En alguna ocasión anterior he hablado de los libros de mi infancia y adolescencia, la otra noche oyendo al gran comunicador Iker Jiménez en su programa cuarto milenio de la cuatro, referirse al libro “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry vino a mi recuerdo Vela y Ancla, libro de lectura de la asignatura que el régimen franquista en forma obligada nos hacia cursar, llamada “FEN” Formación del Espíritu Nacional y que junto con la Religión y la Gimnasia, formaban las tres marías.

Lo he buscado en el fondo del altillo, donde guardo mis viejos libros, una vez desempolvado, he releído con mucho interés algunas de sus viejas páginas, que me hacen revivir recuerdos entrañables de mi primera juventud. Luego he reflexionado, he meditado sobre el significado de este viejo libro que no dejaba de ser la base para adoctrinarnos en la política del régimen, o no era así, no sería la base para hacernos hombres, hombres cávales, honrados, capaces de pensar y discernir, de filosofar en una palabra de pensar. Yo invitaría a buscar Vela y Ancla en las librerías de libros viejos, para poderlo leer y a quien como yo tenga la suerte de conservarlo, haga una relectura y meditación sobre el mismo, pues nos está haciendo mucha falta en los momentos actuales.

El libro que va dirigido a chavales de 10 y 11 años, se divide en tres partes, Tú y Yo, Todos y España. Como ya he comentado son lecturas con un comentario previo de textos de lo más variopinto de grandes escritores nacionales y de algún extranjero. Podemos leer a Unamuno, Blasco Ibáñez Pio Baroja o a clásicos como Calderón o Lope y entre los extranjeros al ya mencionado Antoine de Saint-Exupéry.

En la primera parte los escritos son más profundos, más meditativos y hablan de la trascendencia del hombre, en la tierra. En su segunda parte que puede parecer más lúdica, más histórica, nos habla de Guillermo Tell o del alcalde de Lapeza ante la invasión napoleónica y por último la parte tercera llamada España, con textos relativos a las distintas regiones haciendo hincapié mucho más en lo que nos une, que no en lo que nos separa.

Este libro editado en 1958, por la Delegación Nacional de la Juventud, tiene una serie de imágenes fotográficas que alaban al régimen existente en aquellas fechas, pero también imágenes de famosos pintores, entre ellos Picasso.

Si reflexionamos sobre el título “Vela y Ancla” ¿qué quería decir o inculcar a los jóvenes el autor? En lenguaje marinero son dos elementos contrapuestos, la vela ayudada por el viento nos lleva a realizar largas singladuras, el ancla nos une a la tierra, con su peso, con sus garfios. Es evidente el simbolismo, los jóvenes han de ser valientes han de desplegar sus velas para lograr alcanzar metas lejanas, pero al mismo tiempo han de saber valorar sus tradiciones, la experiencia de sus mayores, han de conocer el valor del sentido común.

De entre los muchos párrafos que se podrían comentar de los textos literarios quiero destacar uno de “El Principito” quien no lo haya leído, que lo lea, no son más de 80 páginas pero es una verdadera delicia, y sobre todo un tratado de sabiduría.

Pues bien nuestro principito, llega a un asteroide donde reina un rey bonachón, en una conversación llena de sentido común y si no juzguen:
Principito: Querría ver un ocaso… Hacedme ese favor… Ordenad al sol que se ponga…

Rey: Si yo ordenase a un general que volase de flor en flor como una mariposa, o que escribiese una tragedia, o transformarse en gaviota, y si el general no cumpliese la orden recibida, ¿Quién de los dos obraría mal?

Vuestra majestad, respondió con firmeza el pequeño príncipe.

Exacto. Hay que exigir a cada uno, lo que cada uno puede dar. Replico el rey.

Y para no extenderme, cuando el príncipe quiere marchar del pequeño planeta, el rey le nombra Ministro de Justicia, como no hay súbditos a quien juzgar, solo una pequeña rata, el rey le dice:
Te juzgarás a ti mismo. Es lo más difícil de todo. Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que a otro. Si lo haces bien, eres un verdadero sabio.
Aquellos niños de fines de los 50, son los que ya adultos, hicieron la transición a la democracia, se supo enterrar los odios, los rencores, las rencillas y ponerse de acuerdo en conseguir unas metas comunes, insuflando a las velas un aire nuevo. Cada uno en su sitio, pero al mismo tiempo sin renunciar a lo básico de los principios de nuestros mayores, generando un espíritu de convivencia, en el que la amistad y el cariño, eran lo primero en el devenir diario siempre dentro de un clima de reconciliación y perdón.

Vivimos momentos históricos de una gravedad muy intensa, se vuelve a recurrir al agravio a la ofensa, se ha olvidado la reconciliación y el perdón. Ocurre que la sociedad se muestra inmadura, ante los retos que se presentan, el materialismo nos invade. Crecen los extremos, aumentan las opciones de grupos de protesta y lo construido se tambalea. Las partes centrales de esa misma sociedad se ven impotentes o actúan con un cinismo suicida a través de algunos medios de comunicación. Algo muy grave puede ocurrir cuando no es extraño escuchar, que esto se soluciona cortando cabezas, y en el fondo de los ojos de esas personas, se puede casi tocar el odio.

En un par de meses, cuando se celebren las elecciones europeas, veremos un aumento de las opciones extremas. ¿Es eso bueno para la sociedad?, es bueno que se remuevan los rencores olvidados, no sería mejor que fuésemos sabios y nos supiésemos juzgar a nosotros mismos en lugar de tanto hacerlo con el prójimo.

Si seguimos el consejo del rey al principito, seremos sabios, y al mismo tiempo habremos alcanzado la verdadera dignidad.