Se acercan las fiestas navideñas, entrañables, solidarias, emotivas, en las que el valor de la familia sale reforzado y elevado a lo sagrado en la mayoría de los hogares.

Prescindiendo de lo material, del consumo, sí me interesa hablar de una serie de valores humanos que desgraciadamente se van perdiendo con el paso de los años.

Las tradiciones navideñas han perdido su encanto, introduciéndonos sin darnos cuenta en un cliché que poco tiene que ver con nuestras Navidades, las Navidades españolas.

Ya no se toca la zambomba ni la pandereta, ya no se rasca la botella de anís con el rabo de la cuchara, ya no ofrecemos a las visitas los mantecados y la copa de anís o coñac.

Y es una lástima que hayan ido desapareciendo estas costumbres en las casas, que nos acercaban más unos a otros y que nos hacían sentir y vivir días inolvidables al amor de la chimenea, del brasero de picón….

Ya comenzamos a ver el paño rojo con el Niño Jesús en los balcones indicándonos que Dios ha nacido. Son los balcones los que realizan la Epifanía del Niño Dios.

Y yo me quedé pensando hace poco al ver estos paños, que efectivamente, Dios ha nacido, que Dios está presente en el corazón de cada unos de nosotros, seguro, porque estos días me he encontrado a Dios en la calle.

Hoy mismo, saliendo de comprar el pan de la panadería Linarejos, me encuentro a Dios hablando con mi perrilla Leda.
Dios estaba encarnado en una mujer de 82 años y Dios le hablaba a mi chucha en la calle mientras yo estaba dentro de la panadería.

Cuando salí, me dijo Dios: Lo que quiero a los animales. Esta perrilla es muy inteligente… me ha entendido lo que yo le decía, porque no ha dejado de mirarme moviendo el rabo. Los animales muchas veces son mejores que las personas. Me dijo.

Le comenté que no era comparable, que el ser humano tiene la posibilidad, a través del raciocinio de elegir la bondad o la maldad y Dios (ella) acabó aceptándolo.

Acto seguido, su hijo, que salía también de comprar el pan me dice: Es que ella (Carmen) le gusta salir a la calle cuando la puedo sacar, porque se le ilumina la cara cuando puede hablar con una buena persona. Ella busca a las buenas personas para poder hablar con ellas.

Me quedé a cuadros, como se suele decir, porque ella era una buena mujer, santa mujer sin duda que buscaba el amor y la autenticidad en los demás.

Prosiguió su hijo: Mi madre, cuando se topa con una buena persona llega a la casa transformada, con una alegría enorme.
Pues mire Vd. Carmen, yo soy un piltrafilla, no soy una buena persona, pero hoy me ha alegrado el día, de ver que así como Vd. queda en el mundo mucha gente que merece la pena.

Y la verdad es que servidor tiene una carrera y un máster que estudiar por delante. Una carrera de intentar ser una buena persona, porque no me siento como tal. Y me lo planteo, me interpelo a mí mismo, y muchas veces soy necio, estúpido, por no saber ver dónde está la verdad, la bondad…

Días atrás, tuvimos en casa una experiencia de Dios. Dios estaba con nosotros, lo percibíamos, sentíamos su presencia.
Fue a nuestra casa un chaval muy joven, que tiene dos hijas mellizas de trece meses actualmente, que nacieron con seis meses y tienen unas limitaciones físicas y neurológicas muy graves.

El tema de la movilidad de las niñas va mejorando gracias al ofrecimiento de una Clinica de Fisioterapia de Linares, aunque una de las niñas tiene demasiadas limitaciones. El chaval, está detrás de montar una tienda de chuches en Jaén capital, pero le cuesta un dineral el acondicionamiento de la misma.

Pues bien, en esto que llega a casa el hijo de un amigo nuestro y al ver la conversación con este muchacho, le suelta escopeta en mano y sin anestesia : No te preocupes, yo te acondiciono el local, escaparates etc., No te vas a gastar un duro.

Allí, mi esposa Áurea, nuestro hijo Buley, el chaval y yo empezamos a llorar. Lógicamente, nuestro amigo también. Y nosotros en nuestra casa, aquella noche, sólo nos dedicamos a escucharlo, por tanto méritos personales fuera, porque todo lo hizo nuestro amigo.

Y dijimos, que realmente Dios estaba entre todos nosotros, porque era demasiada coincidencia que este muchacho saharaui y el hijo de nuestro amigo, hubiesen coincidido en casa y que la generosidad y la solidaridad se hubiese manifestado de tal forma. Esto no era Caridad, palabra que entre todos la hemos vaciado de contenido.

Yo a pesar de ser un asco de persona, veo que cada día, Dios está más entre nosotros, entre todos ustedes, a pesar muchas veces de los desencuentros que podamos tener.

Sí, por supuesto, Dios está la calle, en cada uno de nosotros. Sólo basta que lo veamos y lo dejemos ver a los demás.

Navidad en Linares

Navidad en Linares