“El día de hoy no se volverá a repetir. Vive intensamente cada instante, lo que no significa alocadamente, sino mimando cada situación, escuchando a cada persona, intentando realizar cada sueño positivo, buscando el éxito personal, y examinándote de la asignatura fundamental: el Amor. Para que un día no lamentes haber malgastado egoístamente tu capacidad de amar y dar vida”.

Carpe diem, amigos y amigas. Es lo mejor que se me ocurre hoy deciros para empezar a caminar por este año 2014 del que desconozco casi todo. Y se me ha ocurrido al recordar la película “El club de los poetas muertos”, que se estrenó en 1989, hace muchos años, en el cambio de una generación, la de en medio entre los mayores y los jóvenes de hoy en la que unos pudimos entenderla y otros debieron poder practicarla para que ahora, cuando aparece otra nueva, se viva. Si no la habéis visto, vedla.

Carpe diem quiere decir aprovechar el momento, quiere decir haber entendido la importancia de alcanzar los sueños, no sé si para la gente joven que vive tan deprisa tiene algún significado porque, he de reconocerlo, esto se aprende bastante tarde, cuando ves que ya quedan menos momentos y menos sueños, aunque no tanto como para no retomar algunos, que pueden saber a gloria. A los alumnos de aquel colegio se lo tuvo que grabar a fuego su profesor, como yo intento hacer ahora, maestra al fin, porque el momento existe y estamos con él diariamente, los sueños no tanto, pero sólo si los perseguimos podremos saber hasta dónde cada cual puede llegar, unos más allá que casi los tocan, otros mucho antes, que ni siquiera lo atisban. Pero caminan.

La generación que ya hemos pasado vivimos esta crisis como vivimos antes otras sin saberlo y sin tanto dramatismo. La generación de ahora tiene que tomar una decisión, tiene que perseguir sus sueños y vivir el carpe diem, y si tiene que irse dónde pueda hacerlo, tiene que irse, el mundo es grande pero más grande es la propia vida, el propio interior que se tiene que colmar, no pueden dejar pasar sus años presentes sin vivirlos, porque no sabemos hasta donde llegaremos.

El otro día me puse en la piel de una joven, o un joven, que teniendo ya completada su educación y preparación, la generación mejor preparada decimos, vegeta, se deja ir en la espera de que esto cambie. Esto cambiará, no lo dudemos, pero falta mucho todavía para que llegue y eso lo debemos asumir. Esta, o este, joven, que se mantiene en la familia, al abrigo de la sopa boba, que ella, o él, o sus papás, o sus abuelos, están muy a gusto con que se lo den todo hecho, que desconfían de que puedan volar solos, que no encuentran trabajo y que ni se les ocurre ver otras salidas, como muchos han tenido que hacerlo, permanecen sin vivir nada. Y tienen toda la vida por delante, la que sea, pero más carpe diem.

Pues yo, y lo digo en serio, lo pensaba y pensando que fuera yo misma, decidí que me iría, adónde fuera, dónde pudiera ejercer mi trabajo, mi especialidad, no conformarme con alguno esporádico y precario, tampoco ir para pasar penalidades, aunque con cultura éstas son menos. Lo decidí así al enfrentarme al miedo a lo desconocido. Luego ya no había miedo, había decisión. Y los padres deberían hacer lo mismo, no hemos criado hijos para tenerlos bajo nuestras alas. Unas vidas ya se vivieron aunque queden momentos, otras, las tienen que vivir. Quejarse no sirve para nada.

Por todo ello, sé lo que pretendo al decir que vosotras, y vosotros, jóvenes, prepararos, educaros, no quiero decir en absoluto que os vayáis sin haber completado vuestra formación, pero cuando esta sea un hecho… marchad en buena hora, como decían los clásicos. Hoy en día hay muchos artilugios para comunicarse, hay muchos vuelos o transportes que facilitan las vueltas. Y hay muchas más cosas allá fuera.

Además he empezado el año no estando dispuesta a dar a esta crisis ni a quienes la provocaron y la mantienen, la más mínima sensación de ser una víctima, ya está bien. Si el país se queda sin las, y los, jóvenes, sabemos quiénes son los responsables de no pagar al flautista de Hamelin, pero es absurdo pensar que lo lamentan ni que sirva de nada pasarles factura. Por eso el resto, los inteligentes, los del carpe diem, sigamos viviendo. Eso nos hará levantar la vista. Sobre todo a ellas, y a ellos, jóvenes, que pueden.