No sé si muchos de Linares le dan el valor que tiene al Archivo Municipal, un sitio importantísimo para todo quien desee sentirse perteneciente a un lugar que le identifica y conocer a quienes le han precedido, como uno mismo/a puede ser predecesor. Si la Biblioteca es el lugar del silencio que luego va a trascender hacia afuera, comentando, opinando, conociendo y aprendiendo, el archivo es otro lugar también con silencio pero que se introduce en la misma esencia, en la certeza de que otros/as antes han estado ahí. Es el lugar de encuentro con lo que otros hicieron, aunque no sé por qué me temo que ahora casi no se archiva nada, casi como si fuéramos a vivir permanentemente. Los antiguos sabían que no era así y por eso lo tenemos… ¿Será igual en tiempos futuros? Lo ignoro.

Todo esto iba pensando cuando el otro día en la AA.VV de la Estación de Almería, muy preocupada por la cultura y dentro de su programa Ágora, nombre mítico donde los haya, escuché la conferencia que impartió Luis Rabaneda sobre nuestro Archivo Municipal. Él lo conoce bien, mejor que nadie, está dedicado a él y eso le convierte en una autoridad en el tema. Por supuesto que me acuerdo cuando se empeñó en revitalizarlo y con constancia e ilusión le iba dando toda la dignidad que necesitaba aún estando en un lugar casi olvidado, en las catacumbas de la Casa de la Cultura. El calor o la calidez que se observa hoy en día, el factor humano que lo impregna ahora, no tiene nada que ver con no hace ni diez años. Y eso es de valorar. Se ha mejorado.

Yo pude y puedo entenderlo porque me estremece el papel y mucho más si contiene datos históricos. He tenido la experiencia de necesitar el retazo de existencia de algunas personas para mis libros y casi no se puede explicar la emoción de encontrarlas. A través de la historia ha habido gentes que se han preocupado de atesorar, cuidar y archivar, guardar, todo lo importante que ha ido sucediendo. El archivo es para la historia el testigo dotado de un abogado defensor o un fiscal, o ambos, y que han pervivido contra las posibles manipulaciones de ese juicio amañado que es la historia. Los legajos nos devuelven a nuestro lugar, a lo justo, a lo real de cada tiempo. La evidencia contundente de qué y cómo hemos existido y actuado.

Hay dos cosas que querría resaltar en este tema. En primer lugar la gran labor que están haciendo los voluntarios de la Asociación 28 de Febrero. Nunca hasta ahora he tenido ocasión de valorar todo lo que hacen aunque siempre ha sido mi opinión. Ellos a pesar de quedar fuera de lo que había sido su trabajo imaginaron una función nobilísima convirtiendo su jubileo en una realidad fructífera. Linares está llena de estos voluntarios en múltiples facetas, sin ellos no hubiera sido posible levantar el archivo y tantas cosas, decía Luis, y yo estoy de acuerdo. Descansar en ellos cuando vas buscando nunca te defrauda y realmente lo mejor es fiarse de ellos.

Otra cosa no tan positiva es la ausencia de crónicas diarias de este tiempo por parte de quienes tienen que generarlas. Se decía que el Ayuntamiento está muy prosaico y apenas emite más que boletines y alguna decisión que otra. Quizá olvidan que luego nos van a buscar en algo actual y que puede ser posible que haya muy poco o nada. Y no debe bastarnos el voluntariado del que hablaba sino una apuesta de personal contratado para este fin, ahí se vería lo que interesa guardar de un pueblo que existió y del que pueden perderse sus avatares, de lo que vivían, lo que pensaban en este principio del siglo XXI. Algo se mueve en la base cultural de nuestra ciudad y su evolución positiva conforta, pero tenemos que convenir que la nuestra es una ciudad, a la que en estos tiempos actuales le interesa muy poco la Cultura. Como se dice al final de algunos documentos guardados en el archivo y que ahora no se usa: he dicho.

Casa de la Cultura

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