El verano ha venido en estos primeros días con dos celebraciones lúdicas por excelencia: la noche de San Juan en la que el fuego quiere dar más fuerza al sol y las hogueras queman un pasado que se pretende olvidar, y el día del orgullo gay en el que el arco iris sale después de una tormenta histórica cuajada de sufrimientos y marginaciones. Dos fechas que han puesto una pincelada de color y alegría al punto de salida de un tiempo hedonista y relajado en el que todo se disgrega a medida que te vas quitando ropa. Por el calor.

Hoy 28, coincide que se celebra el día del orgullo gay en recuerdo de los disturbios ocurridos en el barrio neoyorquino de Greenwich Village, en el pub Stonewall, en 1.969. Después de las redadas, de las persecuciones de homosexuales, este día quedó como catalizador de las reivindicaciones por los derechos LGTB para todo el mundo. Hoy en Madrid, desde hace varios años, se vivirá la fiesta de que en España, cada año vaya siendo más natural y respetable cada opción sexual, no digo que se asuma del todo, pero sí que se acepta y se tolera, ya no existe la ley de peligrosidad o de vagos y maleantes, saco en el que cabía todo lo que molestaba a la vista y que daba mala imagen al país. Si ahora habláramos de imagen, no es precisamente la libertad de esta opción la que nos retrata.

Y me estoy dando cuenta de que no utilizo la palabra “condición” sino la palabra “opción”, y para empezar este tiempo me apetece abrir un debate diferente al que nos tenemos acostumbrados. Para mí la condición limita, la opción libera; la condición resigna, la opción exalta; la condición se mantiene, la opción puede cambiar, porque todo cambia, no hay momento en la vida de una persona consciente en la que no haya cambios de “aguja” sorpresivos que te desvían del camino que parecía extenderse hasta el infinito y que de pronto te depositan en una vía muerta en la que de nada sirve ya la condición, sólo vale la opción para seguir. Y eso en todo, la vida es optar siempre desde el espíritu libre que nos sustenta. No hay hombres o mujeres, jóvenes o mayores, sólo hay personas que optan. Y equivocándose o acertando revalidan la responsabilidad de sentirse vivos, no echan balones fuera ante una cualquiera condición que arrastra, no responde y exonera inútilmente.
Me hacen gracia los griegos que en su forma de racionalizarlo todo, concebían la homosexualidad como una pederastia. Aparte de menospreciar a las mujeres creían que así transmitían la sabiduría, pero no veía yo eso en el emperador Adriano hacia Antinoo, ni en Aquiles hacia Patroclo y tantos otros y otras, no, las mujeres no, no conozco que las mujeres se anduvieran con esas justificaciones. También me hace gracia la progresiva obligación de la necesidad del matrimonio de hombre y mujer con el fin de procrear, pero no para que se poblara la tierra, que no está mal, sino para tener descendencia, traspasar las propiedades, conservar el apellido y asegurarse un cuidado para la vejez. Por otra parte no me hacen gracia los triángulos rosas que los nazis ponían a los homosexuales, ni que fueran considerados los chivos expiatorios de la destrucción de Sodoma, ni las ejecuciones islámicas, ni las terapias actuales que pretenden disolver en tubos de ensayo lo que suponen una mezcla andrógina de algunos seres humanos.

No, cada persona es única, hombre o mujer, y como tal tiene su dignidad intrínseca de ser humano. El colectivo LGTB yo creo que hoy sale a la calle a celebrar su dignidad recuperada después de tanto tiempo. Lo hace con orgullo y es justo alegrarse por ello. Ninguna persona tiene que avergonzarse de lo que es ni hay derecho a que la avergüencen ni la desposean de sus derechos. Ni más ni menos que como todos.

Con todo, esta parte de la humanidad ha sufrido más por no haber podido mirar a la cara a sus semejantes, por no haber podido ser libre para amar a quien haya querido, que por las vejaciones que hayan sufrido. El amor no le teme a las piedras ni a las armas, el amor le teme a no poderse manifestar. Y esa ha sido la injusticia intransigente e intolerante de tantos siglos hacia “los diferentes”, a todos y de todo.

Por eso hoy al colectivo LGTB les deseo que muestren su orgullo a plena luz del día, lejos ya de los lugares cerrados y oscuros en los que, a pesar de ello, seguro que se sentían más libres y felices.