Días atrás, volvía a ver la película “55 Días en Pekín”, en el transcurso de la conversación entre el oficial americano y el embajador inglés, sale la famosa frase de Napoleón, “CUANDO CHINA DESPIERTE EL MUNDO TEMBLARÁ”. Quien no la haya visto o no la recuerde, es conveniente que la vea, su argumento situado en el año 1900, sigue de actualidad.

También hemos tenido por la prensa noticia de la entrevista en Estados Unidos de su presidente Obama, líder mundial de las democracias occidentales, con el presidente chino actual Xi Jinping, líder de la nación del mundo más habitada Mil Trescientos millones de seres, bajo la dictadura del partido comunista chino.

Entre ambas naciones, o mejor dicho entre el mundo occidental y China, está ocurriendo en estos momentos una ciberguerra, parece ser que la entrevista entre ambos mandatarios verso sobre dicha temática. Valga decir, que el 50 % de los ataques informáticos a los sistemas de defensa españoles, procede de China, por ello es una cuestión que ningún estado puede menospreciar.

Siendo mi interés, hacerles llegar mi opinión sobre el Comercio Justo y Responsable, me han parecido oportunas las líneas anteriores, sobre el gigante asiático.

La otra tarde en la ciudad de Málaga, paseando por su magnífico Paseo Marítimo, en unas casetas dedicadas a una feria solidaria, hicieron llegar a mis manos una guía sobre el consumo responsable, editada por el ayuntamiento de la ciudad malagueña, de fácil lectura, muy interesante en sus contenidos.

De un tiempo a esta parte nos hemos visto invadidos, por innumerables comercios, regentados por personas emigrantes de origen chino, cuyos productos abarcan todo lo que la mente humana pueda imaginar, no es mi intención, el rechazo a que cualquier persona sea de la parte del mundo que sea, se establezca en nuestro país, y honradamente conforme a las leyes, costumbres, y horarios trabaje ganándose la vida honradamente. Antes bien lo celebro, normalmente son muy trabajadores y solidarios entre ellos.
Pero no solamente en estos super-bazares de productos chinos o asiáticos, nos vemos invadidos por el “made in china”, los productos de extremo oriente, o del sur de Asia, nos invaden, en las mejores tiendas de moda, en los grandes almacenes y hasta en la ferretería de la esquina al lado de casa.

En la guía antes mencionada, nos define el consumo responsable, como el que hacemos cuando al ir a comprar un producto, nos interesamos con una serie de preguntas, las cuales les detallo a continuación.

A) ¿Quién los ha producido? – B) ¿En qué lugares y circunstancias se han producido? – C) ¿La producción ha sido respetuosa con el medio ambiente? – D) ¿Y con la salud de los productores? – E) ¿Se han respetado los derechos laborales básicos? – F) ¿Estamos seguros de que no hay trabajo infantil en la producción? – G) ¿Ha habido discriminación de trabajadores por razones étnicas o culturales? – H) ¿Y discriminación a la mujer? – I) ¿Los trabajadores y trabajadoras han recibido un salario digno? – J) ¿Qué calidad tiene el producto? – K) ¿Es seguro para la salud del consumidor? – L) ¿Esta sobre-envasado o lleva el mínimo envase necesario? Como pueden ver una docena de preguntas, que nos deberíamos hacer en el momento de la compra del producto.

Toda esta serie de productos orientales que se nos ofrecen, pasarían tranquilamente las preguntas antes mencionadas. Sinceramente creo que no, compramos más barato, pero sinceramente creo que con nuestras compras, con nuestro consumo, estamos fomentando la mayor explotación del hombre por el hombre, desde la existencia de este sobre la tierra. Recientemente tuvimos el incendio de un edificio en Bangladesh donde cerca de dos mil personas, fallecieron por el derrumbe del mismo, en el se estaba trabajando en forma inhumana, luego conocimos que sus productos textiles, iban destinados a importantes cadenas de tiendas europeas.

También, no hace mucho han salido reportajes, en TV, en los que se denuncian situaciones como las que se derivan del uso del amianto, materia altamente nociva, en algunos productos procedentes de China, o de los tintes aplicados a la ropa que en ciertos casos perjudican la salud.

La guía de consumo responsable da, para muchos más escritos como este, pues habla de un consumo consciente, de un consumo crítico, del poder de la cesta de la compra, de basuras, del consumo a través de la publicidad, de la agricultura ecológica, del comercio justo, de una financiación ética, de una gestión forestal sostenible, de la economía solidaria y la responsabilidad social empresarial, etc. Como se puede ver muy aprovechable.

Pero volviendo a la invasión de productos asiáticos, tenemos que empezar a comprender, que la primera consecuencia grave, es la destrucción de sectores industriales de España y de Europa, circunstancias sobre la que los gobiernos han de empezar a poner soluciones. Sin cuentas alegres la destrucción en España de puestos de trabajo en el sector textil, por la importación de productos asiáticos, podemos cifrarla en casi trescientos mil. Y si tuviésemos una situación a la recíproca, sería un consuelo, pero las cifras de importaciones de China, durante el año 2011 fueron de 18.642 millones de €, y las exportaciones a China durante el mismo año de 3.390 millones de €, eso en cuanto a España, a nivel de la Unión Europea, se importaron por valor de 292.043 millones de € y se exportaron por valor de 136.138 millones de €.

En esta batalla comercial, destacar lo que es noticia hoy, la Unión Europea, ha puesto aranceles a la exportación por China de paneles solares a Europa, por su sospecha de dumping (vender por debajo de coste), a lo que ha respondido China, poniendo también aranceles al vino que compra. Vamos que estamos a partir un piñón.

Los ciudadanos occidentales, en la situación actual, tenemos que ser conscientes, que al comprar productos baratos procedentes de oriente, no nos estamos beneficiando en nada en absoluto, queremos servicios caros, es más tenemos derecho a esos servicios, lo que obliga a los estados occidentales a endeudarse, ¿Y quién lo presta? El capitalismo asiático que ha pisoteado los derechos de los trabajadores y se ha embolsado fuertes beneficios, por nuestras compras. Lo que compramos barato nos sale carísimo con nuestros impuestos.

No obstante occidente, ha de ser solidario con oriente, y tenemos que estar preparados para una disminución de nuestro nivel de vida, de lo que llamamos estado del bienestar, ¿Por qué se me preguntará? Pues bien, por la simple teoría de los vasos comunicantes, si queremos dignidad y salarios justos en Bangladesh o en cualquier rincón de China, los más poderosos los ciudadanos occidentales, tienen que perder parte de sus privilegios, pues las riquezas del mundo no son infinitas, son las que son, y en un mundo que ha triplicado o cuadriplicado su población en los últimos 60 años, si se quiere vivir en paz, ese pienso ha de ser el camino.

Se me dirá, se me comentará que para eso están las grandes fortunas, y quien lo diga tendrá toda la razón, pero un poco de consumo justo y responsable por parte de todos no vendrá mal.

China Town - Foto: Antonio de la Mano (Licencia Creative Commons)

China Town – Foto: Antonio de la Mano (Licencia Creative Commons)