Hoy se cumplen 35 años desde que se aprobó la Constitución que tenemos, la de 1.978. Se supone que los que la votamos afirmativamente tenemos como mínimo 53 años, por tanto casi todos prejubilados, jubilados y pendientes de las pensiones que creíamos merecer por haber trabajado entre 35 y 40 años, que hoy es un privilegio. Creíamos que esas pensiones eran para nosotros, pero no es así, son para pagar la deuda de otros, las tropelías de otros y para sostener al resto de la familia. En fin, que nada es lo que era, por tanto, y lamentándolo mucho, tengo que colegir que tampoco la Constitución es lo que era. Nunca creí que lo iba a decir pero… es la realidad.

Sin embargo diré algo en lo que sí creo y que para mí no ha prescrito: Salvemos las grandes palabras que no inventamos nosotros. La Política es un servicio noble hacia la ciudadanía, que no los que se dedican a ella; la Democracia es el mejor de los sistemas de gobierno, que no todos los que se dicen demócratas; las creencias que nos son consubstanciales, y no las religiones que pretenden manipularlas. Ellas existen, que no los hombres, y en esto no hay genérico que valga, que pasan y han sido los que se han encargado, y se salvan pocos, de desvirtuar y envilecer este gran proceso liberador.

La Constitución es otra gran palabra y bien llevada es la que nos protege. En ella, nada más que en su preámbulo, se dice que la Nación española, ahora ya ni se sabe ni se acepta por todos, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad, no sé qué justicia cuando no es igual para todos ni mucho menos, no sé qué libertad cuando se recorta con esa ley contra las manifestaciones y no sé qué seguridad cuando se contamina con las excarcelaciones precipitadas de asesinos, intentando promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, aunque no encuentro ese bien entre tanta pobreza y paro como nos va inundando, proclama su voluntad, la voluntad de quien, me pregunto, cuando se ha prostituido el voto y no se cumple nada de lo dicho… de:
• Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo. Yo pondría el énfasis en la palabra “justo”.
• Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular. Sigo con el énfasis en “voluntad popular”
• Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones. Sin comentarios.
• Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida. Me mosquean las palabras “progreso” y “digna calidad de vida” en la actualidad.

En fin, que me he quedado sobrecogida al ver cuánto no hemos cumplido. De verdad que siento mucho que nuestra carta magna esté quedando obsoleta por la necedad de tantos, aunque ya dije al principio que los que la votamos ya no tenemos mucho qué decir porque la sociedad ha cambiado, ya no es la nuestra. Pienso que la Constitución nos sirvió, en su momento, para reconstruirnos, pero que ahora hay que revisarla, releerla muy despacio y pensar qué se está dispuesto a modificar o qué se está dispuesto a cumplir salvando las grandes palabras. Y la harán suya. No me vale que se haga por partes ni que salgan ahora con el federalismo sin pensarlo o sin consensuarlo, es necesaria una reflexión seria pero no por los “mayores” sino por parte de quienes protagonizan ahora la vida, los jóvenes.

Tampoco me valen los que se han eternizado en las Instituciones, esos “elefantes” tan perniciosos. Esos que se jubilen ya y que no hablen si no les preguntan. Que se vayan, que ya tienen su retiro dorado y gracias.

La gente joven, que hemos preparado, es la que tiene que decidir. Que se doten de la Constitución que ellos y ellas quieran, que decidan la propia sociedad en la que van a convivir, que luchen por sus propias ideas, que hagan su propia limpieza de corruptos, que construyan su propia vida. Ahora les toca a ellos, debemos retirarnos para que ejerzan su independencia y su responsabilidad, nosotros ya lo hicimos, no tengo ningún miedo a que lo hagan ellos y ellas porque yo ya sé que estoy viva, ya no necesito intervenir en lo que ya no me compete para demostrarlo, aunque, eso sí, si me lo permiten les recomendaría que aprendieran y no cayeran en los mismos errores.