Con gestos geométricos
sin ritmo, andan sometidos
mis recuerdos infantiles.

Se entremezclan rostros
de nombres olvidados,
envueltos en sonrisas
con aromas de azahar,
en aquellas plazas
sin humos ruidosos,
de combas y colaches
reteniendo los segundos en
el aire, con cada nota de aquellas
ingenuas canciones, que
borboteaban de memoria
en cada salto del recuadro
numerado con tiza.

Un tirachinas de olivo,
una “y” griega deforme
ligada por un elástico
retal de neumático mal
cortado, con dudosa elasticidad,
enmascarada por las ganas
de apuntar, estirar y soltar
aquel proyectil de emociones
contra cualquier blanco insospechado.

Robemos de nuevo hábiles el pañuelo
y corramos a nuestra fila
mas si somos los usurpados
corramos y atrapemos a nuestros
mañosos contrincantes.

Soñemos, ¿recuerdas?
soñar, evadirnos en la mente
sin resistencia, sin miedo
a la pérdida del escaso tiempo
de ahora, tan generosos en aquellos
entonces momentos pueriles.

Recuerdos de niño que
afloran cada vez más marchitos
en el crudo otoño de mi vida,
comienzan con una sonrisa
imaginaria y terminan con
el brote real de una lágrima.

Recuerdos infantiles

Recuerdos infantiles