Os confieso que he tenido que buscarla y además compararla con alguna de las nuestras para saber algo de ella: Lampedusa. Me suena bien, tiene un nombre casi mítico esa isla del Mediterráneo frente a Sicilia hacia Túnez, total, a un tiro de piedra de África. Es un poco más grande que Cabrera, de las Baleares, aunque con menos habitantes autóctonos, y digo autóctonos, italianos, porque está repleta de inmigrantes de Eritrea y Somalia, refugiados, prefieren decir, para poder devolverlos o dejarlos ahogarse. El Papa Francisco sí sabía dónde estaba y lo que significaba, por eso allí fue en su primer viaje y ha exclamado estos días… ¡Qué vergüenza! En principio un Papa culto, sensible y valiente. Puede que sea verdad que un cambio se acerca.

Todos hemos visto y oído que los días pasados se han ahogado más de 300 inmigrantes frente a Lampedusa, no siendo los únicos que llegan o que quedan atrapados en ese fondo poco profundo. Llegan a manadas todos los días, y perdonadme la expresión porque podía haber escrito oleadas, hubiera quedado “más fino” pero no quiero poner paños calientes a la hipocresía que nos bulle por la cabeza aunque no lo digamos. Oleadas de turistas, manadas de inmigrantes, así, que nos dé vergüenza.

Pero sigamos. Pues llegan a Lampedusa más de 8.000 al año y no contando con los que se quedan, ya digo, alfombrando el fondo del mar. Se produjo un incendio en su barco fletado por las mafias que los distribuían según lo que hubieran pagado, en las bodegas quedan muchos ya sin posibilidad de rescate. Los que pudieron, “los ricos de los pobres” que estaban en cubierta, se lanzaron al mar cuando comprobaron que los barcos pesqueros no iban a ayudarles, por lo visto hay una ley del tiempo de Berlusconi que tipifica como delito prestarles socorro, que considera “complicidad con la inmigración” a todo el que ose rescatar a alguno. Estos días, las autoridades italianas, limpiándose las lágrimas de cocodrilo, tienen previsto conceder la nacionalidad a los muertos y la expulsión a los vivos, y en el colmo del cinismo y la desvergüenza pedir el Premio Nobel de la Paz para Lampedusa. Hasta ahí los hechos, la indignación y la pena tienen más recorrido aunque no sé si sirve para algo.

En nuestro país nada de eso nos extraña, supongo que en el Norte de Merkel les trae al fresco porque no tienen ese problema y pudiera parecer que en la UE todo lo compartimos pero no es verdad, los países limítrofes con África somos nosotros y a nosotros nos compete, a nosotros nos falta sitio para enterrarlos, a nosotros nos duele la pela y el corazón. Intentan catalogarlos como refugiados, como fugitivos de regímenes totalitarios cuando sólo son personas hambrientas, pero de verdad. Yo no sé si la Unión Europea concede dinero extra a fondo perdido, qué tonterías digo, para estas eventualidades pero es lo que tenía que hacer, porque estas personas, las que sobreviven, vienen sin nada y hay que atenderles, darles de comer, vestirlos, ofrecerles un refugio digno porque me imagino a la alcaldesa de Lampedusa o del mismo Motril o Tenerife sin tener medios para acogerlos. Desesperante. En vez de hacer eso se construyen alambradas o se les pone de nuevo el pie en África para que desanden el camino y ni se atrevan a cruzar el mar, el mare nostrum… ¿El “mare” de quien?

A este problema humano le pasa igual que a la violencia de género o al olvido de nuestros mayores o nuestros discapacitados, no tiene visos de solucionarse y simplemente porque no pertenece a la élite del poder o de la política o de la macroeconomía sino a lo más despreciable para esos cuellos blancos que lo ven todo desde arriba, y me refiero a los rascacielos. Es un problema de negros, de incultos, de mujeres, de niños, de paralíticos, de pobres malnutridos y sucios… Los leprosos del siglo XXI. La historia es curiosa, se repite, son los mismos perros depredadores.

Pero cuidado con achacarnos algo unos a otros, no nos rasguemos las vestiduras. Cuando supe lo de esa ley italiana de 2002 que prohibía ayudarles pasara lo que pasara, sólo me hice una pregunta: ¿Nosotros hubiéramos consentido esa ley? ¿La hubiéramos acatado? Mejor será que no critiquemos al vecino, yo me he abstenido de hacerlo, porque no dudo de que hubiéramos hecho igual. Igual. No valen golpes de pecho, también en este caso tenemos los gobernantes que nos merecemos.

Lampedusa - Foto: Noborder Network (Licencia Creative Commons)

Lampedusa – Foto: Noborder Network (Licencia Creative Commons)