Nunca como ahora me ha parecido que el tiempo, o nosotros, pase tan deprisa; la sensación de que cada día trae una noticia, o varias noticias nuevas o dignas de comentar, me va envolviendo en una especie de vértigo, de persecución confusa, que sólo se calma cuando atrapo cualquiera de ellas y la traslado al papel para que quede fijada. Esta semana se han superpuesto muchas y yo he elegido la más “eterna”, la que menos puede cambiar, la que puede suponer una nueva comunicación sin las acritudes que nos circundan. Si circula por ahí el dicho de “contigo pan y cebolla”, nunca mejor día, y año, para “alegrarnos” de ello.

Me refiero a que ayer fue el día de San Valentín que para nuestro país es el día de los enamorados pero que por otros lares se mantiene como “el día del amor y la amistad”, que me parece más acertado y justo, porque así se evitan todas esas tonterías de que puedan pasar de él personas que no tengan nada que celebrar o que tengan que estar escuchando eso de que “quién no está enamorado de la vida, las flores, del amor… Que no, todo eso, y con perdón, son “chorradas”, el día va a lo que va, o a lo que vamos, y se está o no se está. ¿O no?

De todas formas, ¿quién no entiende de amor? El amor es la energía más creativa, más poderosa y más fuerte que podemos tener los seres vivos. Sí… el amor es “la” energía y es la mejor definición que he podido encontrar a fuerza de querer entender este sentimiento poliédrico, la comparación sublime y prosaica que mejor lo define. He llegado a pensar que el amor, como cualquier poliedro que encierra una esencia y pende de un vértice, puede tener muchas caras y aristas y que dependiendo sobre la que se repose y la que se destaque, permite irisar el horizonte con unos colores u otros. Y esos colores pueden ser primarios, secundarios, terciarios, fríos, cálidos… de ahí tanta mezcla y tanto olvido del vértice, verdadero cordón umbilical, de ahí tanto cénit y nadir, que te puede llevar tanto a la sublimación como a la nada, aunque la nada también exista y sea parte del amor. Sí, hay una cara en la que de vez en cuando te detienes y te invaden los colores fríos, helándote y encapsulando tu energía.

De acuerdo con estas premisas es por lo que no veo justo, ni siquiera conveniente, que siempre reposemos sobre la misma cara, la del amor pasión y anonadamiento, como si fuera el único que da vida. No es justo ni conveniente pero es, y por supuesto que no voy a sustraerme a esta verdad, no voy a olvidarme de contemplar el arrobo de los que se inician en este camino, de los que se regalan una rosa en el hoy, de recibir alguna felicitación por haberlo vivido alguna vez, de entender lo que sienten o de envidiarles, o envidiaros, por esa energía creativa, y fuerte que mueve montañas. Que por cierto es verdad.
No obstante hay que tener habilidad y afán de búsqueda para cambiar de cara en el poliedro y reposar en las caras que nos acercan a la familia, a la amistad y a todo ser vivo o inerte que nos encontramos en nuestra vida y que caldea el corazón: nuestras mascotas, los encuentros, los ideales, el mar, la montaña, el hogar, el árbol, la tierra… No viviríamos en continuo sobresalto pero tendríamos un día de rictus despejado mientras recordamos a San Valentín, aquel santo que existió, realmente, ya en el imperio romano y que por ser sensible al amor fue ejecutado un 14 de febrero y enterrado bajo un almendro que quedó en aquella mitología como símbolo del amor y amistad duraderos… ah! Duraderos… Ahí está el quid.

Pero no quiero complicar el día ni dar lecciones que sabéis, y que me congratulo de que lo sepáis. Sólo quiero decir que amar es un ejercicio de inteligencia. De esa inteligencia emana todo lo demás que está relacionado con él y que es el núcleo de la convivencia, incluso de la no convivencia. Sin amor, sin esa esencia encerrada en un poliedro perfecto y transparente, nada tiene sentido, lo que se haga no se refiere a nada y eso no es posible, todo se refiere a algo.

Mi rosa para todos vosotros, con romanticismo y realidad. Que los enamorados hayáis tenido un feliz san Valentín, para los demás afortunados quedan el resto de los días.

Rosa - Foto: T.Kiya (Licencia Creative Commons)

Rosa – Foto: T.Kiya (Licencia Creative Commons)