Nota preliminar:
Nadie está obligado a leer estas cosas tan poco serias.
Si lo hacen será por su cuenta y riesgo. Así que no me digan después, que es una chorrada, aunque yo lo tenga por tal. Eso sí, real como la vida misma.
En unos tiempos en los que nos sobra el pesimismo y la mala uva y es que tenemos que aprender a reírnos de nosotros mismos.

Les presento a Nemesio, un abuelete de unos ochenta abriles que ha vivido lo suyo. De origen alicantino, boina calada casi hasta las cejas, con su permanente cigarro “Caldo de gallina” que apura hasta quemarse, porque no usa boquilla, llegando ya a tener un callo en los labios, propio de la quemazón y además su inevitable bastón, hecho de pijo de toro, que él dice… que habría que ver la envergadura del morlaco. Eso sí, nunca lo he oído toser.
¡Ah! Se me olvidaba… y macho ibérico como él solo. Además, nunca he sabido donde ha trabajado…eludía el tema.

Casado con Dolores, una santa mujer que tiene el cielo ganao con el petardo del marío.
Más rojo que el copón divino, republicano hasta las asas, con el que yo me lo paso de cojones cabreándolo, diciéndole que me va la derecha facha y claro…. entonces explota.

Porque le gusta dar bromas, pero lo lleva fatal cuando se las dan, sobre todo si es a costa del rojerío.

Han sido muchas las anécdotas que he vivido con él y que poco a poco se las iré relatando.

Un día salí con Nemesio a pasear por la vía verde y vimos un Citroen 2CV de aquellos de museo; tendría el susodicho artefacto al menos 40 tacos de una ajetreada vida.

El pobre coche subía la carretera de Vadollano que no podía con su viejo corazón. Al verlo, Nemesio me dijo: “Vaya cojones que tiene ese coche, le pasa lo que al SEAT 600. Cuando veo uno de estos bichos con tantos güevos, me acuerdo de mi burra Sinfloria”

Me dio un golpe de risa que casi me ahogo. Echándome una mirada infernal me soltó: “¿De qué te ríes so desgraciao? “Mi Sinfloria era más lista que el hambre, con los ovarios muy bien puestos, eso sí, terca como mi Dolores, pero en jumento. Siempre le tenía que dar la orden al contrario para que me obedeciera”

Siga, siga… “Pues lo que te decía Parrillosky, si quería llevarla para la derecha, tenía que tirar de ella para la izquierda y al revés. Era terca, muy terca, pero inteligente como ella sola”

Sí, pero con la inteligencia de su Santa, ¿no?

“Ya me los estas tocando otra vez. Fíjate que cuando yo iba a mear al regato, ella meaba a mi par. Pero era muy fría y muy rara, porque cuando veía al Crispín, el burro del tío Cefronio, mi Sinfloria salía corriendo despavoría, igual que una posesa, como si hubiese visto al mismísimo Lucifer, o Satanás, que por estos dos nombres se le llama, denomina o circunscribe. Claro no era para menos, teniendo en cuenta lo que armaba el tal Crispín”
“El Señor cura decía a Cefronio, que su burro un día le iba a causar la ruina de lo salío que estaba. Y era verdad, porque como no podía empestiñarse a mi Sinfloria, intentaba arrimarle una llamará a la Matilde, una vaca de tetas generosas, que nos daba leche a ocho o diez familias. Cada vez que el Crispín intentaba subirse a mi borrica, ésta salía corriendo desenfrenada y mi boca soltaba tal letanía de blasfemias que don Cándido, el cura, me decía que ya tenía un hermoso lugar en los mismísimos infiernos, porque mi condenación estaba segura”

“Creo yo que a mi burra no le gustaba la Iglesia, como a su dueño; tampoco le gustaba el cura y lo demostró.

Un día, estaba arreglándole una herradura del cuarto derecho trasero y don Cándido se acercó para verlo; entonces limándole la pezuña, la mu pelleja se puso a giñar y ventosear, de tal manera que puso la sotana al cura que estaba a medio metro de su culo, llenetita de boñigas, totalmente marrón.

Ahora era el cura el que blasfemaba, de tal forma que la pareja de civiles del cuartelillo, al oír las voces del cura salieron corriendo en su busca. Creyeron que yo lo estaba matando, porque me pillaron con el martillo en la mano”
Cuente, cuente….¿qué pasó?

“Consecuencia, de esto fue que mi Sinfloria y yo, estuvimos a puntito de pasar la noche en el calabozo hasta la mañana siguiente. Después el cura más calmado dijo a los civiles que nos soltaran”.

Nemesio, dije yo, esto da para una película como las del Torrente…
“Pues no te preocupes que otro día seguiré contándote más cosas. Sobre todo del Padre Aguirre, que era un cura carlista de cuidao, con su chapela roja y no más de 1,50 de estatura”
“Eso sí, esto no lo escribas en el periódico que voy a ser el hazmerreír de to el mundo”.

No se preocupe Nemesio, dije yo. Como ven, no le hice el menor caso.

Y temo volver a encontrármelo por la calle, porque he roto mi palabra y porque los carajillos de la mañana, cuando me coge, se los tengo que pagar yo, y la copa de coñac calentito también, además de ponerme la cabeza como una jaula de grillos con aquello de la III República…. A mí, que soy monárquico.

Foto: James Marvin Phelps (Licencia Creative Commons)