¿Qué será de la mujer?
Se pregunta eternamente
y eternamente se queja de que no le cuentan nada,
pero un rumor celestial se escucha tras la jornada:

“Anda muy espabilada y no se cree la patraña
de que el hombre es el amo de la costilla arrancada.
Es dispuesta, abnegada, sonríe aunque esté triste
llora cuando hace falta y al hombre que no ama
le devuelve la costilla y levanta amarras.
La mujer no confunde el barro con la plata.
Si dios supiera de ella, su alegría fuera grata
pero ella es recelosa de los mitos y las farsas
que del mito vino el hombre a sembrar desconfianza”.

Y si dios así lo quiso
la razón no se lo calla
que ambos saben de la trama
que fraguaron a escondidas
contra la mujer creada.

El hombre de estos asuntos no quiere saber nada
prefiere seguir creyendo que la compañera dada
no viene a ser otra cosa que una costilla endeudada.

La noche es un cometa que trocea
en minúsculos sueños las horas de mi almohada.

Piedras y no versos la oscuridad entraña.

Dios sigue sin dormir, el hombre roba su sueño,
de la mujer nadie habla en su aposento eterno.

Desvelo eterno

Desvelo eterno