Tener miedo a la muerte, es tener miedo a la Vida. Y matamos la muerte cuando Eternizamos  la Vida.

Parece un jeroglífico, pero desde luego no lo es, porque se vence a la muerte sólo amando la Vida.

Y eso, eternizar la Vida, tener semillas de eternidad, no es una gran suerte, es el resultado de una profunda e intensa búsqueda. La Fe también es el resultado  de esa búsqueda. La verdadera felicidad no es llegar a la cima de la montaña, sino la que se encuentra en las dificultades de la escarpada y avatares de la escalada. Algo así dice el gran Gabo.

He rozado en un momento de mi vida, con la punta de mis dedos,  las alas de la muerte física y no sentí  ningún miedo en aquel instante. Hoy mucho menos, porque la “eternidad” es una opción de Vida desde ahora mismo y porque sin duda alguna somos eternos.

Con independencia de las creencias o no creencias personales de cada uno, es interesante ver que todos aquellos que en un momento de su vida, traspasaron la puerta de la Vida que habita en nosotros, y retornaron a la misma, sus múltiples experiencias y testimonios, nos llevan a descubrir coincidencias existenciales absolutas.

Porque la eternidad es una opción de Vida, algo que se adquiere y se toma conscientemente tras  la inmensa búsqueda.

Quienes han pasado por ese estadío, afirman haber estado en un clima de amor y de ausencia de juicio…. “Tampoco yo te condeno” dijo Cristo.

Nuestra sociedad actual vive obsesionada por parecer más joven, porque tiene miedo a la muerte y no tiene con qué afrontarlo.  Y es que creemos que la muerte física es el final de todo, por eso marginamos a nuestros mayores, porque de algún modo, quizá de forma inconsciente, rechazando la muerte de ellos, rechazamos la nuestra, pensando que a nosotros nos tocará también más temprano que tarde. Envejecer es algo que no tienen vuelta atrás, y nuestra tranquilidad y felicidad, dependerá del grado de asunción de esa realidad. Muchas veces me he quedado mirando lo que fue días o semanas atrás una preciosa flor, hoy ya casi marchita, y he sentido la misma ternura antes que ahora. No sé si me entienden.

Por eso, es feliz la persona que desde la paz de su madurez o vejez, revive con ilusión aquellos años de infancia en que la idea de la muerte no circulaba nunca por sus neuronas.

Muchas veces pienso en el Evangelio, cuando Jesús dice al joven rico… “Ve, vende todo lo que tienes y sígueme…”  Complicado, tremendamente complicado.

Pero Jesús quería decir: Ve, libérate de toda traba, de toda esclavitud y te haré entrar en la Vida, en tu Vida, una Vida que no estás saboreando porque tienes demasiados apegos. Te entusiasmaré con la aventura de Vivir. Te daré a conocer todo cuanto tu riqueza te ha impedido encontrar:  A los amigos, a los seres queridos, a los pobres, los marginados, los impedidos, los moribundos, los no creyentes…  Sólo así  podrás ser feliz.

Y todos tenemos tantas y tan grandes trabas y eslabones que romper, tantos apegos. que…

Y es que ocurre, que muchas veces, nosotros mismos nos negamos a la felicidad por múltiples motivos. Entre ellos el autoengaño y la falta de Amor a nosotros mismos, porque nos negamos a Vivir, a saborear la Vida. Quien leyese la primera parte de este artículo la semana pasada, vería que decía que morir es dejar de amar, de creer, sobre todo en nosotros mismos. Debemos  pasar por la Vida, no  que la vida pase por nosotros. Y lo puedo decir, porque considero que ya he salido de una profunda depresión de muchos años. Quizá el detonante de este reencuentro conmigo mismo, haya sido el nacimiento hace dos años de mi nieta Helena, una pilla picunela que nos tiene a todos embobados perdidos.

También me viene a la memoria, aquel pasaje del Evangelio de la mujer hemorroísa, aquella mujer que padecía flujos de sangre, cuando Jesús aprisionado por la multitud, sufriendo empujones dice: “¿Quién me ha tocado?”

Este pasaje siempre me ha dado mucho que pensar y he llegado a la conclusión de que aquella mujer quería volver a Vivir, quería reencontrarse con ella misma. Buscaba el camino de la Vida, de su Vida.

Creo que cuando se ha conocido la Vida ya no se teme a la muerte.

Feliz Navidad a Todos.

Felicidad

Felicidad – Foto: Jordi Casasempere