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Ante tanta desazón en esta divertida sociedad, ha creído oportuno escribir esta tontería. No tienen por qué leerla, así que no me calienten después la olla, que bastante tengo con este abuelo y bastante tenemos con lo que vemos y oímos todos los day.

Nemesio me dijo un día, que nos invitaría a comer las lentejas con oreja de cerdo, rabo de toro y criadillas de cabrito, que tan amorosamente hace su Dolores.
Pero en este caso, hechas con un robot de cocina (¿?) que él le había regalado a su santa por su onomástica ya que se había reactivado su amor y su sesualidá y querían celebrarlo con mi esposa y conmigo, jincándonos un manjar lentejo-ferroso de narices.
Decía el abuelo, que desde que incluye en la dieta de los dos, algo de jengibre, (ni Viagra ni ná) ajos pa la tostá de la mañana y algunos yerbajos más, están los dos como auténticos toros de la vitaliá que tienen.
Llegamos a su casa, y Dolores, después de darnos un abrazo y decirnos que nos quiere un montón, pasa orgullosamente a enseñarnos el robot que su “Neme” le ha regalado.
Una máquina que lo hace todo y con la sonrisa en los labios comenta que así les queda tiempo a ellos para otras cosas. Se las pueden imaginar.
En un proceso demostrativo echa al robot todos los mejunjes y lo cierra. Después lo programa, y la “señorita que hay dentro” va indicándole el estado del guiso en todo momento.
Cuando vi semejante artefacto, me encomendé a toita la Corte Celestial, porque de una terrorífica máquina como esa, pensé que no podía salir nada bueno, quizá porque me he quedado viejo, no sé….
Nos fuimos al comedor a tomarnos un Palo Cortao del seco, con unas cuantas nécoras que nosotros habíamos comprado “in de Court Inglis”, o sea en lenguaje romance “El Corte Inglés” cuando de la cocina llega un sonido ininteligible, extrañamente infernal, con explosiones y todo tipo de pedos.
Salimos corriendo los cuatro a la cocina y…. Aquello era peor que la película de los “Gremlins” como cuando uno de ellos cae en una batidora y sale aquella suerte de espumarajos verdosos, amarillentos y marrones, de color de la pus…. El puñetero aparato había reventao.

La estampa era dantesca. El techo de la cocina, lleno de esa pasta marronácea asquerosa. Las orejas y el rabo, se habían estrellado contra el frigorífico que resbalaban lentamente por la puerta y la señorita que hay dentro del infernal artefacto, había pasado del español al inglés, diciendo: “Help, help, help”, que no sé qué puñetas quería decir.
La campana aspiradora, parecía el techo de una cueva, con las estalactitas de lentejas colgando de ella y una humareda en la cocina, que apenas nos podíamos ver.
Nemesio cogió un extintor y lo vació contra el artefacto caprónidas.
Creo que se le desataron los nervios y no sabía lo que hacía.

Su Dolores abrazada a mi santa, apretándola hasta ahogarla, llorando como una niña, pues la causa de este infierno fue, que había dejado el paño húmedo de cocina, esa puñetera Vileda, sobre el agujero de la salida de gases del demoníaco artilugio.
Entonces la señorita que hay dentro de ese engendro, empezó a largar cosas rarísimas como poseída por Satanás porque hablaba en idiomas ininteligibles… y es que avisaba del “bloqueo” que resultó ser peor que el de Cuba.
Ahora largaba en alemán, en francés, bielorruso, arameo y sánscrito y claro no nos enterábamos de lo que quería decir (poca cultura la nuestra)
Al final los tuvimos que invitar a comer en el “Lechazo de Castilla”, (que nos costó una pasta) resultando ser una comida amarga, muy amarga para Dolores, pensando continuamente en el suceso.
Pero Nemesio se jincó parte de un lechón y una botella de Marqués de Cáceres, olvidado totalmente del suceso.
Y es que el mamón del abuelo tiene un saque…
Yo pensaba en las malditas croquetas de mi casa, que siempre se le reventaban a mi santa y me decía a mí mismo, que los espíritus de mi cocina eran más benévolos que los de la cocina de Nemesio….
Lo que digo, donde se ponga un puchero con su tapadera, nada de nada.
¡Joder con los avances tecnológicos! Después de aquel episodio, Dolores todavía no lo ha superado.
Pero ¿Qué habrá sido de la señorita del interior del aparato? ¿Le habrán hecho un ERE?
Y del espíritu burlesco que tenemos en mi cocina, otro día hablaré, porque los electrodomésticos de la cocina no nos duran casi ná.
Y yo me digo…
Si quiero vender mi casa… ¿la tendré primero que exorcizar?
Tengo amigos curas, aunque yo, le tengo mucha fe a San Josemaría, desde que un día cogimos una estampita del Santo y encendimos una vela, rezando tres Padrenuestros y tres Avemarías, al tiempo que se freían las croquetas. Mano de santo, ya no se han vuelto a reventar desde entonces.
Eso sí, con un par de cojones este Santo español, que tanto nos gusta a los monárquicos.

Octubre en el Año del Señor de dos mil y trece. Y recen, porque de seguir así…

Foto: Jonathan Pincas (Licencia Creative Commons)

Foto: Jonathan Pincas (Licencia Creative Commons)