Mañana se conmemora el 8 de Marzo, día Internacional de las Mujeres, y veréis, no es por nada, pero quiero comenzar diciendo que hace ya mucho tiempo que se quitó eso de “la mujer trabajadora” porque el singular limita y el mito margina. El día 8 de marzo es el día en el que todas las mujeres del mundo, todas, seguimos reivindicando la situación en la que estamos, los avances que logramos o perdemos y los cambios que se deben seguir exigiendo para que la igualdad sea real. Que no lo es.

Desde que el mundo es mundo se sabía cómo iban a ir las cosas y el primer toque lo tuvimos en el paraíso cuando Eva ejerció su libertad decidiendo que si quería la manzana tenía que conseguirla. Ya, ya sabemos que es el mito impuesto, que no era la manzana, pero sí el espíritu libre de toda mujer. Sabemos la que se armó y el invento al que se llegó para decidir ocultar nuestras ideas propias, sojuzgarnos eternamente y encima echarnos la culpa. En la revolución Francesa, cuando se hicieron los “derechos del hombre y del ciudadano” resulta que ese masculino no era genérico, que eran concretamente del hombre y del ciudadano, y que cuando Olimpia de Gougues los copió literalmente cambiando el título a “los derechos de la mujer y la ciudadana”, también concretamente, la guillotinaron. Luego las sufragistas ya fueron consiguiendo cosas, el voto por ejemplo y las obreras empezaron a organizarse en sus fábricas igual que los hombres. Pero de nuevo el patriarcado se dio cuenta del “peligro” y entonces las quemaron. Siempre se piensa que matándonos pueden acabar con nosotras, esa es la lacra y la estupidez de siglos. Pasado el tiempo en el que quedamos ocultas bajo los autoritarismos patriarcales, aviso para navegantes porque todo termina, volvimos a emerger pero ya no como trabajadoras aún sabiendo que somos la parte de la población con más carga laboral de la sociedad desde siempre. Ya habíamos comprendido que decir “la mujer” es otra maniobra para limitarnos al estereotipo de feminidad, intendencia y sumisión. Ya habíamos comprendido que no somos un estereotipo, que somos seres humanos mujeres, diversas, plurales, con la misma historia y la misma marginación, con los mismos derechos por conseguir y las mismas responsabilidades por compartir. Y ya sólo queda la acción y la reivindicación, que no nos distraigan con lo de siempre, que siempre intentan llevarnos al huerto. Gente lista.

Simone de Beauvoir en su “Segundo sexo” nos aclaró muchas cosas a las mujeres. Por poner un ejemplo la frase de que “la mujer no se nace, se llega a serlo” o la otra de que “siendo real y evidente de que las mujeres somos iguales que los hombres, no me molesto en discutirlo”. Por lo tanto no es esa la discusión, eso ya está claro, son tiempos de la unión y la acción, de luchar contra la desfachatez con la que se nos están recortando derechos, de dar una respuesta contundente y firme. No nos moveremos de esto un ápice, no nos hemos movido nunca, pero sí intentaron aplastarnos.

Este año es quizá más necesario tomárselo en serio, porque nos están agrediendo en nuestros derechos, porque la historia del avance de las mujeres se ha detenido y está a punto de ir marcha atrás, porque se está en peligro de acentuar las discriminaciones, de perpetuar la posición subordinada que las mujeres todavía tenemos con respecto a los hombres. Sí, se nos pretende relegar de nuevo a lo privado, no se tiene en cuenta el género ni la acción positiva en ninguna de las políticas que se aplican, ni en la educación, ni en la sanidad, ni en las dependencias, ni en la convivencia, ni en la justicia, ni en el trabajo. Las desigualdades se están acentuando en los ámbitos familiar, social y político. Y a las mujeres les repercute de base.

Así que vamos a dejarnos de dilaciones y lamentaciones, hay que pasar a la acción, de unas por otras, las que se mueven por las que no, las solidarias por la las que no. Por todas, por las que tragan, por las que se acomodan, por las que se creen privilegiadas, por las que creen que su lucha por sus hijos e hijas no pasa por reivindicar contundentemente que ellos y ellas deben poder estudiar, formarse, trabajar y convivir en libertad, justicia e igualdad. Da igual el camino por el que vayamos todas, diversas, respetables, el caso es llegar a conseguir completar lo que no está completo.

Puede que ahora nos toque plantar cara a ese micromachismo camuflado de ideología, insensibilidad, crisis, prepotencia y falsa creencia de que somos tontas, de que no nos damos cuenta, de que nos plegaremos de nuevo a nuestra generosidad ancestral, de que se nos puede seguir perdonando la vida.

Desde ahí parte la lucha imparable de este año, no haremos ni caso a las sirenas ni a los sirenos, queda mucho por hacer y lo haremos. Nos gustaría contar con los hombres para ello, con esos hombres que sé que están y que viven inteligentemente una relación de igualdad. Y digo inteligentemente porque es a los primeros que les llega una convivencia fructífera y completa. Los seres humanos deben intentar ser felices, tener cuántos menos problemas evitables, pero hay un parte de la humanidad que no lo son, que se les añaden por una infravaloración que no es justa. Da pena e indignación, en serio, ver sufrir a tantas mujeres en el mundo a lo tonto.