Este primer concierto fue ofrecido por el dúo genovés formado por Andrea Cardinale (violín) y Alessandro Magnasco (piano). Sus integrantes han tenido la ocasión de interpretar música compuesta entre los siglos XVII al XX en más de 400 conciertos por diversos países con el consiguiente éxito de crítica y público.

Andrea Cardinale y Alessandro Magnasco, ambos graduados en el Conservatorio “ Nicolo Paganini” de Génova, dieron muestras de un gran virtuosismo y calidad interpretativa con un programa de gran envergadura, tanto técnica como musical, para ambos instrumentos.

Comenzaron con la famosa Sonata en sol menor, “El trino del diablo”, del célebre Giuseppe Tartini (sucesor inmediato de Corelli), que es, sin duda, el más grande ejemplo del arte del violín italiano en el siglo XVIII. Esta Sonata para violín y continuo, concebida en 1713 y publicada por primera vez en París en 1798, figura entre las obras manuscritas de Tartini conservadas en Padua, siendo una de las mejores de su autor por la robustez de la arquitectura y la novedad de las ideas. Según la leyenda mantenida por la imaginación popular, el Trino del diablo habría sido inspirado a Tartini durante una noche, en el curso de la cual tuvo la visión del diablo tocando los famosos trinos a los pies de su cama. Los irresistibles trinos aparecen en el cuarto movimiento (Allegro assai). El diseño consiste en hacer mover un canto por debajo de un trino prolongado y sostenido, exigiendo un trabajo de dedos muy delicado que Andrea Cardinale resolvió con gran naturalidad.

A continuación interpretaron la Sonata en fa mayor Op.24 de L. van Beethoven que recibió el sobrenombre de “La Primavera”, recogido tanto por los editores como por los críticos después de la muerte del compositor. Sobrenombre que ofrece, a falta de autenticidad, la ventaja de una valoración bastante justa de la obra, llena en efecto de una alegría primaveral y de gozo de vivir, que ambos instrumentistas consiguieron transmitir con su interpretación.

En la siguiente Sonata que interpretaron: Sonata Op13 en sol menor de E. Grieg, al igual que en “La Primavera”, los dos instrumentos presentan un papel equivalente. Ésta es la segunda de la tres sonatas que el compositor noruego escribió para violín y piano, consideradas por él mismo, en el último tramo de su vida, como unas de sus mejores composiciones. En ella aparecen los ritmos de danzas noruegas, así como un color armónico bastante sombrío en su conjunto, por lo que fue denominada por el compositor como “nacionalista”.

Para finalizar interpretaron música española: la Romanza andaluza Op22 de Pablo de Sarasate y Danza Española de E. Granados, que fueron del agrado del público, que como es habitual en los conciertos del FIMAE llenó el salón de la Casa Museo, lo que obligó al dúo a interpretar como bis “libertango “de Piazzola.

Excelente arranque de música clásica en la Fundación Andrés Segovia para el FIMAE’13.

Momento del concierto

Momento del concierto