Paso a comentarles la obra titulada Las moaxajas del Ciego de Tudela, cuya traducción y prólogo corren a cargo de Milagros Nuin Monreal y Waleed Saleh Alkhalifa, editada por el Departamento de Educación y Cultura del Gobierno de Navarra dentro de su “Colección Literaria Navarra”.

El Ciego de Tudela, Abu al-Abbás (o Abu Yaafar) Ahmad b. Abdullah b. Abi Hurayra al-Qaysi, fue un maestro en la composición de estos poemas, que terminan en una jarcha, una estrofa final compuesta unas veces en árabe clásico, otras en árabe vulgar, con una mezcla de palabras árabes y romances o enteramente en romance.

Las moaxajas tenían un número limitado de versos de distintas rimas. Por otro lado, las moaxajas guardaban una íntima relación con la música, ya que se creaban para ser cantadas o recitadas acompañadas de música instrumental.

Las moaxajas se componían de seis partes o qufl que tenían la misma rima y de cinco partes más o bayt que no necesitaban una rima común. Los qulf solían tener dos versos y los bayt tres. El último qufl era la jarcha.

De todas las moaxajas que compuso el Ciego de Tudela solamente en seis (6, 22, 28, 33, 34, 35) se encuentran jarchas en romance. En una jarcha, la de la moaxaja número 2, hay una palabra en romance y en el resto de la colección las jarchas están compuestas en árabe clásico con alguna expresión en árabe vulgar en alguna de ellas. El resto de la composición debía redactarse siempre en árabe clásico.

A veces, la moaxaja no tenía el primer qufl, y entonces se llamaba moaxaja aqra` o calva. Son calvas las siguientes: 5, 8, 16, 32, 33, 35. Las restantes son todas muy regulares, con la excepción de la 22 y la 32 que tienen una estrofa menos que las demás, y la 24, 30 y 31 que tienen una estrofa más de las seis habituales.

El contenido de las moaxajas se centra en el interés por el amor, una inclinación que no hace distinciones de sexos, el amado puede requerido por su amado, y la amada también puede ser cortejada por el amado. Sin embargo, el amor que expresa el ciego es un sentimiento complejo y lleno de contrastes, pues se trata de la pasión del encuentro en contraste con el dolor que produce el rechazo por parte de la persona amada. Así, la alegría del encuentro va siempre unida a la tristeza que produce la separación y el éxtasis del amor no se entiende si no se percibe las sombras producidas por el desamor. Hablan también de la alegría del amor junto con la nostalgia de la juventud que pasa y el tiempo que huye.

En sus moaxajas el Ciego evoca varias veces el hecho de emigrar a otro lugar, el hecho de abandonar el hogar, la casa familiar. Y también aparecen a menudo quejas de la nueva vida que espera al poeta en la ciudad de acogida, Sevilla. Sevilla, en esta época, es el centro neurálgico de al-Andalus, pero no es una ciudad amable. La nueva capital andalusí es una ciudad insegura dominada por lo almorávides, una dinastía africana regida por su ardor guerrero, poco amante de escuchar el recitado de poemas árabes en sus veladas. Es casi seguro que los nuevos dirigentes no se expresaban en árabe sino en bereber.

Junto al amor, a menudo en el mismo poema, y aunque a veces los nexos de unión chirríen, aparecen panegíricos a los personajes más influyentes de la corte andalusí, caballeros –un caballero que había intervenido en la batalla de Uclés, en 1108- , emires, cadíes, poderosas familias de la ciudad magrebí de Salé, etc. El poeta depende de sus favores para sobrevivir y, por ello, no es raro que las virtudes que más ensalcen sean la generosidad y, en segundo lugar la valentía.

El canto al vino es, sin lugar a dudas, el asunto que más y que mejor inspira al Ciego después del amor, y aparece una y otra vez en los poemas.

El gusto del ciego por la vida y los placeres es una constante en toda su obra. Era una persona sociable y famosa. Viajaba a menudo por al-Andalus en compañía de otro poeta que fue apodado  el Bastón del Ciego, Abu l-Qásim al-Manishi y así mismo participaba en justas poéticas en las que medía, con excelentes resultados, sus cualidades creativas en relación con otros poetas andalusíes. Y en su deván figuran numerosas elegías, una de ellas dedicada a su esposa, y panegíricos.

A pesar de su ceguera, trató en sus moaxajas algunas cuestiones que le podían resultar algo complicadas. Por ejemplo, en dos casos describe el despliegue de una flota en el mar, con las banderas ondulantes, y en otro caso dedica casi por entero una moaxaja a la narración de un episodio de caza de liebres con halcones.