“La libertad de amar” y el “Miedo a la libertad” son dos libros de cabecera que todos deberíamos tener. Y perdonen mi atrevimiento, por esta sugerencia
Ambos son de Erich Fromm (1900-1980) prestigioso psicoanalista y filósofo alemán de origen judío . En un contexto más actual, hacia 1960 De Mello escribía:
Se cuenta, que en una comunidad india, dos jóvenes fueron a ver al sabio de la tribu, porque estaban muy enamorados y querían casarse. Se querían tanto que tenían miedo a vivir unidos por temor a separarse algún día.
El sabio les dijo así:
“Tú Nube Alta (refiriéndose a ella) ve a las montañas donde se pone el sol y captura un halcón real, pero sin lastimarlo, con sumo cuidado y lo traes a mi presencia.
A ti, Puma Veloz (refiriéndose a él) ve al confín de las montañas donde el silencio es sagrado y trae un águila imperial sin hacerle el más mínimo daño. Cuando los tengáis venid a mi presencia”.
Así lo hicieron y tras varias semanas de ausencia los jóvenes se presentaron ante el Sabio.
Entonces éste, cogió con sumo cuidado los dos animales y los ató pata con pata, echándolos a volar.
Como es lógico, los animales tan sólo dieron dos aleteos, cayendo bruscamente en el suelo… Luego cortó la cuerda y echó a volar independientemente a cada uno de ellos… Entonces les preguntó: ¿Habéis comprendido?
Los jóvenes enamorados con una sonrisa luminosa se acercaron al sabio y besándole las manos le dijeron: Gracias Maestro, nos has dado una gran lección de vida”
Y es que cuando nos enamoramos, cuando comenzamos a amar y hablo del Amor y su transignificación, en la forma más variada y extensa de la palabra, lo hacemos con miedos, con miedos injustificables… con unas perspectivas que nos hacen temer por lo felices que somos en el presente, temerosos de que esa felicidad se marchite o bien desaparezca por distintas causas.
En este aspecto, nos volvemos posesivos hasta el punto de esclavizar a la otra persona y si es sobre algo que deseamos en lo ordinario de la vida, también por miedo a perderlo.
Porque tanta dicha nos hace inseguros ante al ser, ante los seres que amamos, frente a lo que deseamos.
Esto no es ni más ni menos que una señal de no haber crecido como seres humanos. Porque cuando se ama de verdad, cuando no somos egoístas, procuramos en nuestro amor, dar alas a nuestro ser amado para que vuele libremente, seguros de que volverá con mayor ímpetu amoroso hacia nosotros. Estoy hablando de espiritualidad en el Amor.
Es como si fuese una ley de la Física: Si lanzamos con fuerza, volverá con tanta o más fuerza. Es el efecto boomerang.
Si existe una auténtica compenetración y amor entre dos seres, jamás existirán esos miedos que nos hacen dañinamente posesivos.
Baste ver la violencia machista, la violencia de género. Sólo quien es egoísta en la vida, será egoísta en lo que él/ella supone que es el amor… Sólo quien no haya desarrollado su “yo niño”, para convertirlo en su “yo adulto y auténtico”, sufrirá y hará sufrir indeciblemente al otro.
Decía Borges, que el mayor pecado que podía tener un ser humano, era, no haber sido feliz en su vida.
Lean (si me permiten la sugerencia) a San Juan de la Cruz. Sta. Teresa de Jesús… Con sus obras “Las moradas”, “La noche oscura del alma” Cánticos espirituales” o el “Cantar de los Cantares” del Antiguo Testamento. Yo me emociono, sobre todo cuando leyéndolo, al mismo tiempo oigo a Amancio Prada, cantando estas sublimes obras literarias.
Siempre lloramos las ausencias, nos anclamos en el dolor y en el sufrimiento de no tener a nuestro alcance a quienes amamos, cuando lo positivo sería adoptar una actitud de felicidad por los momentos en que fuimos tremendamente dichosos. Porque el otro, la otra, necesitaron, su espacio para volar… y soy consciente de que esto es complejo.
“Te he amado mucho. Nuestro Amor fue sin palabras y muchos velos lo han cubierto… Pero ahora clama en voz alta por ti y ante ti, se descubre”
Porque es verdad que el amor no conoce su hondura hasta el momento de la separación.
Quiero que compartas conmigo unos minutos, una flor ahora que estoy vivo y no una noche entera y un ramo de flores cuando yo muera.
Prefiero disfrutar de los más mínimos detalles, ahora que estoy vivo y no de grandes manifestaciones de duelo cuando yo muera…
Mientras escribo esto, estoy oyendo los Nocturnos de Chopín, leyendo (entre col y col…) a Louis Evely y a Khalil Gibran.
“Entonces Almitra habló otra vez sobre el Amor y dijo:
…..y permaneced juntos, pero no demasiado juntos, porque los pilares sostienen el Templo, pero están separados….Y ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble.
Mi esposa Áurea ha salido a ver a mi nieta…
Yo queriendo a esta joía picunela de dieciséis meses, más que a mi vida… quiero hacer el artículo del sábado. Después me la comeré a besos y a mi Áurea por la noche, pero a esto no están invitados.
El Maestro ha cortado nuestras ataduras en la patas que nos impedían volar…Pero ambos tendríamos que volar hacia esas montañas, para encontrarnos después, sin ataduras.












En menudo «jardín» te has metido. Mira, cada cual cuenta la feria como le va y hay muchas cosas de las que dices que son discutibles, a veces, aún dejando volar, no es seguro que se vuelva con ímpetu más amoroso, porque cuando alguien quiere volar, quiere su espacio, quiere vivir… es que quiere hacerlo, no son eufemismos. En ese momento ya sobran las palabras. Y en cuanto a lo que dice Borges, hay frases lapidarias que son una estupidez. Si encima de no haber sido feliz se tiene un pecado, pues apaga y vámonos. Lo siento pero lo ex-cátedra lo miro con lupa.
Me apunto a esta forma de amar, solo cuando se respeta al otro puede haber amor. Los celos son el reflejo de la propia inseguridad. Nadie es propiedad de nadie y a nadie se le deberia pedir o incluso exigir, en pos de un supuesto amor, cambiar más allá de la imprescindible adaptación necesaria en la convivencia. Amor pero del de verdad, cimentado en la libertad y el respeto. Con ese seguro que se acababan los asesinatos y los malos tratos en que se escudan en una mala caricatura del Amor. Buen tema para reflexionar Sr. Parrilla.
Juan, creo que el mensaje de “Libertad de amar” nos conduce precisamente a llegar al amor a través de la libertad, entendiendo el amor como el encuentro de dos almas y no un encuentro sexual únicamente.
Si los cimientos del amor están basados en la libertad, sólo entonces podremos volar y regresar, sin ataduras. El amor no puede ser sinónimo de poseer, porque sólo las cosas se pueden poseer, “el amor es y da libertad”
creo que en el primer titulo se ha equivocado. El titulo es «el arte de amar»
Ciertamente. He trastocado el título de la obra que cito en primer lugar con la segunda. Mis excusas.