La palmera de la discordia

Eran dos vecinos con respectivos cortijos, separados todos con una linde de alambrada en sus carriles de entrada a los mismos.

A un lado y otro de los carriles, había unas filas de palmeras enormes y tremendamente bellas, que ornamentaban las entradas. Todas eran estériles en dátiles menos una, que era macho, nacida en unos de los carriles pero totalmente inclinada hacia el otro, de manera que los dátiles que eran de excepcional calidad, caían todos al otro lado de la alambrada divisoria de ambas tierras.

Los propietarios de las mismas, Daniel y Luis llegaron al acuerdo de repartir el fruto cada temporada.

Una vez, Luis se marchó al extranjero por unos años, llegando antes, ambos propietarios de las tierras, al acuerdo de que Daniel, el dueño legítimo de la palmera, pasase cada temporada a recoger los dátiles a la otra finca, para que no se perdiese el fruto. Así pasaron varios años, hasta que un día vuelve Luis a su finca justo en la época que ya el vecino había recogido el fruto.

Daniel, como todos los años, lo había repartido entre la familia y amigos, pues eran una gran cantidad de kilos.

Luis al llegar, después de varios años fuera, le pidió los que le correspondían y Daniel dijo que ya los había repartido, pero que de los suyos le daba la mitad y el otro con gran enfado, le dijo que ya se rompía el trato, y que no volvería jamás a pasar a su tierra a coger los dátiles.

Y Luis siguió empecinado en su negativa durante tres años. Ni que decir que las relaciones de buena vecindad se rompieron.

Daniel tomó una solución salomónica respecto a su palmera, pues él era su legítimo propietario. Así que un día cogió una motosierra y cortó la palmera a ras de suelo. Ya el egoísta de su vecino, no disfrutaría ni un año más de sus sabrosos dátiles.

Ésta es una narración real que me contaron días atrás. Yo me quedé boquiabierto.

Es evidente que cada uno de nosotros se posicionará respecto a estos dos hombres. Yo inmediatamente lo hice. Después pensando recapacité y hubiese tomado otra decisión de haber sido mía la palmera.

¿Cuál sería la decisión de cada uno de ustedes? ¿A qué personaje apoyaría de tener que hacerlo? ¿Cabría otra determinación?

La verdad es que la vida, está llena de estas situaciones…. Es para reflexionar.

Palmera - Foto: Rodrigo David (Licencia Creative Commons)
Palmera – Foto: Rodrigo David (Licencia Creative Commons)

Sobre el autor

4 comentarios en “La palmera de la discordia”

  1. Juan Parrilla Canales.

    Mercedes, brillante y fenomenal reflexión en la que coincido en sus apostillas tanto con Jerónimo como con Cítrico.
    Quizá el problema de esta sociedad nuestra, es el deseo y la fuerte demanda de líderes honestos, pero creo que los pueblos maduros no necesitan tanto de ese liderazgo tan demandado, que lejos de conducirnos y reconducirnos, lo que hacen es destrozar el normal desarrollo de una convivencia en paz.
    Mis saludos a los demócratas y a la gente solidaria. Nuestros políticos han olvidado que son servidores públicos.
    Que tengáis todos una feliz navidad.

  2. Leerme el codigo civil, art 354 en relacion con 590 y dos mas siguientes. Luis tiene derecho a cortar las ramas q invaden su finca, pero si las tolera los frutos pertenecen a Daniel que tendrá que indemnizar a Luis si la recogida lo perturba.

  3. Enrique Valdivia

    Creo recordar, de mi único año como estudiante de derecho ( que algún experto me corrija, porque hace muchos años de eso) que ya en el Derecho Romano se recogía una incidencia similar, y lo que el «ius» dictaminaba era que el «usufructo» osea, el disfrute del don del árbol pertenecia a aquel que fuera dueño del terreno donde se daban los frutos, aunque la propiedad del árbol siguiera correspondiendo al primero. La naturaleza humana ha sido siempre y será egoísta y fuente de conflicto, por eso en las sociedades civilizadas el sistema de derecho cumple una importante función mediadora, estableciendo la legalidad, que no siempre coincide con la «justicia». Si mal no recuerdo, el dueño del árbol no podía cortarlo, pero sí podía dejar de regarlo y abonarlo para que se secara… Ahí es donde entra otra cuestión inherente al ser humano, que son los principios morales. Y voy a lo que nos atañe, con respectiva la situación actual: es moral que use triquiñuelas legales, vacíos de derecho o subterfugios administrativos para enriquecerme, favorecer a familiares y amigos, distribuir a mi antojo prebendas o subvenciones abusando de mi situación de poder, como vemos que hacen continuamente nuestros políticos? ( No todos, por supuesto) Y sobre todo a nivel municipal… La política ha de ser una vocación de servicio al ciudadano y no un instrumento de promoción personal.Si primero no cambiamos a las personas, la sociedad seguirá siendo injusta, por mucho que evolucione nuestro Sistema de Normas (Conscientemente, no he querido escribir JUSTICIA, porque estoy convencido de que la Justicia, con mayúsculas, no existe).

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