No parece que, en principio, “suene” muy bien este título porque nuestro oído está acostumbrado, cuando se habla de uvas, a escuchar tal vez “las uvas de la ira” o “tomarse las uvas”, novela por un lado y tradición española por otro, pero todo va a tener relación, ya veréis.

“Las uvas de la ira” es una novela con la que John Steinbeck, Nobel del 62, ganó el Premio Pulitzer en 1.940. Cuando pensé qué escribiros y cómo podría felicitaros el próximo año 2014, me vino a la mente este título que creo que en su momento leí o vi en película, pero que no recordaba de qué iba. Podría decir que así es cómo comienza esa casualidad que no existe y que se llama inspiración y trabajo para alguien que se dedica a escribir, y así es, porque esta novela trata de la gran crisis que sufrió Estados Unidos después del crack del 29 y que obligó a los agricultores, después de ser expulsados de sus trabajos tradicionales, a emigrar a California a trabajar las viñas, las uvas. El argumento nos lo podemos imaginar porque cualquier desarraigo y pobreza es igual en todas partes como también la ira y la indignación que produce.

En estos momentos las novelas-ríos me suelen cansar, tanto escribirlas como leerlas, pero sí suelo ir a lo que nos quieren decir y este libro exalta la lucha por la justicia y la dignidad en una etapa en la que campaba por sus respetos la injusticia a todos los niveles, económica, política y convivencialmente. Y ahí está el parecido con lo que vivimos nosotros ahora, de ahí la “coincidencia” por la que me llevaba la primera intuición, que ya sé que hay que seguir. El libro termina con cierta esperanza basada en la unión, en la lucha colectiva, en la supervivencia, en la pérdida del miedo porque ya no existe un miedo superior que nos pueda atenazar e impedirnos reaccionar. Oía decir el otro día, que si cada vez que nos arrebatan algún derecho, si cada vez que nos van a acotando nuestra manifestación de libertad, saliéramos a la calle por lo menos un millón de personas, y si fueran 2 millones mejor, todo se pensaría muy mucho y tal vez se precipitaran acontecimientos que pusieran las cosas en su sitio. Porque ya hemos aprendido cómo se engaña, cómo no se cumple, cómo los tiros han ido por empobrecernos, despedirnos de los trabajos, desposeernos de una educación libre, hacernos precaria y desanimada la vida. En este año que termina yo pienso eso de forma global y creo que para el próximo voy a desear que demostremos nuestro amor propio. El amor propio es reacción, pero en este caso no sirve individualmente.

¿Qué quiero decir con amor propio? ¿Qué quiero decir volver al amor propio colectivo como ciudadanos y ciudadanas de un país como España con tantos “huevos”? Pues quiero decir que nos han herido, que levantemos la venda de una vez, que nos echemos antiséptico antes de que se hagan costra y nos dé igual, que dejemos de lamentarnos de forma individual, que dejemos de agacharnos y codo con codo, sin ira ni violencia, unirnos en la rabia, en el pundonor y hasta en la honra. Que nos dejemos de zarandajas egoístas, que olvidemos nuestra idiosincrasia prepotente, que dejemos de jugar al antisistema, que nos enteremos de una vez que estamos a la cola, que aprendamos que no podemos desvirtuar más la democracia que una vez tocamos y vamos perdiendo. Después de todo esto, después de tomar conciencia de esto, a levantarse con orgullo bien entendido y, de una forma pacífica pero contundente, objetar. Sé que necesitaríamos líderes, pero no los hay, no existen líderes o lideresas con carisma y generosidad, por eso la mediocridad nos invade, por eso tal vez tengamos lo que nos merecemos.

Diría muchas más cosas pero no pretendo adoctrinar a nadie, aunque lo parezca, sólo doy mi opinión y si en mente llevamos algo más que unirnos contra el desastre, es que realmente nuestra sociedad ha cambiado y esto del amor propio ya no nos define.

De todas formas yo me tomaré mis 12 uvas para desear un año mejor para todos. Y a ver qué pasa en el 2014. Sus guarismos suman 7, hay muchos sietes en la cultura ancestral, pero no nos centremos en las vidas de los gatos porque no sé cómo, ni de qué manera, viven la séptima.

Foto: lollipop green (Licencia Creative commons)

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