Pero  ¿Qué es ésto de eternizar la vida? ¿Alguien ha oído esta expresión? ¿Realmente somos  eternos? ¿Existe en nuestra sociedad, hoy tan avanzada, una forma de ser “espiritual” sin caer en el conflictivo, en el absurdo fundamentalismo que las religiones imponen, aprovechando su mensaje original  de trascendencia y  felicidad eterna para así domeñar mejor las conciencias?

Hoy ya se habla que en los próximos años, para que este mundo sea más vivible, tendrá que ser  un mundo más espiritual y místico. Sin duda, estos  planteamientos actuales, se dan en Filosofía, Religión, Humanismo, Gnosticismo …

Pero claro, esto es necesario comprenderlo en todo su contexto, amplio y complejo. No podemos  pensar, que por ser mejores espiritualmente, por sí solo, sin tener en cuenta al hermano, van a desaparecer las causas  de las injusticias para con nuestros semejantes. Porque al que no come, hemos de darle de comer, al tiempo de mostrarle cómo se ha de ganar la vida. Y para eso, toda la maquinaria de la sociedad se tiene que poner a funcionar: banqueros, empresarios, políticos, trabajadores… y las Iglesias las primeras, como dice el Papa Francisco.

Recientemente ha muerto Mandela, un ejemplo de armonía humanista, de conciliación humana,  que reunía todas las cualidades y capacidades, como para evitar que el mundo desemboque en un maldito Armagedón.

Pero no por la muerte de Mandela, podemos ni debemos olvidar a tantos seres humanos que fueron similares a él y que ya sólo están en el vago recuerdo de nuestras conciencias acaso adormecidas.

A  mi recuerdo, vienen seres tan excepcionales, como Vicente Ferrer, Teresa de Calcuta,  Martin Luther King, Salvador Allende, Óscar Romero, Ignacio Ellacuría, Diamantino, el Padre Ángel.… y un sinfín de testigos de la Verdad, de la espiritualidad y el misticismo, concretizados, realizados y salvificados por sus obras durante toda su vida.

Pero lo importante, cuando se toca el problema de la muerte, es hablar de la vida, porque jamás habrá otra vida que la que ya hemos comenzado a vivir.

La muerte es  un decálogo sobre la vida. Pero como decía, no sólo el libro de la muerte es un libro sobre la vida, sino también sobre nuestro existir antes de la propia vida, porque si hay una vida que merezca la pena ser vivida desde ahora mismo, ésta, tiene que justificar la puesta en marcha de todas las energías que poseemos. De todos los valores potenciales que habitan en nosotros.

La vida es dura, llena de reveses e insatisfacciones. Y no por su brevedad, sino porque generalmente, la tenemos llena de frustraciones, no la vivimos a la altura de nuestros más profundos deseos.

La verdadera muerte no es morir físicamente, sino que es dejar de creer, dejar de amar, dejar de nacer día a  día. Por tanto, o tenemos nuestra propia fe o tenemos la de otro, porque vivir nuestra vida, es hacerlo personalmente, aquí y ahora, en la dimensión eternaque tenemos desde que nacimos e incluso antes de nacer.

Lo verdaderamente importante es que sepamos recoger un día tras otro, semillas de eternidad, para poder sembrarla en nuestro huerto y  ofreciendo esa semilla a los demás, nutriéndonos mutuamente.

Dijo una vez Louis Évely : Nací muerto…¡deseo de morir vivo!

Morir es abrirnos a aquello que nos ha hecho vivir en la tierra (G. Marcel)

Porque lo significativo ante todo, cuando se aborda el problema de la muerte, es hablar de la vida, porque  hay un “más allá” en nuestro  “más acá”

Dice Zundel , que el verdadero más allá, está en nuestro interior y hemos de aprender a verlo.

Porque lo verdaderamente importante es que nos ocupemos de lo que ocurre en nosotros ahora  y no en lo que ocurrirá en ese después.

Un después que será la lógica continuación de nuestro hoy.

Motivos para vivir - Foto: Jordi Casase,pere

Motivos para vivir – Foto: Jordi Casasempere