No estoy para bromas de estas, pero aseguro que me he acordado de aquella canción infantil que se llamaba “un globo, dos globos, tres globos” con cuya denominación se hizo un programa infantil allá por los años 70… En la letra de la admirada y querida  Gloria Fuertes se decía algo así: “un globo, dos globos, tres globos, la luna es un globo que se me escapó. Un globo, dos globos, tres globos, la tierra es un globo dónde vivo yo.” Todos la recordamos, por ser o tener niños entonces o por acompañarlos.

Pues ese es el caso, que cuando se han ido recibiendo las cartas de información sobre la “revalorización” de las pensiones para este año, con toda la cara, el MInisterio de Empleo y Seguridad Social confirma que se ha dispuesto que haya un “incremento” del 0,25%, lo que da como consecuencia que la mayoría de los y las pensionistas de nuestro país hayan tenido una subida de 1 euro, como mucho 2 euros y ya la minoría 3 euros, porque a quienes se les hubiera subido más, así como 10 euros, se les ha aumentado el IRPF con lo que cobran menos que el año pasado, pero bastante menos, entre 50 y 100 euros… Sé que se les pretende cobrar la renta que no hacen y todo eso y no voy a aburrir con datos numéricos ni con todos los tantos por ciento que han subido las demás cosas como luz o agua, que hasta algún alcalde por ahí cronometra cuanto agua gasta en ducharse, que, claro, como es hombre sólo la gasta para eso, no para limpiar, fregar y etc, etc. ¿Veis? Hasta en eso se ve la desigualdad de sexo, que yo me suelo fijar en todo eso porque soy mujer, las mujeres caemos enseguida y si hay un hombre que también lo piense o lo vea, bienvenido al club.

Bien, hasta ahí. Voy a decir lo que pienso: esto es una humillación, una broma de mal gusto, carente de sensibilidad y encima menospreciando la inteligencia ajena. Da risa. Baste que comprenda, lo diré así, que estamos mal, que son necesarios los recortes, que no se puede, que aunque no se quería se han tenido que “tocar” las pensiones… Todo eso, pero mi primera impresión es que lo hubieran dejado como estaba, que un euro aquí y un euro allá harían muchos y los hubieran destinado a otra cosa, o que se los guarden, por no “escalar” en la indignación, que los junten y los destinen a ampliar las ayudas a los que no tienen ni paro, a las mujeres y hombres solos que les cuestan igual las cosas, a los bancos de alimentos, a los que mendigan en las puertas de cualquier sitio, a los que piden un cigarrillo, yo qué sé… a ayudar al que más lo necesita, porque ese euro no soluciona nada de nada… Y sobre todo que no quieran engañarnos, por favor, sobre todo a los mayores, que ya sabemos cómo están  y cómo pueden vivir…

Yo no sé cómo se les ha ocurrido tal cosa, de verdad, mejor hubiera sido, como digo, que  digan que se quedan igual, pero claro, de explicaciones y diálogos previos a “las grandes decisiones” tampoco ná de ná, que por carecer, carecemos hasta de ellas, no hay más que ver el laconismo del presidente cuando “permite” que le pregunten: “Sí, no, puede, quizá, tal vez…” Una persona puede ser breve en sus respuestas pero cuando persiste, es que ya te aburre, por seguir sin “escalar”, y cuando es una persona de la calle al final es que la dejas por imposible, no te aporta nada, hay una insulsez que te aleja, pero a este le da igual. Ese es un fleco más en el que a lo mejor no hemos reparado, ni un tecnócrata explica tan poco. Y eso sucede o porque lo que te puede decir es malísimo o porque no tiene nada qué decir, que no hay nada dentro. Pues eso.

En fin, que los pensionistas seguirán manteniendo el entarimado de nuestra sociedad. Yo creo que gracias a la economía sumergida y a los pensionistas que ayudan a sus familias, este país no explota por los cuatro costados, porque en caso contrario ya veríamos. He llegado a pensar que hasta Franco, que de verdad nunca lo nombro, hablaba más, aunque gallegos al fin, con mi cariño a los y las gallegas, pero se parecen bastante. ¿Se parecerán también en otra cosa innombrable? Esa imperturbabilidad ya no nos “pega” ni, incluso, lo aceptamos, es una manera de gobernar muy a espaldas del pueblo, y porque el pueblo es demócrata, mucho más que él. Por eso le vale.

Y, finalmente, no es que se sienta superior, porque sabe que no lo es, es que se siente el amo con su mayoría absoluta. Y así, uno puede permitirse ser displicente, en público, porque en privado no se soportaría. Simplemente, porque una persona así es insoportable. ¡Jo! En el fondo, qué aburrimiento.