carmela), Raimunda Osorio y Ortega (Marquesa de Linares), Araceli Bailón, Custodia Romero, Madre San Pablo, Manola Gaitán y Mª José Blanco… Por último, las mineras, las prostitutas y las gitanas, que como arena dorada y dúctil, anegan y completan los intersticios de nuestra historia.

Creo sinceramente que es un libro necesario para Linares, porque completará su identidad. Creo, lo noto y lo veo, que poco a poco podremos hablar de ellas como conocidas y cercanas. Tal y como “han hablado” conmigo hablarán con todos los linarenses, siguiendo el camino del tono y la complicidad que he compartido con ellas.

Todos necesitamos referentes, todos los pueblos necesitan referentes, personas que hayan compartido nuestro mismo espacio y que nos pueden contar cómo hemos ido avanzando hasta llegar al hoy. Los pies de los linarenses de hoy se sustentan en los cimientos del ayer, de todos los “ayeres”, el pasado no es una entelequia, existió realmente y eso es lo que conmueve y debe movernos a agradecer lo que han dejado para nosotros, como también llevarnos a la preocupación por lo que hemos de dejar a los que nos sigan, porque todos pasamos y todos debemos de quedar. Pero también es una realidad que las mujeres quedaron oscurecidas, sin llegar a ser referentes, entre la amalgama de una ciudad que empezaba a hacerse. Creo que debemos tener una idea equilibrada de nuestra historia y para ello, siempre falta la parte de las mujeres, como yo digo, de los seres que mientras los hombres se afanaban por construir y trabajar las minas, ellas cultivaban la base, para que cuando los tiempos de gloria pasaran, como pasaron, apareciera una ciudad cuidada para el futuro.

Creo, y sigo creyendo pero estoy convencida, que os va a gustar. No voy a desvelarlo pero os iniciaré a nuestra Imilce para abrir boca…

La encontré así…

—Hola, princesa. Porque tu nombre significa princesa ¿verdad?

Yo era una princesa.

—Pero exististe.

Claro que existí. ¿Alguien  lo duda?

—Que exististe es lo único que me importa saber, porque nada más se sabe. Emerges a través de unas palabras, tan sólo unas palabras: “Imilce acepta casarse con Aníbal”. Ellas me han hecho buscarte.

No estaba perdida.

Sí estabas perdida. No estás ni en el Centro de Interpretación de Cástulo.

Me casé con el mejor general de todos los tiempos. No estaba perdida.

—En parte tienes razón, por estar unida a un hombre tan poderoso no te perdiste del todo. Sólo por eso. Pero ya ves, al final todo queda en palabras, en un nombre que me ha permitido recuperarte.

Al final me has encontrado…

¿Cómo debo llamarte: ¿Himilce?

No reconozco ese signo.

—Es una hache.

—No hay ese signo en mi nombre.

—Quito la hache. Imilce. ¿Así?

No reconozco esa media luna. ¿Cómo se llama?

Es una “ce”, los latinos te ponían esa letra.

No conozco esa letra. No conozco esa media luna.

Pues entonces no sé cuál es tu nombre…

Mi nombre es Imilke.  O Imilké.

Perdona, estoy acostumbrada a lo latino, a la lengua que nos dejaron los romanos, y los romanos te llamaron Imilce. Sin hache y con la media luna…

¿Los romanos? Nunca tendré un nombre romano, ¡nunca! Roma fue la causante de todas mis desgracias. No me llames por un nombre romano… Y no me pongas esa hache, nunca más me nombres con esa hache…

—     Pues te llamaré princesa. O Imilke, la protegida de Melkart…

—     Así sí podemos empezar a hablar…

 

Un saludo. Y a lo mejor el próximo viernes, ya el día “D”, os sorprendo con otra…

Portada del libro

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